El carlismo en el origen del catalanismo (2): La teoría del desencanto ante las derrotas militares en las familias de la Lliga

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1.- El carlismo en el origen del catalanismo: un marco de discusión

2 El carlismo en el origen del catalanismo (2): La teoría del desencanto ante las derrotas militares en las familias de la Lliga

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Joaquim Llach, bisabuelo de Lluís Llach

Josep Pla en su obra Vint-i-cinc anys de política catalanista (L’obra d’en Cambó)[1], recoge un relato de uno de los patriarcas de la Lliga, Narcís Verdaguer i Callís[2], en sus Memorias. Proveniente de una familia carlista de la plana de Vich, presenció de pequeño la toma de la capital del Osonés. Relata cómo le impresionó sobremanera ver cuando un soldado carlista disparaba contra otro liberal mientras que se rendía presentando el fusil. Junto con otras experiencias crueles de la guerra, reconoce: “me alejaron para siempre de los sentimientos carlistas que tenían mis padres”. Callís se inició en el catalanismo, como otros tantos, colaborando en La Veu de Catalunya, dirigida por el imponente canónigo Mosén Jaume Collell ya venido a menos y que pronto le pasaría la dirección a Verdaguer Callís, y posteriormente este a Prat de la Riba. Prat de la Riba, el padre del catalanismo político conservador, convertiría el periódico de orígenes religiosos[3] en el órgano oficial de la Lliga Regionalista. El caso que hemos expuesto de Callís, que va del desengaño de los ideales familiares, pasando por un catalanismo cultural aún apolítico, hasta ser uno de los fundadores del primer partido catalanista, nos confirma la complejidad psicológica de estos procesos.

A modo de ejemplo, hemos de considerar que una de las espoletas que hizo eclosionar el catalanismo fue la reforma del derecho del código civil, impulsada por el gobierno de Silvela y llevada a cabo en 1889. Este hecho produjo gran consternación en muchos catalanes conservadores y tradicionalistas. Esto explicaría el acercamiento de muchos carlistas al catalanismo, pues: “Los hombres de la Lliga de Cataluña supieron monopolizar el éxito de la campaña contra el código civil (1889) y, poco a poco, el catalanismo se fue extendiendo por todo el país”[4].  Esta reflexión liga perfectamente con lo que relata Pabón, por ejemplo, en su Cambó, cuando reconoce que Verdaguer i Callís defendía el Derecho Civil catalán porque para él (y para muchos otros como Torras i Bages) era un reflejo viviente de la organización jurídica de una sociedad cristiana. En este sentido, el sentimiento de Callís estaba más penetrado por el contenido cristiano que aún emanaba de un código civil, que no la mera reivindicación de un abstracto derecho a auto-detrerminarse.

va del desengaño de los ideales familiares, pasando por un catalanismo cultural aún apolítico, hasta ser uno de los fundadores del primer partido catalanista, nos confirma la complejidad psicológica de estos procesos.

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Caricatura de El Cu-cut: catalanistas y callistas frente a Lerroux con sombrero cordobés

Por eso, como enseguida propondremos, Pabón intenta explicar que en los orígenes de la Lliga el “tradicionalismo” tuvo un factor determinante, aunque no fue el único. Curiosamente al autor de la biografía de Cambó, le cuesta horrores utilizar el término carlismo y casi siempre alude a un genérico tradicionalismo. El medido uso de este tipo de términos en muchos historiadores o protagonistas de los acontecimientos, nos adentra en ese mundo de matices no explicitados del que ya hemos advertido. Por ejemplo, para Pabón al hablar del tradicionalismo como uno de los elementos constitutivos del catalanismo, no se refiere tanto a hombres y organizaciones, sino de “directrices ideológicas que influyen sin ser proclamadas a veces, y a veces sin ser reconocidas”[5]. Así, insiste: “En las familias carlistas, acabada la contienda civil, los hijos continúan, a veces rigurosamente fieles a las ideas y a la disciplina de sus padres. Otras veces y frecuentemente, dejan el carlismo. En la crisis política general y en la particular catalana, determinadas ideas y diversos acontecimientos, les hacen desplazarse al catalanismo creciente. Llevan consigo, como razón del nuevo encuadramiento, una parte de la ideología heredada”[6].

