La bancarrota del liberalismo: una visión profética del P. Ramière

ramiere_1821-1884

P. Henri Ramière

 

LA BANCARROTA DEL LIBERALISMO:

UNA VISIÓN PROFÉTICA DEL P. RAMIÈRE.

En 1870 veía la luz la traducción española de esta obra del P. Ramiére. Por desgracia el libro no ha tenido reediciones y no es una de las más conocidas del jesuita francés. Sin embargo, ello no le resta actualidad y vigencia por varios motivos. El primero es su capacidad de clarificar algo que conceptualmente era y es difuso: el liberalismo. En segundo lugar por descubrir al mundo católico que tras una aparente tesis política se esconde una de las más sutiles herejías cristianas. En tercer lugar por su caracterización, a veces psicológica, a veces política, del liberalismo que asombra por su sorprendente aplicación en nuestros días. Y en cuarto lugar, por saber desvelar los errores del liberalismo católico que si bien en su época era un sector del catolicismo, hoy parece haber contagiado incluso a los bienintencionados.

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MOntalembert

De hecho, esta obra comprendía en su traducción castellana dos escritos: La bancarrota del liberalismo y, a continuación, El liberalismo católico. El P. Ramiére, fiel a su estilo, combina tanto argumentaciones teológicas, como frecuentes discusiones con los coetáneos interlocutores liberales como Montalembert, pasando incluso por argumentaciones sociológicas aportando datos de la época. Si el lector sabe trascender a aquellos puntos más contingentes de la exposición, encontrará un verdadero tratado de Teología política. A fin de ser fieles al hilo argumentativo del P. Ramiére expondremos sintéticamente esta obra, recopilando algunas reflexiones de sumo interés.

“El liberalismo y la Revolución son una misma cosa. El liberalismo es la doctrina de la Revolución, y la Revolución es la aplicación práctica del liberalismo”

Nuestro autor parte de la tesis de que “El liberalismo y la Revolución son una misma cosa. El liberalismo es la doctrina de la Revolución, y la Revolución es la aplicación práctica del liberalismo”. Este principio, por desgracia, apenas es percibido por muchos católicos ya que el liberalismo, desde su presentación política, siempre ha confundido.

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Castelar, liberal genético

Aún hoy en nuestros días ocurre lo que denunciaba el P. Ramiére, son muchos los políticos en toda Europa que se atribuyen la denominación de “liberal” y, por tanto, podría se aplicado tanto al conservadurismo como a posturas progresistas. Desde Bismark a Castelar, muchos fueron los políticos europeos que quisieron distinguirse con el mérito de “liberales”, pero Ramiére, ante esta posible confusión, ensaya una definición inapelable: “El liberalismo es aquel sistema que afirma la completa independencia de la libertad humana, y niega por consiguiente toda autoridad superior al hombre, sea en el orden intelectual, sea en el religioso, sea en el político. Esta definición se contendría especialmente en la famosa Declaración de los Derechos del Hombre, que –a su entender- se había convertido en el símbolo fundamental del liberalismo. Pero el problema no es sólo definir el liberalismo, sino detectar sus múltiples formas de presentarse en la historia. He aquí la primera genialidad de Ramiére, proponer las diferentes caras del liberalismo que a tanta confusión ha llevado en el mundo católico.

Tres formas de liberalismo.

En primer lugar tendríamos el liberalismo radical, también conocido por el “librepensamiento”. Esta cara del liberalismo se muestra con toda su lógica y proclama, sin esconderse, sus principios. Sostiene que el hombre es absolutamente autónomo y que no es responsable ante ningún ser superior. Defiende, en cuestiones teológicas, el individualismo absoluto, y en cuestiones políticas que la muchedumbre tiene derecho a todo lo que desee. Las grandes ideologías revolucionarias corresponderían a esta categoría de liberalismo que se caracterizan por la coherencia entre sus principios (aunque erróneos) y su aplicación.

encontramos una forma de liberalismo más perniciosa si cabe: el liberalismo moderado. Muchas veces el liberalismo adquiere una forma conservadora y como enfrentada a la Revolución, aunque mantiene sus mismos principios

