El carlismo en el origen del catalanismo (3): La teoría negacionista de la influencia “vigatana” y la construcción de una “Renaixença”

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1.- El carlismo en el origen del catalanismo: un marco de discusión

2.- El carlismo en el origen del catalanismo (2): La teoría del desencanto ante las derrotas militares en las familias de la Lliga

 

3.- La teoría negacionista de la influencia “vigatana” y la construcción de una “Renaixença”

 

postal.jpgLa teoría de la “Renaixença” que queda recogida en los libros de texto en los que se sumergen a los infantes en el sistema escolar, se podría resumir básicamente así: tras el fracaso austracista en la Guerra de Sucesión, culminado en el trágico 11 de septiembre de 1714, la “nación” catalana sufrió un espantoso asimilacionismo borbónico centralista. La lengua y la identidad catalana estuvieron a punto de fenecer. Pero, misteriosamente, se produjo un renacimiento (Renaixença) de la nación. De ahí que uno de los iconos del primer nacionalismo fuera el Ave Fénix. Este renacimiento, providencial para muchos, se inició gracias a que empezó a recuperar la poesía y la literatura catalanas. En todos los manuales escolares aparece la figura de Aribau y su famosa “Oda a la Patria” como punto de arranque de la Renaixença (1833). A él le seguirían estudiosos de la tradición literaria catalana como Milà i Fontanals o Rubió i Ors; llegarían los Juegos florales de Barcelona (1859), más tarde resurgiría el teatro con Frederic Soler (a) Pitarra.

Todo ello culminaría con una resurrección de la conciencia nacional catalana y su concreción en las primeras manifestaciones de catalanidad política: el Primer Congreso Catalanista (1880), convocado por Valentí Almirall, la Unión Catalanista (1891), las Bases de Manresa (1892). Con el cambio de siglo el catalanismo se estrenaría en política con la aparición del primer partido netamente catalanista: la Lliga Regionalista (1901), promovida por los hombres que hemos mencionado en el epígrafe anterior; y el éxito del ideal nacional en una candidatura unitaria la Solidaritat Catalana (1906), liderada por la Lliga, en que todo tipo de fuerzas políticas catalanas -incluyendo el carlismo- se unieron contra las candidaturas consideradas “centralistas”.

Ya de por sí es absurda la propuesta de Buenaventura Aribau como origen de la Renaixença ya que apenas escribió dos o tres poesías en catalán, buena parte de su vida vivió en Madrid y abogó por la enseñanza obligatoria del castellano en toda España.

RenaixensaHasta aquí, resumida, la historia “oficial” del propio catalanismo consensuada tanto por el sector conservador como el de izquierdas. En otros lugares hemos desmitificado esta construcción artificiosa del relato nacionalista[1]. Ya de por sí es absurda la propuesta de Buenaventura Aribau como origen de la Renaixença ya que apenas escribió dos o tres poesías en catalán, buena parte de su vida vivió en Madrid y abogó por la enseñanza obligatoria del castellano en toda España. Pero todo tiene su explicación en esta artificiosa construcción que en breve trataremos de dar razón de ella. En una ciclópea obra de Joan-Lluís Marfany, Nacionalisme español i catalanitat, encontramos una premisa o afirmación, hasta ahora insólita en los ambientes académicos más prestigiosos. En referencia a sus estudios sobre la “Renaixença”, acaba rindiéndose a lo que unos pocos veníamos diciendo desde hace años: “En eso que suele llamarse `Renaixença´ no hubo nunca ningún propósito de hacer renacer nada … La `Renaixença´, entonces, no fue ningún renacimiento, pero entonces ¿qué fue? Esta es la pregunta a la cual mi trabajo querría dar respuesta”[2]. Esta pregunta ha caído como una losa en el mundo académico por la forma tan contundente de “negar” uno de los relatos más consolidados en el mundo catalanista.

Para dar precaria respuesta a la pregunta de Marfany, primero debemos advertir que la lengua catalana no había caído en esa debacle y olvido que nos describe el relato de la Renaixença y sólo tardíamente el catalanismo se dio cuenta de que podía ser usada como arma política[3]. También hay que advertir que el incipiente nacionalismo catalán de izquierdas necesitaba reconstruir un relato en el que el origen y la participación del catalanismo conservador en el movimiento, quedara lo más minimizada posible.