En Cambó, otro de los hombres sin los que no se entendería la existencia de la Lliga, también reconoce Pabón su ascendencia de una vieja familia carlista. El matiz diferenciador psicológico, respecto a Verdaguer i Callís, es importante y empieza a desplegar la complejidad para entender un fenómeno como la Lliga en particular y el catalanismo en general. En Cambó, a diferencia de Narcís Verdaguer, su padre ya no era carlista sino el típico conservador, un canovista de pro. Se encargó de educarle en el conservadurismo (del que ya no pudo desprenderse nunca) y alejarle de los ideales del viejo linaje familiar que consideraba obsoletos e impracticables. Sin embargo, no fue un razonamiento ideológico lo que llevó a Cambó descartar definitivamente el carlismo de sus antepasados, sino algo mucho más psicológico y tremendamente afectivo. Lo que le repugnó psicológicamente del carlismo, fue contemplar las agrias disputas políticas que se sucedían por la causa legitimista entre su abuelo y su tío abuelo.

“Sin embargo, no fue un razonamiento ideológico lo que llevó a Cambó descartar definitivamente el carlismo de sus antepasados, sino algo mucho más psicológico y tremendamente afectivo”

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Cargos de la Mancomunitat catalana

Como tantos otros catalanes, Cambó vivió en su propia familia la ruptura familiar que había causado el conflicto dinástico que llevaba abierto prácticamente un siglo. La Restauración de la monarquía liberal (tras un enemigo considerado mayor: la Primera república), en muchas de estas familias, era aceptada como un mal menor donde mantener un vago “tradicionalismo” que en el fondo ya era ya meramente “conservadurismo”. Cambó, por temperamento, actitud y ambiente familiar, era un hombre que tenía la auto-obligación de sentirse que marchaba con el signo de los nuevos tiempos. De ahí que el catalanismo cada vez se fuera asociando más a europeísmo y la “modernidad”. Ello no excluía la construcción de un discurso ideológico -en consonancia con el autorrelato de la “Renaixença”- en el que las actitudes modernizadoras del catalanismo se avalaban en una hipotética reivindicación histórica.

Proponemos un tercer personaje indispensable para entender la el sustrato de la Lliga Regionalista. Aunque es bastante desconocido para el gran público, quizá sea uno de los hombres más fascinantes de aquella época: Joan Estelrich[7]. De él podemos decir que fue el gran ideólogo y alma intelectual de la formación catalanista[8]. Provenía de una familia carlista mallorquina. A diferencia de Verdaguer i Callís y Cambó, él sí tuvo una experiencia juvenil de intensa militancia carlista. Colaboró de joven en la revista carlista menorquina Cruz y Espada; o más adelante en El Correo español. Su evolución al catalanismo se realizó a través del grupo menorquín Nostra terra, de Ciudadela, desde el que se posicionó a favor del regionalismo. Todavía no es momento de afinar, pero sólo afirmaremos que este nuevo regionalismo ya representaba algunas variantes respecto al regionalismo defendido desde siempre por el carlismo y explicitado terminológicamente por Vázquez de Mella.

Estelrich fue la mano derecha de Cambó, y sin lugar a dudas es uno de los personajes que mejor representa el prototipo de carlista que se transforma en catalanista de forma consciente.

30345360Estelrich fue la mano derecha de Cambó, y sin lugar a dudas es uno de los personajes que mejor representa el prototipo de carlista que se transforma en catalanista de forma consciente. No obstante, en todas sus obras, a veces de forma críptica, se pueden notar las violencias internas de un alma que sigue empapada de principios tradicionales, como el rechazo más absoluto a la revolución francesa (que expresa en muchas de sus obras), intentando combinarlo con ideas políticas modernas. Igualmente, late en el fondo de su espíritu la pugna por decidir qué pesa más si su catalanidad o su españolidad[9]. Por otro lado, al igual que Cambó (y a diferencia de Verdaguer i Callís) siendo catalanistas conservadores, siempre llevaron una vida dispersa en lo amoroso y sentimental que no se correspondía al canon del político de orden “com cal” (como debe ser)[10].

Eso nos llevará a una cuestión que en algún momento también deberá ser tratada para entender el catalanismo. Prohombres de la Lliga, como Prat de la Riba, Cambó o Estelrich, que nunca fueron conocidos precisamente por su gran devoción religiosa, representaban un partido no católico, pero cuyas bases populares, y una gran parte de sus dirigentes intermedios, se habían fermentado en el catalanismo católico promovido por eclesiásticos de la talla de Torras i Bages. La doblez entre la vida personal y lo que representaban públicamente, era inevitable que acabara empapando sus discursos, doctrina, actitudes e ideología en general.

