El carlismo en el origen del catalanismo (5): Triunfo y muerte del catalanismo tradicionalista. El paradigma de las Bases de Manresa

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1.- El carlismo en el origen del catalanismo: un marco de discusión

2.- El carlismo en el origen del catalanismo (2): La teoría del desencanto ante las derrotas militares en las familias de la Lliga

3.- La teoría negacionista de la influencia “vigatana” y la construcción de una “Renaixença”

4.- La teoría del origen del catalanismo como síntesis de tradición y revolución

 

5.- Triunfo y muerte del catalanismo tradicionalista: el paradigma de las Bases de Manresa

72743831Hemos de reconocer la dificultad que tuvieron los coetáneos e incluso ahora, para distinguir entre los primeros catalanistas, regionalistas y carlistas. Por ello, no podemos perder de vista la evolución temporal del catalanismo a través de sus hitos fundamentales hasta que se desvanece esta confusión primera. Uno de estos mitos será, sin lugar a dudas la proclamación de Las Bases para la Constitución Regional Catalana, más conocidas como Bases de Manresa (1892).  Este encuentro en la ciudad de Manresa, promocionado por la Lliga de Catalunya[1], fue el resultado de un desencuentro previo entre catalanistas conservadores y republicanos. La sucesión de acontecimientos fue la siguiente: en 1887 el Centre Català, fundado por Almirall, entró en crisis al escindirse entre republicanos federalistas y catalanistas conservadores. Estos, en noviembre de ese mismo año fundaron la Lliga de Catalunya, a la que rápidamente se unió el Centre Escolar Catalanista liderado por Prat de la Riba, Puig i Cadafalch y Cambó entre otros.  En 1891, la Lliga de Catalunya, retomó la idea de Almirall de agrupar todas las fuerzas catalanistas, pero esta vez dominadas ideológicamente por el conservadurismo catalanista. Ese año se fundó con esa intención la Unión Catalanista y su primera Asamblea dio lugar a las ya mencionadas Bases de Manresa.

La hegemonía doctrinal conservadora o tradicionalista (según qué se entienda este término) fue aplastante y se nota en el redactado de las conclusiones o Bases para fundamentar el catalanismo. La presidencia la ocupó Lluís Domènech i Montaner y el secretario fue Prat de la Riba. La comisión encargada de elaborar y redactar las Bases estuvo presidida por el entonces sacerdote Josep Torras i Bages. ​Decimos que hay un punto de inflexión, o mejor dicho una extraña inflexión, porque una vez proclamados estos fundamentos del catalanismo más tradicionalista, el partido conservador catalanista que posteriormente se fundaría -la Lliga Regionalista- no se ceñiría jamás a esas Bases sino que se acabaría convirtiendo en un partido de sustrato ideológico claramente liberal. Con otras palabras, en el momento de manifestarse el triunfo doctrinal del “tradicionalismo” sobre el catalanismo, fue el mismo momento en el que hombres como Torras i Bages, empezaron a ser desplazados de la primera línea del incipiente catalanismo político.

En 1891, la Lliga de Catalunya, retomó la idea de Almirall de agrupar todas las fuerzas catalanistas, pero esta vez dominadas ideológicamente por el conservadurismo catalanista. Ese año se fundó con esa intención la Unión Catalanista y su primera Asamblea dio lugar a las Bases de Manresa

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Pi y Margall

La percepción de que ese catalanismo proclamado en las bases de Manresa era incompatible con el espíritu moderno, la tuvo incluso Pi y Margall. Este, al analizar el encuentro catalanista de Manresa, concluye: “No son demócratas, sino tradicionalistas”[2]. Por el contrario, considera que en la Bases de Manresa se esconden, ante tanto discurso tradicionalista, ciertos rasgos federalistas que son los únicos rescatables para un federalismo de “verdad”[3]. Ciertamente en las Bases de Manresa se nota el peso de las grandes obras del catalanismo más tradicionalista, regionalista y conservador, que aún no se han desgajado del catolicismo.  Ya no sólo nos referimos a obras como El regionalismo (1887), como La Tradició Catalana de Torras i Bages (1892) o como una menos conocida, pero no por ello más influyente Los Fueros de Cataluña (1878), de Josep Coroleu y Josep Pella i Forgas. Coroleu, había sido uno de los fundadores del Centre Català y también participante en alguna ponencia de las Bases de Manresa[4].

El peso de la corriente del catalanismo “tradicionalista”, volcado en estas tres obras, se nota claramente en la redacción de las bases de Manresa, como por ejemplo en la Base 7ª, en la que se rechaza el sufragio universal: “El poder legislativo regional radicará en las Cortes catalanas que deberán reunirse cada año en época determinada y en lugar distinto. Las Cortes se formarán por sufragio de todos los cabezas de familia, agrupados por clases fundadas en el trabajo manual, en la capacidad o en las carreras profesionales y en la propiedad, industria y comercio a través de la correspondiente organización gremial donde sea posible”. También se alcanza un radicalismo de autonomía, que es profundamente “tradicionalista”, aunque se pueda confundir con unas declaraciones independentistas. Pabón, sabedor de que la Lliga de Cambó nada tiene que ver con las Bases de Manresa.

