Laudatio a George Weigel

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El 14 de noviembre de 2007, la UNiversidad Abat Oliba, concedía el Doctorado Honoris Causa al Excmo. Sr.George Weigel, teólogo, escritor y periodista norteamericano. Me tocó, como corresponde en estos actos, realizar la laudatio del investido. Como hasta ahora no había sido publicada, aprovecho para lanzarla desde este blog.

LAUDATIO A GEORGE WEIGEL

Exmos. e Ilmos. Señores, Autoridades presentes, Compañeros de Claustro, profesores, alumnos, señoras y señores,

Las autoridades académicas me han honrado con el encargo de exponer los motivos por los que nuestra joven Universidad ha decidido nombrar Doctor “Honoris Causa” al Exmo. Sr. D. George Weigel. Una antigua tradición nos invita a que un miembro de la comunidad académica rememore los méritos del futuro Doctor que pasará, en breve, a formar parte –como miembro de pleno derecho- de nuestro Claustro.

En el dintel de la puerta de entrada de nuestra querida Universidad se puede leer la divisa que debe regir nuestra labor docente: “Viam Sapientiae Monstrabo”, “Mostraré el camino de la sabiduría”. Tanto las autoridades académicas como todo nuestro claustro sólo pueden admitir en su seno a aquéllos que ha hecho de este lema su referente profesional y vocacional; a aquéllos que no entienden simplemente la “sabiduría” como un mero saber técnico y profesional, sino en su sentido más vital. Y qué máxima expresión de la Sabiduría, sino el Don del Espíritu Santo que lleva su nombre. Ojalá en todos nosotros fructificara ese Don ¡Qué fácil se tornaría nuestra labor docente!; Con su peculiar ingenio, San Isidoro de Sevilla afirmaba que: «el nombre de sabiduría viene de sabor; como el gusto sirve para conocer el sabor de los alimentos lo mismo la sabiduría, es decir, el conocimiento que se tiene de las criaturas por el primer principio, y de las causas segundas por la causa primera, es una regla segura para juzgar bien de cada cosa»[1].

En nuestro claustro sólo podemos admitir a aquellos que gusten de transmitir la posibilidad de realizar un juicio sobre la realidad, fundamentado en el Principio de la propia realidad, porque cualquier otro saber es vano y absurdo. Por eso, creo que el George Weigel merece pertenecer a nuestra comunidad pues, a lo largo de los años, se ha convertido en un referente para los que quieren juzgar de las cosas desde la verdadera Sabiduría. Quizá le ha ayudado su formación de teólogo. Una formación que –contra lo que pudiera parecer- no le ha alejado de la realidad, sino que le ha permitido comprenderla mucho mejor. Muestra de ello es su fecunda labor no sólo como docente, sino también como escritor, investigador, biógrafo y periodista.

weigel3Pasaré a relatar sucintamente el itinerario vital y profesional que le ha hecho merecedor de este doctorado “Honoris Causa”. George Weigel nació en Baltimore, Maryland, en 1951. Como él mismo nos recuerda en una de sus obras[2], Baltimore era una de las ciudades más católicas de los Estados Unidos, donde se vivía el catolicismo con una intensidad especial. Recordemos que el Catecismo de Baltimore, se extendió por toda Norteamérica como modelo de expresión y síntesis de la doctrina cristiana. Sus experiencias de infancia y juventud le permitieron vivir y sentir experiencias que le llevaron a contemplar la realidad de otro modo. El asombro de sus amigos protestantes, ante sus hábitos y vida católicos, le llevaron a entrever que sobre mundo se puede realizar un juicio diferente.

