Mi sagrada Familia (I): Los mitos sobre un Gaudí masón o esotérico.

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1.- Los mitos sobre un Gaudí masón o esotérico.

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Joan Bassegoda Nonell, máximo experto en Gaudí

Muchos han tratado de presentarnos un Antonio Gaudí masón, drogadicto incluso homosexual, donde su catolicismo sería una excusa para ocultar una obra esotérica sólo para iniciados. Sin embargo podemos afirmar que todo es una campaña constante para esconder al verdadero Gaudí: un hombre de fe, entregado a la obra de Dios. Nuestro arquitecto fue sinceramente católico, tras un proceso de conversión y nunca tuvo nada que ver con la masonería. Así lo demostró en algunos artículos nuestro querido, y ya fallecido, Juan Bassegoda Nonell, que fuera director de la Cátedra Gaudí y el máximo experto en su vida y obra.

podemos afirmar que todo es una campaña constante para esconder al verdadero Gaudí: un hombre de fe, entregado a la obra de Dios.

Es verdad que siendo joven, Gaudí se perfilaba como un “bon vivant”. Le gustaba vestir lujosamente y era un prometedor arquitecto que hubiera podido conseguir todo lo que hubiera deseado: fama y dinero. En su vida sólo se enamoró una vez de una mujer pero sufrió un desengaño amoroso. Desde entonces sólo buscó otro amor, el de Dios.

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Proyecto de final de carrera de Gaudí

Ya en la Escuela de arquitectura los avatares de la Providencia le dispusieron a enfrentarse al trabajo final de Carrera, consistente en un boceto. En el curso de 1874-75, esbozó una magnífica puerta de cementerio, inspirado del texto de Apocalipsis 4,1, que reza: “Después de estas cosas, tuve una visión y vi una puerta abierta en el cielo”. La puerta que dibujó Gaudí aún se conserva y está ornamentada con motivos apocalípticos que poco a poco darían sentido a su gran obra: la Sagrada Familia.

De hecho, años después, ante sus dudas sobre si aceptar o no la propuesta de asumir la construcción de la Sagrada Familia, le espetaron la siguiente consideración, que fue definitiva: “El Apocalipsis es la fuente de inspiración de los templos cristianos de todos los tiempos”. La mayoría de las catedrales representen en sus fachadas el juicio final. Y, en cierta medida, eso es lo que quedará reflejado en la Sagrada Familia, con la apoteosis de la fachada de la Gloria (aún por construir): el juicio final y el triunfo de la Iglesia.

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Ayuno de Gaudí, versionado por Opisso.

Gaudí, para prepararse ante tan magna obra inició, en la cuaresma siguiente a la aceptación del proyecto, una intensa penitencia de ayuno, contaba con 31 años. Encerrado en su casa, no abría la puerta a los amigos y estaba echado en la cama sufriendo los rigores del ayuno. Preocupados por su vida, sus amigos hubieron de acudir al Obispo Torras y Bages, con el que tenía una gran amistad, para que lo rescatara de su penitencia. Con esta preparación, Gaudí había asumido aquella máxima de Fra Angélico: “Quien desee pintar a Cristo sólo tiene un camino: vivir con Cristo”. Este proceso de identificación crística, al igual que los pintores de iconos, lo inició Gaudí en esa cuaresma y ya le acompañó toda su vida.

“No hay que confundir la pobreza con la miseria. La pobreza lleva a la elegancia y la belleza”

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Gaudí, de Opisso

Podemos decir que el genial arquitecto catalán se sometió (no sabemos si explícitamente) a los tres votos de pobreza, castidad y obediencia. Por un lado fue célibe toda su vida; por otro vivió una pobreza y austeridad evangélicas, admirables debido a su fama y prestigio. Muchos le tomaban por loco, pero él quería vivir la pobreza. Llegó a llevar un cordón por cinturón para sujetarse los pantalones. Sin embargo, incluso en esta actitud vital, emanaba un porte especial. La pobreza debía ser reflejo de una virtud. Por eso, en algún momento llegó a decir: “No hay que confundir la pobreza con la miseria. La pobreza lleva a la elegancia y la belleza”; otra de sus frases recogidas por algún discípulo era: «Hay que comer y dormir lo justo para subsistir». O bien, “el invierno es para pasar frío y el verano para pasar calor” (en referencia a los gastos que hacemos para conseguir lo contrario).