El peso de la corriente del catalanismo “tradicionalista”, volcado en estas tres obras, se nota claramente en la redacción de las bases de Manresa, como por ejemplo en la Base 7ª, en la que se rechaza el sufragio universal

2017092816483777237Una las causas por las que doctrinalmente el tradicionalismo y conservadurismo catalanista dominó las Bases de Manresa, es que la estrella de Almirall ya se estaba apagando. Sus últimos resplandores fue su participación en el Memorial de Agravios (Memorial de Greujes) (1885) o en sus protestas contra la Exposición Universal en Barcelona, de 1888, por considerarlo un acto de centralismo español. No obstante, como ya hemos señalado, este triunfo doctrinal del catalanismo “tradicionalista” se corresponde con el inicio de su decadencia o hegemonía en el mundo catalanista. La explicación de esta paradoja sólo puede entenderse, si consideramos como Pabón que: “El Tradicionalismo, de modo diferente, penetra en el catalanismo, partiendo de diversas fuentes, a través de cauces muy varios, y en alturas y profundidades distantes. Fenómeno en consecuencia más complejo y difícil de percibir”[5].

He aquí el quid de la cuestión y la causa de tanta confusión: el uso polisémico de la palabra “tradicionalismo”. Cuando se ha querido hablar de dos fuentes del catalanismo, el federalismo de Almirall, y el vigatanisme o tradicionalismo al estilo Torras i Bages, se ha generalizado excesivamente el concepto de “tradicionalismo”. Querer meter en un mismo saco a carlistas, torrasianos, regionalistas como Mañé y Flaqué o conservadores-liberales como Prat de la Riba, y otras corrientes y autores, nos impide una explicación clara de la evolución del catalanismo. Bajo el paraguas del “tradicionalismo” caben demasiadas ramas doctrinales que en su germen ya son contradictorias, aunque en el tacticismo llegaran a coincidir.

Cuando se ha querido hablar de dos fuentes del catalanismo, el federalismo de Almirall, y el vigatanisme o tradicionalismo al estilo Torras i Bages, se ha generalizado excesivamente el concepto de “tradicionalismo”.

El propio Pabón reconoce una primacía y coherencia doctrinal en la obra cumbre de Torras i Bages: “La Tradició Catalana es obra de una riqueza y solidez inigualadas por aquellas otras a cuya influencia debe algo la formación inicial del Catalanismo: compárese, para apreciar la distancia, con Lo Catalanisme de Almirall o con El Regionalismo de Mañé. Por otra parte, aunque fundamentalmente reducida al campo ideológico e histórico catalán, la obra del obispo de Vich, es una de las mayores producciones del pensamiento tradicionalista español”[6]. Pero igualmente distingue que muchos autores que se han tenido por catalanistas tradicionalistas, como Mañé i Flaquer o Duran i Bas, utilizaban muchas veces un lenguaje “carlista” e intransigente o integrista, pero en su acción práctica eran transaccionistas con los conservadores del resto de España. Durán y Bas, por ejemplo, se avino a las políticas de O´Donell y de Posada Herrera[7]. Pero no saldríamos de este embrollo sin descubrir que hombres como Mañé i Flaquer eran profundamente anticarlistas.

Javier Barraycoa

 

NOTAS:

[1] No confundir con la posterior Lliga Regionalista.

[2] Francesc Pi i Margall, La qüestió de Catalunya, Societat Catalana d’Edicións. Barcelona, 1913. p. 20.

[3] Jesús Pabón, Op. cit., p. 118.

[4] En Los Fueros de Cataluña ya encontramos ideas que quedarán plasmadas en las Bases de Manresa, aunque no con tanta intensidad. En la esa obra se pueden leer textos como: “Siendo la religión de los catalanes la católica, apostólica y romana, no le es lícito a ningún laico discutir pública ni privadamente acerca de sus dogmas”. No se acepta las Cortes Constituyentes de Cádiz ni el “jacobinismo de infames políticos”.  Paralelamente, encontramos otras afirmaciones que hoy sonarían casi a independentistas: “solo los catalanes nacidos en el Principado y no los naturalizados por privilegio que se hallen en el pleno goce de la ciudadanía podrán obtener beneficios y oficios eclesiásticos en Cataluña y ejercer jurisdicción, oficio público, empleo o mando militar en Cataluña y reino de Mallorca”.

[5] Ibid., p. 125.

[6] Ibid., p. 138.

[7] Ibid., p. 131.

 

2 comentarios en “El carlismo en el origen del catalanismo (5): Triunfo y muerte del catalanismo tradicionalista. El paradigma de las Bases de Manresa

  1. Las claudicaciones de la Dinastía, los experimentos políticos de la caciques ideológicos; llevan al Tradicionalismo Carlista a perder incidencia en la política catalana. Han rematado la faena, la deriva ideológica del Partit “Carli”, y el apropiamiento indebido junto con el desprestigio, ocasionados por la familia Borbón-Parma.

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