Estructura y psicología de las tentaciones (3): Los lugares de las tentaciones y su significado

 

 

1.- Estructura y psicología de las tentaciones (1) Introducción

2.- Estructura y psicología de las tentaciones (2): Las tentaciones de Cristo, síntesis de la historia de la humanidad

 

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3.-Los lugares de las tentaciones y su significado

Los lugares de las tentaciones permiten toda una exégesis de la intención de los autores de los textos. En una tradición testimoniada desde el siglo VII, pero posiblemente muy anterior, Jesús fue arrebatado a un monte denominado “de la cuarentena” (Djebel Qarantal) y en cuya cima, denominada Dûq (o atalaya), hubo un fortín donde fue asesinado Simón, el último de los Macabeos[1]. Esta colina se halla en el valle del Jordán (donde Cristo fue bautizado por san Juan) y el monte cierra el valle que domina Jericó (está a una hora). Por tanto, y en coincidencia con la patrística, la tentación se produjo en un lugar entre Jericó y Jerusalén[2].

No podemos obviar la parábola del buen samaritano, donde el protagonista baja de Jerusalén a Jericó. Ahora se trata del camino inverso: de Jericó a Jerusalén. Si bien en la parábola del buen samaritano representa el abajamiento de Jesús, el Verbo hecho carne, su paso de Jerusalén a Jericó (la ciudad mundana); ahora el Jesús histórico inicia el camino del hombre hacia su salvación, donde debe vencer las tentaciones. Desde el desierto Jesús será transportado a dos escenarios más, sea de forma física o de forma mística: el pináculo del Templo y una montaña elevada donde se le ofrece el poder, riquezas y dominio sobre los imperios.

Fabrice Hadjadj propone que: “Son el desierto, la montaña y el Templo, los tres lugares tradicionales de la revelación”[3]. Donde el diablo va a manifestarse es precisamente en los lugares propios de las epifanías o hierofanías divinas. El desierto lugar de penitencia, hogar de los profetas, refugio de san Juan Bautista. El Templo: el lugar donde habita el mismo Dios en el Sancta Sactorum y donde se realiza el sacrificio eterno a Yavé. Y entre las montañas baste recordar unas cuantas: el monte Carmelo, el monte Tabor, el Sinaí, el monte de la Ascensión, el mismo Gólgota.

Además cada uno de estos lugares define las funciones de Cristo: el desierto es propio de los profetas; el Templo es el lugar de la función sacerdotal y la Montaña desde la que puede dominar todos los reinos del mundo refiere a la función real: Cristo es profeta, sacerdote y rey.

ten2.-El desierto. Jesús pasa de estar entre la multitud del Jordán, al ser bautizado, a la soledad del desierto (el verbo utilizado es “elevado” no arrojado). El desierto, como todo lugar puede ser un lugar de santificación o representar un lugar de perdición. Aun es costumbre en el mundo semita la expresión “ir al desierto” como expresión de ir a morir[4]. Papini, un famoso converso señala que el desierto es una bendición para las almas ricas: “La sociedad es un sacrificio tanto más meritorio cuanto más doloroso. La soledad, para los ricos del alma, es Premio y no Expiación”[5]. Igualmente, sigue describiendo: “No puede soportar la soledad el mediocre, el pequeño. El que no tiene nada que ofrecer. Quien tiene miedo de sí y de su vacío. El que vive de continuo en la soledad del propio espíritu, desolado desierto interior donde no crecen sino las hierbas venenosas de los parajes incultos. El inquieto, el aburrido, el acobardado, cuando no puede olvidarse en los demás, aturdirse en las palabras ajenas, engañarse en la vida ficticia de los que se engañan en él al mismo tiempo que él en ellos; el que no sabe vivir sin mezclarse, átomo pasivo, a los arroyos que vierten todas las mañanas las cloacas de la ciudad”[6]. San Juan Crisóstomo comenta con acierto que el desierto, siendo un lugar solitario, es un lugar propicio para la tentación: “Cuanto mayor es la soledad más tienta el diablo. Por ello tentó a la primera mujer cuando estuvo sola, sin su marido. De donde se le dio ocasión al demonio para que tentase. Por ello fue conducido al desierto”[7].