En segundo lugar encontramos una forma de liberalismo más perniciosa si cabe: el liberalismo moderado. Muchas veces el liberalismo adquiere una forma conservadora y como enfrentada a la Revolución, aunque mantiene sus mismos principios: “admitiendo los principios y rechazando las consecuencias, los liberales propiamente dichos conservan a su doctrina toda su fascinación”. No obstante, sigue proponiendo Ramiére, el liberalismo moderado, a pesar de mantener los principios del liberalismo radical, no es aquél que con mayor precisión y claridad revela su doctrina, sino al contrario aquel que con mayor astucia la encubre. El liberalismo moderado siempre querrá situarse en “el justo medio” (hoy diríamos centro) queriéndose alejar de las consecuencias radicales de la revolución pero también de la constitución católica de la sociedad, pues en el fondo nunca renegará de sus principios. He aquí precisamente el peligro del liberalismo moderado su defensa, a veces, de principios cristianos, pero sólo nominalmente y nunca de convencimiento. Este tipo de liberales no tiene inconveniente, incluso, en reconocer que existe un Dios, “pero con la condición de que este Dios, regulador de la razón individual, renuncie al ejercicio de su soberanía”.

frase-la-democracia-liberal-fundada-en-la-creacion-tecnica-es-el-tipo-superior-de-vida-publica-hasta-jose-ortega-y-gasset-148570En el orden político, el liberalismo moderado reconoce que la muchedumbre debe quedar sometida a una autoridad, pero esta autoridad no debe trascender al Parlamento. La defensa del Parlamentarismo no es ni más ni menos, encubierta de democratismo, que la aspiración de los Ilustrados a liderar a las masas. Ya que sólo las clases cultas pueden –bajo su creencia- acceder a los altos cargos de la representación política. Según Ramiére: “Para este partido [el liberal] el parlamentarismo no es una forma política destinada a regular el ejercicio de la autoridad, sino que es un principio superior al principio de autoridad”. En el orden religioso, el liberalismo moderado defiende que los hombres tengan un culto, siempre y cuando puedan elegir el culto que quieran. Incluso muchas veces: “estos hombres moderados se abstendrán de la persecución [religiosa] violenta; llevarán, si se quiere, su condescendencia hasta rodear la Religión de una protección generosa; pero en cambio exigirán que la sociedad espiritual reconozca la supremacía absoluta de la autoridad temporal, aun en las cuestiones en que se comprometan directamente los intereses religiosos”. En cuestiones religiosas, en el fondo siempre querrán presentarse como una postura neutra. El P. Ramiére descarga su pluma: “Es evidente que la sabiduría de estos hombres consiste en permanecer neutrales entre las dos potestades que se disputan el imperio del mundo, en conciliar las exigencias de Belial con los derechos de Cristo. Como médicos de los pueblos, creen poder curar mejor los males propinándoles en igual dosis el error y la verdad”.

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El presidente de Gobierno democrata cristiano Leopoldo Calvo-Sotelo. Jura ante el crucifico, y después promulga la ley del divorcio

En tercer lugar, tendríamos el liberalismo católico. Es el que explícitamente se aleja más del liberalismo radical y, más que presentarse como una doctrina, puede traducirse como actitudes o disposiciones de ánimos respecto a la doctrina católica. Muchas veces los liberales católicos aceptan todos los principios católicos (al menos en la época de Ramiére) e incluso no quieren ser reconocidos como liberales. Pero, sin embargo, les molesta que se proclamen públicamente. En caso de que se les atacara desde el dogma católico admitirían que las tesis católicas son verdaderas, pero las considerarían como mera abstracción o ideología. Hoy buena parte del progresismo imperante ha generado esta actitud entre muchos católicos que se acomplejan de proclamar las verdades del Magisterio o se asustan ante la mención de una “Iglesia triunfante”. Especialmente se descubre el liberalismo católico en el rechazo de estos cristianos de la “Soberanía de Cristo”. Sin renegar de determinadas verdades, prefieren que éstas no se defiendan públicamente.

en el católico liberal hay dos hombres y dos conciencias, una la exterior y otra la interior. Aunque exteriormente se mantenga obediente a la Iglesia, en su interior se gesta la rebeldía

En este punto, Ramiére nuevamente es capaz de caracterizar psicológicamente al católico liberal: “se muestran vivamente ofendidos cuando ven condenada su táctica por el lenguaje y la conducta de los católicos más resueltos, produciéndoles esto una irritación harto natural, que les hace severos hasta la injusticia con los fieles más adictos á la Iglesia, mientras obsequian y acarician á sus más encarnizados enemigos […] si la Iglesia interpone su autoridad a fin de conservar la integridad de los principios, los liberales católicos no se rebelan abiertamente contra sus decisiones, pues quieren permanecer católicos; pero para continuar sosteniendo los errores que condena, pretenden atenuar el valor de sus censuras, desvirtuar el sentido de sus expresiones”. Así, en el católico liberal hay dos hombres y dos conciencias, una la exterior y otra la interior. Aunque exteriormente se mantenga obediente a la Iglesia, en su interior se gesta la rebeldía; y además, prosigue Ramiére: “en la Iglesia y en la familia se muestra católico, mas en el foro y en el pretorio deja sólo aparecer al liberal”. O, como decía Lacordaire al final de sus días: “Yo soy cristiano penitente, pero liberal impenitente”.

