Prólogo a “Mis ideas políticas” de Charles Maurras (1)

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La editorial Fides, ha publicado “Mis ideas políticas” de Charles Maurras. Por desgracia son pocas las traducciones que tenemos de uno de los intelectuales más paradigmáticos de la Francia del siglo XX. He tenido el placer de prologar esta selección de textos que realizó el propio Maurras. Espero que el prólogo ayude a conocer un poco más apersonare y su tiempo.

 

Prólogo a “Mis ideas Políticas” de Charles Maurras – parte 1.

Con motivo de la celebración del centenario del fin de la Primera Guerra Mundial, la ministra de Cultura, François Nyssen, decidió retirar del Libro de Conmemoraciones toda referencia a Charles Maurras. La excusa fueron las protestas de los lobbies antirracistas, antisemitas e incluso LGTB. No le podían perdonar a una de las mentes más influyentes del siglo XX francés, haberse posicionado durante la Segunda Guerra Mundial con el gobierno de Vichy. Ello denota que el rodillo imparable de la corrección política sigue aniquilando toda referencia que nos permita entender el pasado reciente y, por tanto, el presente. De Maurras se podría decir que muchos hubieran deseado que nunca hubiera existido. Su sola presencia, a lo largo de la primera mitad del siglo XX, pone en duda el relato del mito del progreso social en Francia y desvela el profundo fracaso y sentimiento de ofuscación que produjeron los principios de la Revolución francesa en el inconsciente colectivo de la nación gala.

La reedición del texto que nos aporta la editorial Fides, bajo el título de Mis ideas políticas, supone un acto de valentía. Y ello, no sólo por rescatar trazos de su pensamiento, sino por ayudar a recuperar la figura de un hombre que no encajó en su tiempo, pero que sin él tampoco se puede explicar la vida política de la Francia de su tiempo. Muchos han querido enterrar tanto su figura como su obra, pero inevitablemente acaba resurgiendo cuál Ave Fénix de sus cenizas. En la medida que el liberalismo apátrida, globalizador y capitalista, toma nuevos impulsos, el pensamiento de Maurras es como una medicina especialmente prescrita contra la lacra social que aquél representa.

Sólo sus reflexiones ante el fracaso de la Francia republicana y su apuesta por una Monarquía Católica (siendo él mismo agnóstico), lo convierten en un pensador maldito para la modernidad.

Sus ideas fuertes en torno al “nacionalismo integral”, sus distingos hacia lo que es la Patria, el sentido de la autoridad, el rechazo de la igualdad y el autoritarismo jacobino o simplemente su aborrecimiento de la vulgar y vulgarizante democracia surgida de la revolución francesa y su “decandentismo”, son perfectamente seleccionadas en este volumen. Sólo sus reflexiones ante el fracaso de la Francia republicana y su apuesta por una Monarquía Católica (siendo él mismo agnóstico), lo convierten en un pensador maldito para la modernidad. No en vano, su influencia fue impresionante en torno a círculos intelectuales de todo el mundo, no sólo franceses. Hoy se nos antoja como un autor de referencia imprescindible, para reconfigurar las categorías primigenias de lo político y admirar cómo un hombre, meramente con su pluma, estuvo a punto de cambiar la historia de Francia.

El personaje y el contexto

Caso-deyfusMaurras había nacido en Martigues (Bouches-du-Rhône), un 20 de abril de 1868, en el seno de una familia provenzal. Aunque pronto marchó París para estudiar humanidades greco-latinas, su ascendencia periférica le señalaría el camino del regionalismo y la riqueza de la diversidad frente el centralismo jacobino igualador fruto de la Revolución francesa. Llegado a París, pronto empezó a colaborar con diversas revistas y perfilar el pensamiento de la “razón clásica”, o latinismo, frente a la decadencia propiciada por el romanticismo irracionalista o bien contra el exceso de la racionalidad revolucionaria. Pero su deambular teórico hubo de afrontar la realidad concreta y cruel de la política. La fundación de la asociación la Acción Francesa, coincidiría en el tiempo con el polémico “caso Dreyfus” por el que este militar francés, judío y alsaciano fue acusado de espionaje a favor de los alemanes. Corría el año 1899 y el escritor Émile Zola publicó el famoso J’Accuse, a modo de alegato en favor de Dreyfus y, en el fondo para avergonzar a los restos de la Francia católica y tradicionalista. La tormenta política en el país galo, contra todo pronóstico, fue monumental y desveló una escisión (en el marco de la III República) hasta entonces encubierta.

Emergieron así, nuevamente, las dos Francias. Una era la de derechas (en sentido fuerte), católica, monárquica y desconfiada del judaísmo; otra era la republicana, de izquierdas, laica y masónica. Las Francia tradicional amaneció de la noche a la mañana consciente de su fuerza pues hasta entonces estaba dominada por el complejo de no tener un lugar en el ámbito político. Tras la aparente derrota del catolicismo tras 1789, resurgió un frente político y religioso, patriótico y nacionalista que reverdeció una derecha política desorientada hasta entonces y prácticamente agónica. El trasvase de católicos tradicionalmente monárquicos al republicanismo que parecía inevitable, se cortó de golpe. De nuevo la idea de restaurar una monarquía no sólo se veía factible sino imprescindible para sacar a Francia del pozo decadente del siglo XIX. En 1899 nacía la asociación Action Française, donde se concentró lo más excelso de la intelectualidad católica francesa. En el marco de esta asociación se constituyó una liga política (1902), un instituto con cátedras para la enseñanza (1906) y el periódico L’Action Française (1908). Se creó una milicia propia, los Camelots du roi, para garantizar la venta del mítico periódico y defenderse en la calle ante las confrontaciones con los republicanos.