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Pináculo del templo

El Pináculo del Templo.- Una vieja tradición judía afirmaba que el Mesías se aparecería en el Pináculo del templo, el techo del santuario y desde ahí proclamaría: “Pobres, el tiempo de vuestra libertad ha llegado”[8]. El Diablo parece proporcionar a Jesús el cumplimiento de una “profecía”; le facilita su mesianismo. El pináculo del templo era el ángulo donde se unían el pórtico de Salomón, con el pórtico real. Desde esa impresionante altura se domina el valle del Cedrón y el huerto de los olivos, Getsemaní. Desde ahí el Diablo le pedirá que se arroje al vacío para que los ángeles le recojan y así poder mostrar su gloria y poder. El pináculo del templo era también un lugar donde se reunían o paseaban los doctores interpretando la ley. Otros datos significativos, que nos ayudarán a comprender mejor la tentación es que desde ese pináculo no se podía ver el Gólgota, pues queda exactamente detrás del templo, visto desde ese lugar. Por último, por aportar un dato más, según cuenta el historiador judío Flavio Josefo y otros cristianos como Eusebio de Cesarea, desde ahí fue arrojado Santiago apóstol. El Diablo había pedido que Jesús se arrojase y significativamente ahí encontraría el martirio Santiago Apóstol. Era costumbre a los judíos arrojar desde el pináculo a los herejes. El pináculo era, en boca de Remigio Vilariño, “el asiento de los doctores”, en ella se entablará una discusión teológica entre Cristo y el Diablo. Aunque Cristo esa dialéctica ya la había ganado prácticamente de niño ante los doctores cuando se pierde en el Templo. Por el contrario, ante ellos mismos, en la pasión callará.

tent4.jpg.-La Montaña. Como hemos señalado la montaña es el lugar de la hierofanía. En el Sinaí Dios da la Ley a Moisés, en la Montaña se proclamarán las bienaventuranzas y se transfigurará antes sus apóstoles y, no menos importante, en el monte se multiplicarán los panes y los peces. En todas las religiones las montañas han representado el asiento de los dioses (el Olimpo, por ejemplo). El Pseudo-Crisóstomo señala que la montaña de la tentación, en contraposición a lo divino, lo más elevado: “La subida al monte es la marcha hacia las riquezas y la gloria de este mundo, como que desciende de la soberbia del corazón. Cuando quieras hacerte rico, lo cual equivale a subir al monte, empiezas a pensar en adquirir las riquezas y los honores y entonces el Príncipe de este mundo te manifiesta la gloria de su reino”[9].

Por último, para acabar este epígrafe, haremos unas consideraciones sobre estos tres lugares que muestran unos puntos en común:

.-ten6En los tres lugares hay una representación eucarística: el maná del desierto; los panes consagrados del Templo y la multiplicación de los panes en la Montaña, que antes hemos mencionado.

.-El Diablo, en lo físico va elevando a Jesucristo, mientras que en lo espiritual le quiere hacer caer en las tentaciones: Si –según cuentan los evangelios- el Espíritu lo lleva al desierto, el diablo lo eleva a lo alto del templo y, por fin lo transporta a una alta montaña. En una glosa de la Catena Aurea se puede leer: “El diablo siempre eleva a las alturas por medio de la jactancia, para luego poder precipitar mejor” y prosigue: “Y lo colocó en la cumbre del templo”.

-.El demonio tentará a Jesús para descubrir si es o no el Mesías[10]. En el trasfondo de las tentaciones, especialmente de las dos primeras se trata de sustituir el mesianismo crístico y su redención por un pseudomesianismo. En la tercera tentación, radicalmente se pide al propio Cristo que apostasíe como si fuera un simple hombre y se “condene”.

NOTAS:

[1] Cf., Giuseppe Riccioti, Vida de Jesucristo, Luis Miracle, Barcelona, 1944, p. 300.

[2] En La glosa, comentando la Catena Aurea en san Mateo, encontramos: “Este desierto está entre Jerusalén y Jericó, en donde habitaban los ladrones, cuyo lugar se llama Dammaín, esto es, de la sangre, por el derramamiento de sangre que con tanta frecuencia hacían allí los ladrones. Es ahí donde aquel hombre que venía de Jerusalén a Jericó, se dice que cayó en poder de los ladrones, representando a Adán, que había caído en poder de los demonios. Era conveniente, pues, que Cristo venciese al demonio, en el sitio en que el demonio había vencido al primer hombre, bajo la figura de la serpiente”.

[3] Fabrice Hadjadj, La fe de los demonios (o el ateísmo superado), Nuevo inicio, Granada, 2009, p. 41.

[4] Cf. F. Miguel Willam, La vida de Jesús, en el país y pueblo de Israel, Espasa-Calpe, Madrid, 1954, p. 105.

[5] Giovanni Papini, Historia de Cristo, Fax, Madrid, 1932, p. 80.

[6] Giovanni Papini, o.c., pp. 80 y s.

[7] San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 13,1 San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 13,1

[8] Cf. Miguel Willam, o.c., p. 107.

[9] Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum super Matthaeum, hom. 5 

[10] Cf. Remigio Vilariño, Vida de Nuestro Señor Jesucristo, Mensajero del Corazón de Jesús, Bilbao, 1912.

3 comentarios en “Estructura y psicología de las tentaciones (3): Los lugares de las tentaciones y su significado

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