“En eso que suele llamarse `Renaixença´ no hubo nunca ningún propósito de hacer renacer nada … La `Renaixença´, entonces, no fue ningún renacimiento, pero entonces ¿qué fue? Esta es la pregunta a la cual mi trabajo querría dar respuesta”

ROV.jpgRespecto a esta reconstrucción izquierdista y republicana del relato de la Renaixença, defendemos la tesis de que se la debemos esencialmente al historiador republicano federalista y masón Antoni Rovira i Virgili. Para este tema son fundamentales dos de sus escritos: Història dels moviments nacionalistes (publicado originalmente en tres volúmenes, entre 1912-1914) y Resum d’història del catalanisme (1936). La fecha de publicación Història dels moviments nacionalistes es de suma importancia. Es un periodo donde, por un lado, ya se ha roto la unidad del catalanismo aglutinador de conservadores y revolucionarios, representados por la Solidaritat Catalana[4]. Por otro lado, estamos en el punto álgido en que la Lliga ha conseguido monopolizar el catalanismo –y presentarlo en una única versión conservadora- desbancando al republicanismo federal en horas más que bajas, que había sido sustituido por el republicanismo unitario.

Ante la debacle del catalanismo defendido por los republicanos federalistas, Rovira i Virgili tenía que sobredimensionar en ese relato a personajes próximos a sus posicionamientos políticos y tenía que minimizar el catalanismo procedente del “vigatanisme[5] y de claro contenido tradicional y católico. Por eso, Rovira i Virgili en su Historia de los movimientos nacionalistas[6], ve como algo ajeno al catalanismo, la derrota de 1714, aunque por ella quedaron “las almas atadas por la más dura esclavitud espiritual”[7]. Y rechaza que toda manifestación de afecto a la religión o a la monarquía por parte del pueblo catalán fuera algo natural. Por eso afirma: “El siglo XVIII consumó la decadencia de Cataluña y completó la desnacionalización de los catalanes. Estos olvidaron la dignidad de la raza y cayeron en las abyecciones del servilismo dinástico y españolista”[8].

De ahí que Rovira i Virgili, recogiendo las dos principales tesis sobre de la causa del renacimiento “nacional” de Cataluña, excluye la que se posiciona con el movimiento conservador.

28478657De ahí que Rovira i Virgili, recogiendo las dos principales tesis sobre de la causa del renacimiento “nacional” de Cataluña, excluye la que se posiciona con el movimiento conservador. Esta última fue la denominada centrífuga y defendida por el conservador Prat de la Riba. Éste intentaba explicar el despertar catalán, en el siglo XVII, con: “la entrada de la gente campesina en la vida pública”[9], en referencia a la entrada de els segadors en Barcelona (Revuelta de 1640). Estas líneas de La nacionalitat catalana (1906) no son inocuas, sino que es un guiño al “vigatanisme” que representaba una de las fuerzas reales más importantes del catalanismo del momento. Prat de la Riba venía a decir que gracias a que las esencias del mundo rural y tradicional entraron en contacto con el cosmopolita, pudo surgir el catalanismo. El argumento servía tanto para els segadors de 1640 como para los vigatans austracistas de la Guerra de Sucesión (1701-1713) o el vigatanisme de finales del siglo XIX representados principalmente por Torras i Bages.

Rovira i Virgili, desprecia esta tesis y se acoge a la denominada centrípeta. Una tesis que ya había defendido el republicano federalista Valentí Almirall. El historiador republicano, busca el origen de renacimiento catalán en agentes externos que hacen despertar su conciencia nacional. Así, afirma que: “Valentín Almirall, en la explicación del fenómeno de nuestro renacimiento, es quien más se acerca a la verdad. En efecto: la corriente de ideas de la Francia Revolucionaria suscitó nuestro renacimiento, obrando, […] indirectamente, mediante el movimiento romántico que tanta fuerza alcanzó en Cataluña en la primera mitad del siglo XIX”; y pone en entredicho, a continuación, la otra tesis: “La trayectoria de la línea indicada por Prat es diferente; es la que pasa por el movimiento catalán de la guerra contra Francia, después por la Guerra de la independencia y llega a las guerras carlistas. Hasta cierto punto, los herederos de 1640 y de 1714 son los carlistas de la montaña catalana. El catalanismo actual tiene otra filiación”[10].

Prat de la Riba venía a decir que gracias a que las esencias del mundo rural y tradicional entraron en contacto con el cosmopolita, pudo surgir el catalanismo.

En resumen, la esencia del catalanismo sería lo opuesto al carlismo, conservadurismo o tradicionalismo. Y el despertar de la conciencia nacional sería por obra y gracia de autores ingleses, alemanes o italianos como Waltter Scott, Schlegel, Schiler o Manzoni. El catalanismo se convertía así en una expresión del europeísmo [entiéndase espíritu de modernidad], concretado como “una verdadera integración espiritual de Cataluña en Europa”[11]. Por eso, Rovira i Virgili, respecto a la Lliga Regionalista la alaba cuando muestra signos de modernidad, o le suelta algunos puyazos cuando pretende beber de las fuentes del “vigatanisme”: “En las elecciones provinciales de 1903, los que llevaban la dirección de la Lliga Regionalista se entendieron con los elementos ultramontanos, contra la voluntad de prestigiosos hombres liberales que entonces figuraban en ella, y bautizaron la candidatura con el nombre de `católico-regionalista´”[12].