Tres errores del liberalismo y sus consecuencias

En síntesis todo liberalismo recogería tres categorías de errores. 1) errores contra el cristianismo, al negar su soberanía real sobre la sociedad, aunque no se niegue su divinidad. 2) Errores sobre el hombre, al creer que éste ha sido creado sólo para la vida en la tierra y que nada trasciende a la vida eterna. 3) Negar que el “fin de la sociedad es preservar al hombre de las perversas inclinaciones que provienen de su caída y favorecer el desarrollo de sus facultades”. Por el contrario, siguiendo las tesis de Rousseau, creen que el hombre “ha nacido bueno y ha sido depravado por las instituciones sociales”. Por tanto hay que arrancar del hombre todo lo que le ha aportado la Civilización para devolverle a ese estado natural. La aplicación de estos errores tendría las siguientes consecuencias, que Ramiére supo sintetizar con preclara visión:

  1. a) El embrutecimiento de la razón y el envilecimiento de la ciencia

El liberalismo que siempre se ha presentado como defensor de la razón en el fondo ha llevado a la anulación de la misma. Ramiére intuyó algo que hemos vivido ya en el siglo XX, que es la negación de la racionalidad y la eclosión del nihilismo. Pero estas tesis ya estaban contenidas en el racionalismo. La razón sin la fe ha quedado “embrutecida” y prácticamente anulada. Por eso: “Apenas la razón fue emancipada de la tutela de la fe por la conspiración de un puñado de hombres que se hacían llamar filósofos, la filosofía, ciencia racional por excelencia, cesó de ser considerada como tal, reservándose solo este titulo para el conocimiento de las relaciones de los números y de las leyes de la materia. El conjunto de este conocimiento se llama hoy la ciencia, que a juicio del liberalismo tiene la suprema autoridad. Para él la ciencia ha sustituido no solamente a la filosofía, sí que también a la Iglesia y a la revelación”. Nos viene a la mente una afirmación que solía repetir el Doctor Petit cuando decía que en el fondo el mundo ha avanzado mucho en la técnica, pero no en la Ciencia. Estos avances técnicos nos confunden, pero en el fondo la verdadera Ciencia ha quedado prácticamente detenida.

  1. b) El decaimiento de la literatura y de las Bellas artes y la degradación de la educación

Sobre la crisis de la literatura y del arte no hay que decir mucho, pues nuevamente Ramiére profetiza la debacle que supondrá para cultura la modernidad. Respecto a su análisis de los efectos del liberalismo en la educación, el P. Ramiére será contundente: “primero destruyendo en las almas el amor de la verdad”.

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Reproducción moderna de la Gioconda. El arte feo.

Por eso, distingue, no hay que confundir la educación con la instrucción, cosa que sí hace el liberalismo, ya que: Educar, pues, es engendrar segunda vez al hombre; es verdaderamente un parto moral, no menos laborioso que el que tiene por término la producción de la vida física. No de otra manera que ésta, la educación ha menester de dos fuerzas, de dos amores, a los que quiso Dios confiar la protección y el crecimiento de todo ser que nace, esto es, del amor paterno y materno, de la autoridad y de la ternura”. La instrucción es una mera transmisión de habilidades que queda condicionada por: “El examen para el bachillerato, [que] tal como hoy se practica, no solamente no facilita al alumno conocimientos que solo son capaces de formar su espíritu, sino que aun casi le imposibilita su adquisición; puesto que el pobre candidato, obligado a responder sobre tan diversas asignaturas, no puede tener otro pensamiento, durante el año que precede al examen, que el de aprender lo que rigurosamente se le exige para obtener el diploma”. La filosofía, la teología y la moral, por tanto, quedarán fuera de los intereses de los alumnos.

El liberalismo político.

