El carlismo en el origen del catalanismo (4): La teoría del origen del catalanismo como síntesis de tradición y revolución

1.- El carlismo en el origen del catalanismo: un marco de discusión

2.- El carlismo en el origen del catalanismo (2): La teoría del desencanto ante las derrotas militares en las familias de la Lliga

3.- La teoría negacionista de la influencia “vigatana” y la construcción de una “Renaixença”

 

4.- La teoría del origen del catalanismo como síntesis de tradición y revolución

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Joan Estelrich

Como acabamos de ver, en la exposición de Rovira i Virgili hay una sobrecompensación del papel del republicanismo federal para que se sustente la idea de que entre las dos corrientes opuestas que confluyeron en la configuración del primer catalanismo, la revolucionaria fue la primera y más principal. Así en su obra El nacionalismo catalán (escrita ya posteriormente en 1916) ya da por inmodificable esta interpretación: “Dos corrientes principales se produjeron en el catalanismo durante el siglo XIX: la tradicionalista o histórica … y la federalista o filosófica”[1].

Quince años después, esta idea ya había sido interiorizada por los hombres más inteligentes de la Lliga como Joan Estelrich, que se limitan a repetir el dogma creado por Rovira y Virgili: “La confluencia [afirma Estelrich] del elemento tradicional y del elemento avanzado que sintetiza el federalismo, determina la aparición del catalanismo en su aspecto político”[2]. E igualmente repite Pabón: “el que forman los elementos tradicionalistas que alientan en el Catalanismo y en el Liberalismo que condiciona el nacimiento y el crecimiento de la política catalanista”[3]. La introducción de la palabra “liberalismo”, en lugar de “republicanismo” es un matiz interesante. Pabón, sin querer explicitar, deja caer el elemento “liberal” en los orígenes del catalanismo, pero no acaba de concretar si esos principios son parte esencial de la Lliga o se refieren al republicanismo.

En Rovira i Virgili hay una sobrecompensación del papel del republicanismo federal para que se sustente la idea de que entre las dos corrientes opuestas que confluyeron en la configuración del primer catalanismo

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Jesús Pabón

Pabón en su Cambó, acepta (30 años después) la teoría roviravirgiliana de las dos fuentes del catalanismo[4], pero intenta revertir el argumento intentando recuperar la importancia del “vigatanisme”. Por ello describe que: “En los orígenes de la Lliga -ideas primeras y los primeros hombres- el tradicionalismo fue factor importante y no lo habían extinguido los otros motivos determinantes del Catalanismo. No planteaba la previa cuestión del régimen y deseaba actuar dentro de él”[5]. Este texto se refiere a aquellos elementos más carlistas que habían abandonado ya la lucha dinástica y pretendían defender el tradicionalismo desde dentro del sistema liberal de la restauración.

Como ya advertimos más arriba, Pabón es tremendamente cuidadoso con las palabras que utiliza. Por ejemplo, cuando quiere reivindicar un sustrato “tradicionalista” en Cambó y lo argumenta con algunos textos escritos o pronunciados por el líder de la Lliga, al final se descubre que no se refiere a un tradicionalismo de orden carlista, sino más bien de influencia maurrasiana[6]. Pabón, quiere ofrecernos a un Cambó (y con él a una Lliga) en el punto medio político. Vendría a ser como un precedente del “centrismo”, y por ello Cambó se nos presenta como un personaje situado entre la restauración liberal y la revolución conservadora.

Pabón cuando quiere reivindicar un sustrato “tradicionalista” en Cambó, lo argumenta con algunos textos escritos o pronunciados por el líder de la Lliga, al final se descubre que no se refiere a un tradicionalismo de orden carlista, sino más bien de influencia maurrasiana

51tkRAxgMzL._SX319_BO1,204,203,200_.jpgPabón llega a afirmar que “El Catalanismo es un movimiento liberalmente optimista”[7]. Esta afirmación sólo puede realizarse desde el convencimiento de que los elementos verdaderamente tradicionalistas de la Lliga, en época de Cambó, ya estaban prácticamente neutralizados por la cúpula del partido[8].  No obstante, como más adelante reconocerá Estelrich en su Catalunya endins, en las bases, el elemento católico seguía siendo determinante.