Javier Barraycoa

 

NOTAS:

[1] Cf. Javier Barraycoa, Cataluña hispana, LibrosLibres, Madrid, 2013.

[2] Joan-Lluís Marfany, Nacionalisme español i catalanitat. Cap a una revisió de la Renaixença, Edicions 62, Barcelona, 2017, p. 8.

[3] Para este tema se pueden consultar los siguientes estudios: Joan-Lluís Marfany, La llengua maltractada, Editorial Empúries, Barcelona, 2001; la tesis doctoral de Josep Grau Mateu, titulada La Lliga Regionalista y la lengua catalana (1901-1923), defendida en la Universitat Pompeu Fabra en 2004; o Albert Branchadell, L´aventura del català, L’Esfera dels Llibres, Barcelona, 2006. Este es un libro interesante por la total ausencia de temor a la corrección política y que rehúye del victimismo político.

[4] La causa de esta ruptura fue el movimiento subversivo denominado la Semana Trágica de Barcelona (1909) que obligó a la conservadora Lliga a aliarse con el poder central para evitar la revolución.

[5] El “vigatanisme” es un concepto difícil de acotar que podría comprender a aquellos personajes de relevancia eclesiástica y política, principalmente salidos del entorno del seminario de Vich y que aportaron su ingenio para elevar la cultura catalana al servicio de la cristianización de Cataluña. Las fronteras difusas entre catalanismo, tradicionalismo, conservadurismo e incluso carlismo, nos obliga a estudiar a todos sus representantes uno a uno para saber dónde situarlo.

[6] Para las referencias utilizaremos la versión castellana: Antonio Rovira y Virgili, Historia de los movimientos nacionalistas, Minerva, Barcelona, 1920.

[7] Ibid, p. 491.

[8] Ibid. p. 492.

[9] Cf. Enrich Prat de la Riba, La Nacionalitat catalana, La Cataluña, Barcelona, 1910, p. 20. Esta pequeña “Biblia” del catalanismo contiene muchas contradicciones. Por un lado, denuncia el hundimiento de Cataluña con el Decreto de Nueva Planta. Por otro, reconoce que hay un rebrotar espectacular del campo, la población y las masías. Ciertamente fue así. El odiado siglo XVIII, por borbónico, sintió los efectos beneficiosos del Decreto de Nueva Planta y la apertura definitiva de Cataluña a América.

[10] Antonio Rovira y Virgili, Op. cit., p. 495.

[11] Todo un cúmulo de asertos verdaderos y falsos se van acumulando en este texto que estamos siguiendo. Una prueba, para Rovira i Virgili, de la veracidad de su tesis es que la primera revista que intentó introducir Scott y otros literatos románticos en Cataluña fue El Europeo. Él mismo tiene que tragarse el sapo de que: “Sus redactores escribían en castellano, pero llevaban el germen del renacimiento catalán”[11]. En este contexto será cuando, por fin, Rovira y Virgili reivindica a Aribau. Para él la poesía catalana languidecía pues se escribía en catalán “sin llama espiritual”. Y fue entonces cuando apareció la famosa Oda a la Patria de Aribau, publicada en El Vapor. Es evidente que proponer a Aribau como “el primer grito, instintivo aún, de la resurrección”, es un anacronismo. Entre otras cosas porque tanto El Europeo, como El Vapor, fueron revistas de vida corta y tirada reducidísima. Podríamos decir que prácticamente nadie supo del Aribau poeta, hasta que no lo reivindicó Rovira i Virgili casi un siglo después. Era una forma –como ya señalamos- de dar importancia al republicanismo frente al conservadurismo de la Lliga. Ciertamente que Aribau contribuyó a extender las redes de la burguesía liberal y borbónica por Madrid, pero era masón como Rovira y Virgili y eso pesaba mucho.

[12] Antonio Rovira y Virgili, Op. cit., p. 511.

Un comentario en “El carlismo en el origen del catalanismo (3): La teoría negacionista de la influencia “vigatana” y la construcción de una “Renaixença”

  1. Solidaritat Catalana (1906), es el punto de partida del Partit “Carli”, para reivindicar unas Españas federales primero y confederales después. Los Borbón-Parma, que se atribuyen una representación que no tienen, uno opta por un centralismo al estilo francés e intentando dividir lo que se realizó en 1983, para beneficio de la usurpacion, mientras el otro reclama federación, confederación y europeísmo, en beneficio de la globalización y del sistema. Mientras no se superen estas maniobras actuales, que solo benefician a la usurpacion y al liberalismo, cualquier aclaración histórica sobre el Carlismo, resultará papel mojado.

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