Un capítulo del libro estará dedicado al liberalismo político. Ramiére distingue claramente que una cosa es la libertad de opinión sobre las formas de gobierno, y en esto no reside el liberalismo, que proclamar la libertad a costa de negar la autoridad. El liberalismo será un impugnador de cualquier autoridad verdadera, socavando así los fundamentos de cualquier sociedad. En el ámbito político el liberalismo:

1) Destruye la libertad política: la forma de anular la libertad es aniquilando la noción de deber, ya que: “sería ilusoria mi libertad si no se prohibiera a los otros que me impidiesen su ejercicio. Pues bien, el liberalismo, emancipando al hombre de la sujeción a toda autoridad superior, destruye esta garantía esencial de la libertad”. Ramiére realiza una bella reivindicación del sentido del deber que se va perdiendo en la sociedad. El deber no sólo es una norma de acción, sino que establece vínculos de correspondencia. Por eso en una sociedad donde nos atan los deberes de unos para con otros no puede aparecer el individualismo.

Anarquía y despotismo son dos verdugos en quienes el liberalismo resigna sucesivamente la libertad, y que, aunque parezcan muy diferentes del liberalismo, son en sustancia sus legítimos hijos y herederos; la anarquía primero y después el despotismo

2) Lleva a la anarquía y a la tiranía: el argumento del P. Ramiére es suficientemente contundente, “Separados los miembros del cuerpo social, encendida la lucha entre las pasiones libres de todo freno, y las libertades individuales privadas de toda dirección, viene la anarquía, que es el más violento de todos los estados de la sociedad. Mas este no puede ser duradero, porque los derechos hollados por la violencia, los intereses despojados de toda garantía, y hasta las mismas pasiones reportando de su lucha más heridas que ventajas, pedirán un yugo que les salve de sus propios excesos y les proteja contra quien les asalte; pero como está ya destrozado el yugo de la fuerza moral, no les quedará otro que el de la fuerza bruta. Y he aquí que por encontrar quien ocupase el lugar de la autoridad, las naciones liberales que no la quisieron se ven ahora obligadas a echarse en brazos del despotismo. Anarquía y despotismo son dos verdugos en quienes el liberalismo resigna sucesivamente la libertad, y que, aunque parezcan muy diferentes del liberalismo, son en sustancia sus legítimos hijos y herederos; la anarquía primero y después el despotismo son los frutos que necesariamente produce en virtud de su principio, la negación de la autoridad de Dios”.

El liberalismo católico.

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Famosísima obra de Sardà i Salvany

La segunda parte del libro estará centrada en una profundización en el liberalismo católico desde una perspectiva teológica e histórica. Se rastreará el origen del liberalismo en el primer enemigo del cristianismo: el paganismo. Ramiére en un magistral párrafo sintetiza la historia del liberalismo: El Cristianismo, o sea la divinización de la humanidad hecha por el Hombre-Dios, desde su aparición en el mundo, ha tenido que medirse con un enemigo, a quien ha vencido sin poder destruir, o sea el paganismo, adoración que la humanidad se daba a sí misma con conciencia más o menos clara de su delito. Esta idolatría que se personificaba en los Césares romanos, lejos de deponer las armas cuando Constantino la arrojó del trono, trató desde luego de preparar su revancha. En cada siglo se ha esforzado, con más o menos éxito, en hacer prevalecer por medio de las herejías y del sensualismo el orgullo de la razón y el desenfreno de las concupiscencias sobre la fe y la moral cristianas. Pero de un modo especial, en el orden político, el paganismo ha querido reconquistar un poder que le permite extender su imperio sobre los demás órdenes. Y lo ha logrado. Bizancio primero, y Alemania después, han sido los teatros de sus primeras victorias; pero estaba reservado a la Francia, en la persona del sobrino de San Luis, Felipe el Hermoso, decretar al cesarismo pagano su primer triunfo y dar principio a la grande apostasía de los pueblos cristianos. Cuatro siglos ha empleado el movimiento para desarrollarse, y se ha terminado al final del siglo pasado con la solemne proclamación del destronamiento de Jesucristo y de la emancipación de la sociedad moderna. Pero entonces el paganismo triunfante cambió de forma; de monárquico que había sido se hizo demagógico; el liberalismo ocupó el lugar del cesarismo. Mas, como hemos visto, en sustancia es siempre el mismo error: la sustitución del orgullo humano a la autoridad divina. Mientras duró la infancia de los pueblos se sometieron al yugo de un monarca y a la adoración de la humanidad en su persona; mas llegados a la edad adulta no han querido sufrir más este yugo, y cada hombre ha pretendido adorarse a sí propio. Con esto el anticristianismo ha recibido su último desarrollo”.