Javier Barraycoa

 

NOTAS:

[1] Josep Pla, Vint-i-cinc anys de política catalanista (L’obra d’en Cambó), Tipografia Emporium, Barcelona, 1931.

[2] Su perfil es muy característico en muchos catalanistas de la primera etapa. De familia carlista de la Cataluña profunda, ex seminarista, estudiante de derecho. En 1900 fue fundador i presidente del Centre Nacional Català, reuniendo en torno a sí a las primeras espadas del futuro catalanismo político: Prat de la Riba, un joven Francesc Cambó, Lluís Duran i Ventosa o Josep Puig i Cadafalch. Este grupo se integraría en la Unió Regionalista para después formar la Lliga Regionalista, en abril de 1901.

[3] La Veu de Catalunya, fue la continuación natural de La Veu de Montserrat.

[4] Joaquim Coll et al, Historiografia del catalanisme, en Antoni Simón (Dir.), Tendències de la historiografia catalana, Publicacions Universitat de Valéncia, Valencia, 2009, p. 303.

[5] Jesús Pabón, Cambó (1876-1818), Vol. I, Alpha, Barcelona, 1952, p. 49.

[6] Ibid. p. 126.

[7] De él dice Josep Pla que “es un Gran capitán, es una de los catalanes más activos, más útiles, más admirables … es perfectamente natural que Estelrich haya llegado a ser el brazo derecho de Cambó”, Josep Pla, Coses vistes, 1920-1925, Diana, Barcelona, 1925, pp. 187 y s.

[8] De él se ha dicho que fue “el principal ejecutor cultural del programa patriótico del noucentisme”.

[9] En su dietario correspondiente al año 36, y el estallido de la Guerra civil, se puede leer el 20 de julio: “Yo como catalán he de desear el triunfo del Gobierno [republicano], y como español el de los sublevados”.

[10] “Otro aspecto de la vida de Francesc Cambó que también ha sido ocultado es el relativo a su vida privada. En sus memorias, Cambó afirma que decidió sacrificar su vida familiar a causa de su dedicación preferente a la política, cosa que es bien cierta. Ahora bien, en sus recuerdos casi no hace alusión a sus relaciones sentimentales, que fueron numerosas y complicadas. En efecto, en la vida de Cambó las mujeres desempeñaron un papel bastante más relevante de lo que pueda parecer si uno sólo se rige por lo que se explica en sus memorias o en las numerosas biografías de encargo. Su pasión por las hembras fue algo innegable y harto conocida en su época, pero no era demasiado conveniente que se aireara públicamente. No estaba `bien visto´ que el dirigente de un partido conservador, un notorio católico y soltero empedernido, practicase conscientemente esa doble moral que era tan habitual en la Europa burguesa de aquella época. Y debe reconocerse que fue relativamente discreto, e incluso generoso, con buena parte de sus amantes y que sus amigos y colaboradores más íntimos siempre le ayudaron a mantener ocultos los resultados de su agitada vida sentimental”, Borja de Riquer i Permanyer, “Francesc Cambó: una biografía necesaria y compleja”, en Études Biographies politiques, 8, 2012: automne 2011, p. 35.

Un comentario en “El carlismo en el origen del catalanismo (2): La teoría del desencanto ante las derrotas militares en las familias de la Lliga

  1. El hecho de que SMC Carlos VII se metiera en una guerra, cuando más fuerza tenía el Carlismo en las cortes, para después traicionar al pueblo en Morentin, y finalmente acabada la guerra , se fuera de gira turística mundial, mientras sus seguidores pasaban hambre, destierro y exilio; para después con Berta de Rohan dilapidaran todo el patrimonio carlista. Hizo que muchos carlistas se pasarán a filas regionalistas, para intentar desde allí conservar algo de los antiguos fueros. Más tarde SMC Jaime III, para terminar de “arreglar” la debacle dinástica, se pondría en la I Guerra Mundial del lado de los aliados, en lugar de tomar partido por los imperiales; lo que propició la escisión de Vázquez de Mella. Este hundimiento dinástico, no se supera hasta SMC Carlos VIII (1943-1953) ; por desgracia tras su temprana muerte, los Borbón-Parma apropiándose de una herencia que se les confío como albaceas, han continuado impulsando el hundimiento del Carlismo en beneficio de la usurpacion y la globalización.

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