Prólogo a “Mis ideas políticas” de Charles Maurras (4)

 

Prólogo a “Mis ideas políticas” de Charles Maurras – parte 1

Prólogo a “Mis ideas políticas” de Charles Maurras (2)

Prólogo a “Mis ideas políticas” de Charles Maurras (3)

Prólogo a “Mis ideas políticas” de Charles Maurras (4)

 

La influencia de Maurras en España e Hispanoamérica

La fuerza de las ideas maurrasianas sirvió para atraer a los ideales legitimistas una variedad de jóvenes intelectuales sin ninguna conexión con el mundo vendeano o chuan. La calidad de su periódico contribuyó al renacer del legitimismo francés y -podríamos decir- fue el primer gran laboratorio de ideas para la derecha no sólo francesa sino de múltiples países desde Portugal, Italia, Bélgica, Suiza, España y Austria hasta América. En este continente rastreamos su influencia desde el Canadá francés, al catolicismo irlandés estadounidense y el conservadurismo hispanoamericano. En este sucinto prólogo querríamos, al menos, hacer una referencia a la influencia en España e Hispanoamérica.

Grupos nacionalistas apoyo golpe 1930

Agrupación Patriótica AURORA (Argentina)

Como apunta el profesor José Díaz Nieva: “No cabe duda que en la configuración doctrinaria del nacionalismo político en la Argentina es el resultado de la fusión de la influencia del nacionalismo integral, antirromántico, contrarrevolucionario y antidemocrático de Charles Maurras, y el espíritu de reivindicación de lo hispánico”. En Bueno Aires, Juan E. Carulla, el director temporal en 1925 de La Voz Nacional, sería a través de quién se difundiría primeramente la obra de Maurras. Se ha considerado a esta publicación la primera de carácter nacionalista aparecida en la Argentina. Con el tiempo Carulla, como tantos otros, abandonó el “nacionalismo integral”, hasta acabar convirtiéndose en un “cipayo” o partidario de Estados Unidos. Pero los verdaderos conculcadores del pensamiento maurrasiano en Argentina fueron los hermanos Julio y Rodolfo Iraztuza. Viajaron a Europa y convivieron con Maurras. Al volver a Argentina fundaron en 1927 el periódico La Nueva República. Su redactor-jefe sería Ernesto Palacio que -tras su conversión al catolicismo- elaboró al estilo maurrasiano una teoría política antiliberal y nacionalista con una apología del autoritarismo sobre la anarquía.

La calidad de su periódico contribuyó al renacer del legitimismo francés y fue el primer gran laboratorio de ideas para la derecha no sólo francesa sino de múltiples países desde Portugal, Italia, Bélgica, Suiza, España y Austria hasta América

En Brasil, la impulsiva llegada del comunismo a la vida política con la fundación del Partido Comunista Brasileño, en 1922, y la rebelión en la Fortaleza de Copacabana, creó reacciones políticas e intelectuales. Se explica así la aparición de la revista A Ordem uno de cuyos baluartes fue Jackson de Figueiredo Martins, que se ha llegado a comparar con el pensador contrarrevolucionario portugués Antonio Sardinha. Jackson de Figueiredo, en la línea maurrasiana, escribía: “La revolución es el suicidio mismo, por lo menos la tentativa de suicidio, de los pueblos. Es la prueba de la falta de inteligencia, y de la firmeza en la resolución de las dificultades, que la vida presenta, no sólo en los individuos, sino también para las naciones”. La influencia de la revista A Ordem fue enorme entre los sectores católicos brasileños antiliberales. El que se considera sucesor de Jackson, el también converso Alceu de Amoroso Lima, fue uno de los grandes batalladores católicos contra la democracia cristiana injertada por Maritain en torno a la la Organización Demócrata Cristiana Americana (ODCA). El maurrasianismo quedó organizado a su vez, en la llamada Acción Integralista Brasileña.