Respecto a la obediencia, se manifestó en su obra arquitectónica que siempre quiso que se sometiera a Dios por imitación de la naturaleza. “Ars imitatur naturam”, decía Aristóteles, y la naturaleza es la creación de Dios. De hecho, por ejemplo, por unas cuestiones simbólicas de numerología, la Sagrada Familia debía medir 180 metros, pero él la rebajó a 170, pues la montaña de Montjuic mide 173 mts. Y esta decisión la justificaba así: “la obra del hombre no puede superar a la obra de Dios”.

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Conopeo

Respecto a la obediencia, Gaudí la manifestó especialmente en el servicio a la liturgia. La obediencia del arquitecto se manifestó en una bonita anécdota. No entendía porque una norma litúrgica obligaba a cubrir el sagrario con un conopeo (el velo que cubre el sagrario y representa el Tabernáculo o tienda que acogía al Arca de la Alianza). Gaudí pensaba que esta norma dificultaba que la belleza de los sagrarios se manifestara a los ojos de los fieles. Un amigo le sugirió que escribiera a Roma para ver si era posible obviar esa norma litúrgica. Desde Roma contestaron que no, pues cumplía unas funciones litúrgicas fundamentales. El conopeo representaba la culminación de la Alianza de Dios con la humanidad. Gaudí lejos de enfadarse (y eso que era una persona con mucho genio) lo aceptó tranquilamente, pues empezó a entender que el arte debía estar al servicio de la liturgia y no al revés.

No soportaba la expresión modernista pues era el término que, en su época y ahora, determina la herejía condenada por San Pío X en la encíclica la Pascendi.

Gaudí evitó toda su vida que le consideraran un arquitecto modernista y original. Así se entienden frases suyas que quedaron recogidas: «La originalidad consiste en el retorno al origen; así pues, original es aquello que vuelve a la simplicidad de las primeras soluciones … lo demás es extravagancia». Gaudí veía tanto el modernismo como el neogótico como extravagancias y formas de anti-arte. No soportaba la expresión modernista pues era el término que, en su época y ahora, determina la herejía condenada por San Pío X en la encíclica la Pascendi. Por cierto mientras que Gaudí vivía en el Park Güell, en su cuarto tenía un precioso retrato de Pío X.

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Roser Segimon y Pere Milà.  Ella fue dueña de la casa Milà.

La obediencia se demuestra también en saber obedecer a Dios antes que a los hombres. Esto lo refleja muy bien su conflicto con los dueños de la Casa Milà (la Pedrera), concebida como un pilar de Montaña y Mar (piedras ondulantes) a la Virgen del Rosario (Roser se llamaba a Viuda de Milà y la Verge del Roser era la Patrona de Gracia). La Virgen del Rosario debía culminar la Pedrera y estar flanqueada por san Miguel y San Gabriel. Pero la Semana Trágica (revueltas revolucionarias en Barcelona en 1909) truncó el proyecto por temor de la Dueña a que quemaran su casa. Aún en las cornisas de la Pedrera se puede ver la rosa mística y las palabras, en latín del Ave María.

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Imagen de la Virgen del Rosario que debía coronar la Pedrera

La dueña no estaba muy contenta pues Gaudí, ya en una fase mística ponía al lado de los espejos frase como ”recuerda polvo eres y en polvo de convertirás”. Igualmente no hay obra de Gaudí que rezume símbolos religiosos. Un ejemplo son las misteriosas bolas de piedra que encontramos por los paseos del Parque Güell, son cuentas de rosario para poder rezarlos paseando.

Otro modo de aceptar la obediencia es someterse a los tiempos de Dios y la Providencia. Con otras palabras, luchar contra el voluntarismo. Gaudí decía a los que le acuciaban para que se diera prisa en acabar la sagrada Familia: «La obra de la Sagrada Familia va lentamente, porque mi Cliente no tiene prisa». En otra ocasión comentó: “Esta obra la acabará san José”.

Javier Barraycoa

 

3 comentarios en “Mi sagrada Familia (I): Los mitos sobre un Gaudí masón o esotérico.

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