Las Francia tradicional amaneció de la noche a la mañana consciente de su fuerza pues hasta entonces estaba dominada por el complejo de no tener un lugar en el ámbito político.

Maurras, no deja de ser el hijo de una Francia escindida en lo más profundo de su ser. Antes de la revolución francesa, para la mayoría, ser católico y francés era una misma e indisoluble identidad. Tras la Revolución, el católico es un sospechoso sistemático que debe renunciar a su fe para transformarse en verdadero ciudadano; de ser el francés por excelencia pasa a ser el proscrito y el subversivo. Como señala con toda agudeza Bernard Dumont, en esa Francia decimonónica: “De un lado subsiste el pueblo católico, pero el Estado confesional ha cesado de existir. Desde entonces subsiste la masa aún mayoritaria de los católicos franceses, pero el Estado católico ha desaparecido. De allí deriva un desgarrón en la conciencia católico-francesa, enfrentada a una doble ruptura trágica –en el sentido estricto de la palabra– de exclusión fuera de su propia casa y de división entre la ciudadanía y la profesión religiosa”.

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Maurras

Todos los ensayos revolucionarios y liberales para constituir una sólida República laica de ciudadanos virtuosos, toparon con cruda la realidad. La utopía revolucionaria no llegaba a pasear de múltiples oleadas revolucionarias y el poso católico y monárquico francés -aunque inconsciente de su potencial- no acababa de desaparecer. Como señala Francisco José Fernández de la Cigoña: “la Revolución de 1789, el Terror, el Imperio y las guerras napoleónicas, la Restauración borbónica, la Monarquía burguesa de Luis Felipe, la República, el Imperio de Napoleón III, la derrota de Sedan y la invasión alemana, la pérdida de Alsacia y Lorena, la Commune, eran demasiados acontecimientos para ser digeridos en menos de cien años de historia. Y la República que advino a la caída del tercer Napoleón era tan poco republicana que se la llamó la República de los Duques y en ella los monárquicos tenían la mayoría absoluta en las Cámaras. Una falta de entendimiento a última hora impidió la restauración en el Conde de Chambord de la Monarquía francesa. Las fuerzas de la otra Francia necesitaban una bandera y la encontraron en Dreyfus”.

Todos los ensayos revolucionarios y liberales para constituir una sólida República laica de ciudadanos virtuosos, toparon con cruda la realidad. La utopía revolucionaria no llegaba a pasear de múltiples oleadas revolucionarias

Como hemos señalado más arriba, el caso Dreyfus fue el inesperado resorte que provocó una catarsis en la conciencia de la mitad de Francia. Y ahí estuvo Maurras para encauzar ese caudal de frustración y energía hacia una regeneración del pensamiento político francés. Tuvo que ser un agnóstico el que cogiera las riendas de la defensa del papel fundamental de la Iglesia en el ámbito público, llegando a escribir: “el catolicismo es la única institución orgánica y viva de espíritu universal. Debilitarlo hoy es debilitar el último signo terrestre de la unidad del género humano”. Entre las primeras acciones de los Camelots du Roi fue el homenaje a Santa Juana de Arco, desbordando los cordones policiales que trataban de impedirlo. Fue la epifanía del catolicismo monárquico francés que surgía de las catacumbas para pasar a la ofensiva.

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Camelots du Roi

Pero quizá, lo más inesperado de la Acción francesa fue la capacidad de atraerse lo más granado de la intelectualidad gala del primer tercio del siglo XX. No pocos fueron los republicanos que se “convirtieron” en monárquicos. A los ataques de ciertos sectores romanistas ante el miedo que Maurras monopolizara el catolicismo francés, el pensador Albert Marty respondía: “Pero, ¿qué vemos en todos los terrenos?, ¿quién está a la cabeza de todo? En Ciencias Sociales: La Tour du Pin, de la Acción Francesa; en Filosofía: Jacques Maritain, de la Acción Francesa; en crítica literaria: Henry Massis, de la Acción Francesa; en hagiografía, el autor de San Agustín y Santa Teresa: Louis Bertrand, de la Acción Francesa; en pintura religiosa: Georges Desvalliéres y Maurice Denis, de la Acción Francesa. ¿Quién es el renovador del teatro religioso? Henri Gheón, de la Acción Francesa. Entre los novelistas católicos acaba de aparecer una nueva estrella; el autor de “Sous le soleil de Satan”, Georges Bernanos, también de la Acción Francesa … “. Nadie hubiera sido capaz de pronosticar el aluvión de líderes sociales e intelectuales que llegaron a formarse bajo la figura de Maurras.

Javier Barraycoa

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4 comentarios en “Prólogo a “Mis ideas políticas” de Charles Maurras (1)

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