hqdefault.jpgLa huella de Maurras la encontramos también en Colombia, aunque más minoritaria, en el grupo de los “Leopardos” (acrónimo de la Legión Organizada para la Restauración del Orden Social). Eran un grupo de estudiantes pertenecientes al Partido Conservador por insatisfechos con lo que consideraban una política de “primates” o ancianos que dominaban el partido. Por el contrario, deseaban reflejarse en los Camelots du roi. Camilo Barrera Vargas afirmaba: “Los Leopardos han querido importar a las luchas políticas de Colombia la agresividad explosiva y fanática de los monarquistas franceses”. En 1924, vería la luz el llamado Manifiesto Nacionalista. El escrito denuncia un nacionalismo “criollo” fundamentado las luchas regionalistas y la presencia de capital extranjero. Para combatir estos males, los Leopardos manifestaban su deseo de incluir en el debate político colombiano la cuestión social, la defensa de la religión católica y la protección la familia.

La huella de Maurras la encontramos también en Colombia, aunque más minoritaria, en el grupo de los “Leopardos” (acrónimo de la Legión Organizada para la Restauración del Orden Social).

En México la obra de Maurras llegaría a través de Jesús Guisa y Acevedo, conocido precisamente como “el pequeño Maurras”. Guisa fue colaborador del periódico Excelsior, uno de los escasos medios de la época que apoyó públicamente a los cristeros y se opuso a la política anticlerical de Calles. Debido a sus artículos fue exiliado a Estados Unidos. A su regreso pudo fundar la revista Lectura. Revista Crítica de Ideas y Libros, en la que se reproducían trabajos de Paul Claudel, Hillaire Belloc, Charles Maurras o José María Pemán, entre otros. En el orden político, fue fundador del Partido de Acción Nacional (PAN), pero pronto se apartaría de él pasando a integrarse en las filas del movimiento sinarquista. La influencia de Maurras acabará impregnando su obra más madura y de gran influencia en el ámbito mexicano: Doctrina política de la reacción.

41l3ZC6-7pL._SX331_BO1,204,203,200_En Perú, Maurras influyó notablemente en el nacionalismo de la llamada generación del novecientos, que era la que había sido sacudida por la derrota que sufrió el Perú en la Guerra del Pacífico, contra Chile. Igualmente, en Venezuela, Maurras tuvo su peculiar interpretación. El militarismo político dominante en el primer tercio del siglo XX, llevó a que surgieran obras de influencia maurrasiana como Cesarismo democrático, de Laureano Vallenilla Lanz. En boca de José Díaz Nieva: “El libro elabora la más importante y popular interpretación de un Bolívar visto desde la derecha; un Bolívar conservador, autoritario y personalista”. Toda una curiosidad intelectual. Según argumentaba Vallenilla, en las naciones hispanoamericanas “condenadas por causas complejas a una vida turbulenta, el caudillo ha constituido la única fuerza de conservación social”. La relación de filomaurrasianos hispanoamericanos sería muy extensa, pero deseamos centrarnos brevemente en la recepción de Maurras en España.

En México la obra de Maurras llegaría a través de Jesús Guisa y Acevedo, conocido precisamente como “el pequeño Maurras”. Guisa fue colaborador del periódico Excelsior, uno de los escasos medios de la época que apoyó públicamente a los cristeros

Esta influencia tiene dos vertientes, una su clara influencia en el catalanismo y otra en el pensamiento neotradicionalista. Respecto a Cataluña, como bien ha desbrozado el profesor Ucelay-Da Cal, la influencia maurrasiana en el catalanismo -aunque ocultada- fue determinante. La revista de la Acción francesa llegaba a muchos recodos del Principado y se puede afirmar que empapó a la mayor parte de la intelectualidad catalana: desde Santiago Rusiñol a Josep Pla, pasando por Eugeni d’Ors, Cambó, Estelrich, J. V. Foix, Josep M. Junoy, Carles Cardó, Rossend Llates, Ferran Soldevila o Joan Crexells, entre otros muchos. De hecho, toda la generación “noucentista” leyó a Maurras. La coincidencia entre el concepto de latinidad, el regionalismo o el antijacobinismo que defendía Maurras y la ideología “oficial” de la Lliga, hacían inevitable la catarsis que producía el de la Provenza en el pensamiento catalanista. Más aún, paradójicamente se le considera unos de los “modernizadores” del catalanismo que abandonaba, gracias a la Lliga, las viejas aspiraciones de Torras i Bages de un catolicismo regionalista y orgánico por un nacionalismo a la forma “moderna”. En cuanto a las Vascongadas, el maurrasianismo llegó a través de la “Escuela Romana del Pirineo” (denominada así por Eugeni d’Ors, el introductor allí del pensamiento maurrasiano), que se reunía en la famosa tertulia del café Lyon d’Or de Bilbao.