Una de las características de las herejías es manifestar siempre una forma de error mitigada. Al arrianismo le acompañó el semiarrianismo; al antiquianismo, el monotelimo; al luteranismo, el jansenismo. El cesarismo monárquico engendró el galicanismo y, afirma Ramiére: Ahora el liberalismo católico por su parte no es otra cosa que la forma templada del liberalismo anticristiano”. A las herejías que más se parece es al semiarrrianismo y al jansenismo. Como éstas, el liberalismo católico parece no profesar un símbolo claro y se hace harto difícil denunciarlo, pues “haciendo profesión de mantenerse en un terreno intermedio entre el error condenado y la verdad definida, no conservan ninguna posición fija y cambian continuamente de forma. Así es que la mayor parte de los escritores que combaten el liberalismo católico han renunciado a definirlo”.

Entre los errores y equívocos del liberalismo católico se encuentran los siguientes:

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Pío IX

1.- Creer que el liberalismo es una opinión libre y que nunca ha sido condenado por la Iglesia. Los católico liberales, como mucho atienden (en época de Ramiére) a si hay un anatema y condenan explícitamente un error, pero no reconocen la doctrina del Magisterio de la Iglesia en la que, Papas como Pío IX o Gregorio XVI, han condenado los principios liberales.

2.- No sólo niegan que sus tesis han sido condenadas, sino que pretenden que su sistema enraíza con la tradición de la Iglesia. La “libertad de conciencia” tal y como en su momento fue condenada por el Magisterio, la reclaman como una verdad evangélica.

Creer que el liberalismo es una opinión libre y que nunca ha sido condenado por la Iglesia. Papas como Pío IX o Gregorio XVI, han condenado los principios liberales.

3.-Acostumbran a denunciar a los católicos no liberales de atentar contra la unidad de la Iglesia. Mientras que ellos no paran de conspirar para desunir y perturbar la vida eclesial.

4.-Cuando se les acusa de atentar contra el dogma católico, la cuestión de principios suelen llevarla a las cuestiones personales. Si se les acusa de errores doctrinales, presuponen que sólo se les amonesta por su comportamiento personal.

5.- El liberalismo católico, en sí mismo es imposible de llevar a la práctica por una razón muy sencilla ya que, como expone Ramiére, pretende “la conciliación del dogma cristiano de la soberanía social de Jesucristo con el error liberal de la negación de esta soberanía, lo cual es una contradicción manifiesta”.

Conclusiones en torno al liberalismo católico.

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“Obispas” episcopalianas

Bajo excusa de buscar la libertad de la Iglesia, separándola del mundo y de los poderes temporales, la acaban abocando al sometimiento del poder político. Misteriosamente, a los catolicismo liberal, “no le basta […] abandonar la Iglesia a los asaltos de sus enemigos y unírseles para dirigirle los golpes más dolorosos. Él la priva aun de su principal fuerza, sembrando la división en sus filas, destruyendo el prestigio de sus jefes y debilitando el nervio de su disciplina”. Ramiére insiste que la “secta liberal” es en el fondo un partido religioso y político y no una escuela filosófica. Este partido pretende, en nombre de la libertad, que la Iglesia quede separada de los poderes temporales, pero ello sólo puede traer desgracias para la Iglesia y la sociedad. Sin embargo, nosotros esperamos que Dios, que sabe sacar bien del mal, se servirá de los desastres causados por esta funesta libertad, como se sirvió de las violencias de la persecución para reconducir á Jesucristo, su único Salvador, las naciones cuyo imperio le ha prometido”. Una sentencia de Ramiére puede concluir toda su obra: “Dando una mirada a todo el mundo civilizado, vemos brotar de los acontecimientos que van realizándose dos verdades, en apariencia contradictorias, y en realidad unidas entre sí por necesario enlace, y son: el liberalismo obtiene por todas partes un triunfo completo, espantoso, y esto no obstante por donde quiera se ve obligado a destruirse a sí mismo. Sus propios errores acabarán con él.

Javier Barraycoa

 

 

 

Un comentario en “La bancarrota del liberalismo: una visión profética del P. Ramière

  1. La ONU,

    la Ummah,

    el Humo

    entró

    en el Vaticano

    de Bergolio.

    Cantante

    de tangos

    ecuménicos

    sobre el piano

    horroroso

    del Demonio.

    De la logia

    Jorgito

    el milonguero,

    de la pampa,

    papón

    y pasmarote.

    Jesuita

    sin Jesús

    es este zote

    entre Castritos,

    “castrattos”

    y Luteros.

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