Una tesis parecida a la de Pabón fue presentada sin complejos por un joven investigador llamado Solé-Tura. Su obra Catalanismo y Revolución burguesa (1967)[9], que implicó una auténtica convulsión en la intelectualidad de la época. En pleno proceso de la marxistización de las universidades españolas, un comunista catalán se atrevía a romper un tabú: reconocer que el tradicionalismo y la burguesía (los odiados enemigos del marxismo) eran los causantes principales del catalanismo (que gozaba en esos momentos del prestigio -infundado- de resistencia al franquismo). La lectura de la obra es más complicada de lo que en un principio parece, pero reafirma la importancia de la corriente “vigatana” en la fundación del catalanismo.

En pleno proceso de la marxistización de las universidades españolas, un comunista catalán se atrevía a romper un tabú: reconocer que el tradicionalismo y la burguesía (los odiados enemigos del marxismo) eran los causantes principales del catalanismo

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Jordi Solé-Tura

Nos detendremos en el capítulo 5 que titula El peso de la Cataluña rural: tradicionalismo y regionalismo conservador. El capítulo se inicia con esta reflexión: “Una de las cosas que más llama la atención al estudiar el pensamiento político catalán del siglo XIX es la extrema continuidad de la línea ideológica tradicionalista a través de un periodo caracterizado por enormes tensiones políticas y sociales. Desde el manifiesto a los catalanes del Barón de Eroles (15 de agosto de 1822) hasta Prat de la Riba encontramos la constante de una Patria trascendente, ordenada por Dios, constituida por el encandenamiento de las generaciones, inmutablemente arraigadas a una misma tierra, a unas mismas costumbres”[10].

Este texto nos inspira tres consideraciones básicas. 1) reaparece el argumento roviriano de una continuidad en el alma tradicionalista de Cataluña que iría desde 1640 a las guerras carlistas. Pero esta vez Solé-Tura no discrimina esta línea -real o no- del imaginario catalanista, sino que la integra como factor explicativo del origen del catalanismo; 2) Un error sutil pero común, en el que cae Solé-Tura, es que la idea de comunidad tradicional, defendida en el Manifiesto a los catalanes y la de Prat de la Riba, aunque usen lenguajes algo similares, los contenidos conceptuales son totalmente diferentes; 3) Para ilustrar esta “continuidad”, Solé-Tura propone algunas citas que van del mencionado Barón de Eroles, pasando por Torras i Bages, Prat de la Riba o Mañé i Flaquer.

Un error sutil pero común, en el que cae Solé-Tura, es que la idea de comunidad tradicional, defendida en el Manifiesto a los catalanes y la de Prat de la Riba, aunque usen lenguajes algo similares, los contenidos conceptuales son totalmente diferentes

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Mañé y Flaquer

Realizamos esta última consideración, porque pensadores como Mañé y Flaquer o Duran y Bas, sin considerarse así mismos catalanistas (preferían denominarse regionalistas), acabarán teniendo una influencia más que fundamental en la configuración del catalanismo conservador; y no tanto por regionalistas, sino por liberales conservadores. Señalamos la importancia de esta última reflexión, porque deberá ser una de los senderos que deberá recorrer el que quiera entender realmente la relación entre el carlismo y el catalanismo.

Solé-Tura, al reconsiderar la importancia del mundo rural, tradicional y por ende filocarlista en la configuración del catalanismo, quiere hilar fino. Realiza una distinción apoyándose en considerandos de Almirall al hablar de la organización rural catalana en torno a las Masías que se había resistido a la modernidad: “la aristocracia de la espardenya (alpargata)”, los denomina despectivamente, por la autoridad que les confería la tradición a los herederos (hereus) sobre el resto de la familia. Este hecho, que por cierto era uno de los pilares del Derecho civil catalán, era menospreciado por Almirall que miraba a estos catalanes de las Masías como pequeños déspotas feudales: “esos propietarios que siempre tienen llenos los graneros y corral y bien provista la despensa, son la principal fuerza del carlismo y deben la existencia, casi exclusivamente, a la caduca organización de la familia en Cataluña”[11].