m023bSorprendentemente, la influencia de Maurras -en cuanto que un modo de neotradicionalismo- fue más fuerte en los movimientos regionalistas que no en el carlismo. En una primera lectura superficial parecería que la revista Acción española pretendía ser una réplica de la Acción Francesa, en cuanto que intento de rehacer unas derechas españoles desnortadas y abatidas durante la II República. Pero al respecto, el profesor Miguel Ayuso reinterpreta esta relación. En 1931 aparecía Acción española fundada por Ramiro de Maeztu y Eugenio Vegas Latapié. Éste último, proveniente del Partido Integrista y vinculado a la rama liberal borbónica, pretendía que la monarquía se regenerara volviendo a sus principios tradicionalistas, pero sin pasar por la rama carlista. A priori el esquema maurrasiano era un paradigma ideal sobre el que montar una doctrina regeneracionista y monarquista ante la República. Pero Vegas Latapié no podía aceptar -por principio- el agnosticismo de Maurras. Nunca se identificó con su doctrina, siendo de los pocos que previó el factor revolucionario (el positivismo comteano) que contenía su pensamiento. Pero sí que se dejó admirar, como tantos otros, por el potencial y el método activista de la Acción francesa. Fernández de la Mora llegó a definir con toda rotundidad cómo desdela revista Acción española se veía a la Acción Francesa: “Acción francesa era positivista, paganizante, determinista y nacionalista, mientras que Acción española era iusnaturalista, católica, providencialista e hispánica, o sea ecuménica. A Maurras le gustaba lo clásico y a Maeztu el barroco. Ni siquiera coincidían en la monarquía porque la francesa era absolutista, mientras que la española era limitada”.

En 1931 aparecía Acción española fundada por Ramiro de Maeztu y Eugenio Vegas Latapié. Éste último, proveniente del Partido Integrista y vinculado a la rama liberal borbónica, pretendía que la monarquía se regenerara volviendo a sus principios tradicionalistas, pero sin pasar por la rama carlista.

No se puede negar que Maurras fuera recogido -pero filtrado por el tamiz del pensamiento tradicionalista católico hispano- por los hombres de la Acción española. Pero los intentos de continuación de esa obra intelectual por Eugenio Vegas Latapié, durante la Guerra Civil y tras ella, fueron infructuosos. Incomprensiblemente, el nuevo Régimen prohibió la reaparición de Acción española y el tradicionalismo católico intelectual español hubo de buscar nuevos e infructuosos caminos para preservarse, como la revista Arbor. No se puede negar que la sombra de Maurras siempre estuvo presente en esos nuevos senderos. Pero a diferencia de lo que hiciera el catalanismo, el pensamiento católico y tradicionalista español expurgó los elementos paganizantes de Maurras recogiendo sólo lo que de verdadero sabor tradicionalista tenía. Esta situación nos da razón a la hora de afirmar la dificultad de clasificar y calificar el pensamiento de nuestro autor: capaz de ser tenido a veces como padre del fascismo, otras como el impulsor del tradicionalismo, otras como el gran regionalista que iluminó a los futuros nacionalistas separatistas. Lo cierto es que su figura, más temprano que tarde, siempre aparece cuando se trazan las influencias y configuraciones del pensamiento político del siglo XX. De ahí que su olvido intencionado sea imperdonable.

Javier Barraycoa

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Un comentario en “Prólogo a “Mis ideas políticas” de Charles Maurras (4)

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