Mañé y Flaquer o Duran y Bas, acabarán teniendo una influencia más que fundamental en la configuración del catalanismo conservador; y no tanto por regionalistas, sino por liberales conservadores.

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Duran y Bas

La tesis de Solé-Tura no deja de ser una continuación de la de Almirall. Pero se diferencia en que Solé-Tura reconoce la importancia de este “tradicionalismo” como fermento necesario para que posteriormente surgiera una versión moderna llamada catalanismo. Tanto Almirall, como posteriormente Solé-Tura, ya dan por muerto el carlismo tras la derrota en la Tercera Guerra Carlista en 1876. Una “muerte” que la relaciona con el primer asentamiento del capitalismo, industrialización y hegemonía de las ciudades. Si bien Prat de la Riba defendía, como dijimos, que la “el Renacimiento (de Cataluña) comienza con la entrada de la gente del campo en la vida pública catalana”, ahora Solé-Tura sostendrá lo contrario: “(el) capitalismo penetra muy lentamente y tímidamente en el campo catalán”.

Al no conseguir una “modernización” rápida del campo -argumenta- la burguesía industrial –a la hora de movilizar el cuerpo social catalán- también debe contar con el campo catalán. Pero no lo hará movilizando el carlismo, sino no su “alter ego” que sería el tradicionalismo catalanista. Esta es la interpretación de Solé-Tura, que desde su perspectiva marxista, se lamenta “del peso desproporcionado de la corriente tradicionalista en el catalanismo doctrinal. A través de Torras i Bages este tradicionalismo pasará prácticamente en bloque a la síntesis de Prat de la Riba, recorrida por un aliento de ruralismo y de tradicionalismo, al lado de incitaciones de la civilización industrial y urbana”[12]. Dejando de lado el paradigma marxista que sustenta esta tesis, nos parece una primera aproximación intuitiva a la interpretación de los orígenes del catalanismo político, no tan alejada a la realidad como otras que ya hemos resumido.

Javier Barraycoa

NOTAS:

[1] Ibid., p. 237.

[2] Juan Estelrich, Catalanismo y reforma hispánica, Montaner y Simó, Barcelona 1932, p. 44.

[3] Jesús Pabón, Op. cit. Vol. I, p. 49.

[4] Ibid, pp. 23 y s.

[5] Ibid., p. 33.

[6] Cf., Ibid., p. 127.

[7] Ibid., p. 50.

[8] Pabón reconoce que al principio no parecía así: “La lógica e inevitable coincidencia de Tradicionalismo y el Catalanismo es bien sencilla, en los primeros tiempos del segundo, por muy difusa y parcial que fuese, parecería total a una mirada simple”, Jesús Pabón, Cambó (1876-1818), Vol. I, Alpha, Barcelona, 1952, p. 125.

[9] Un año antes de que Pabón culminara el tercer volumen de su obra sobre Cambó. Pero ya había escrito y publicado los dos volúmenes anteriores exponiendo las tesis que hemos descrito.

[10]  Jordi Solé-Tura, Catalanisme i revolució burguesa, Edicions 62, Barcelona, 1967, p. 83.

[11] Valentín Almirall, “Las leyes forales y el carlismo”, en Escritos catalanistas, Barcelona, 1878, p. 117.

[12] Jordi Solé-Tura, Op. cit., p. 83.

Un comentario en “El carlismo en el origen del catalanismo (4): La teoría del origen del catalanismo como síntesis de tradición y revolución

  1. Jordi Sole-Tura, tenia un desconocimiento total de las raíces sociales del Carlismo, como tienen de esta doctrina en la actualidad el Partit “Carli”, y los seguidores de las dos ramas de la familia Borbón-Parma; esa familia ha sido una auténtica lacra para el Carlismo desde después de la Cruzada.

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