Formación

Con la connaturalizad que ofrece una educación católica, estudió en el St. Mary’s Seminary and University, cursando posteriormente un Máster en la University of St. Michael’s College. Su formación teológica no le ha impedido desplegar una intensa actividad cultural, social y política, siendo Consejero del Ethics and Public Policy Center, a la vez que presidente de esta institución entre los años 1989-1996; igualmente es colaborador del think tank Discovery Institute, Religion, Liberty, & Public Life Program, cuya finalidad es defender las tesis creacionistas frente al evolucionismo secularizante; o, también, es Presidente fundador de la James Madison Foundation, ocupando el cargo de presidente entre los años 1986-1989. Esta fundación tiene como finalidad extender en las escuelas norteamericanas el conocimiento de su Constitución, como fundamento de una sana vida política. Weigel es, a su vez, miembro emérito del Institute on Religion and Democracy y colaborador de The Center for Bioethics and Human Dignity, siendo firmante de la carta abierta al Presidente George W. Busch sobre la clonación humana (2002). Igualmente, ha colaborado en el Project for the New American Century: Founding Statement of Principles.

weigel6Esta impresionante labor cultural, social y política la ha combinado con la labor docente siendo Profesor asistente de teología en el St. Thomas Seminary School of Theology y en otras instituciones de gran prestigio. Cabe destacar también su labor periodística en la revista First Things, como miembro del Consejo editorial. Esta revista fue fundada por Richard John Neuhaus, sacerdote católico converso del luteranismo, y tiene como misión el diálogo entre la fe y la alta cultura. La labor periodística de George Weigel es extensa y fructífera y se nos torna imposible detallarla en toda su extensión. Por detenernos en algún aspecto relevante, decir que Weigel es responsable de una columna semanal, The catholic Difference, que aparece en dieciséis periódicos norteamericanos. Su presencia es habitual en debates televisivos y radiofónicos para ofrecer al público la perspectiva católica de las noticias. Por eso, desde hace varios años es el comentarista de temas religiosos y asuntos Vaticanos de la cadena NBC News.

Reconocimientos y méritos

Entre los reconocimientos que ha recibido en el mundo entero, cabe destacar la medalla de oro Gloria Artis, que concede el gobierno Polaco; o la Cruz Pro Ecclesia et Pontifice que fue instituida en 1888 por el Papa León XIII, hace 125 años, para reconocer los méritos de clérigos o laicos, hombres o mujeres, en su servicio al Pontificado, siendo la más alta condecoración que otorga el Vaticano. Además, ha sido galardonado con ocho doctorados honoríficos por diferentes universidades de todo el mundo.

weigel8De entre todos sus méritos quiero resaltar su fecunda labor como escritor. Weigel es autor o editor de diecisiete libros, entre los que podemos incluir Catholicism and the Renewal of American Democracy (Paulist, 1989), The Final Revolution: The Resistance Church and the Collapse of Communism (Oxford, 1992), Soul of the World: Notes on the Future of Public Catholicism (Eerdmans, 1994), The Truth of Catholicism: Ten Controversies Explored (HarperCollins, 2001), The Courage To Be Catholic: Crisis, Reform, and the Future of the Church (Basic Books, 2002), Letters to a Young Catholic (Basic, 2004), y The Cube and the Cathedral: Europe, America, and Politics Without God (Basic, 2005). Todas sus obras tienen como denominador común realizar un juicio católico sobre el mundo actual, no como mera crítica sino como ofreciendo la posibilidad de pensar una realidad mejor y dotarnos de argumentos para actuar en ese sentido. Por eso, podemos decir que sus obras desbordan esperanza.

Quizá, la obra que le ha proporcionado más fama mundial, ha sido la biografía de Juan Pablo II, titulada precisamente Testigo de esperanza. Este libro, sin ser una biografía “oficial”, está repleta de detalles, eventos, incidentes personales fascinantes, que nos permitieron conocer mejor a S.S. Juan Pablo II. Pero, también, el libro está lleno de hermosos pasajes sobre los estudios filosóficos y enseñanza de Karol Wojtila, su confrontación histórica con el comunismo, su perspectiva ecuménica, y sus viajes que tanto conmocionaron al Mundo y tanta vitalidad aportaron a la Iglesia.

Reflexión sobre tres de sus obras

Entre sus obras traducidas a lengua castellana, quiero resaltar tres.

En primer lugar, Cartas a un joven católico. Este es un texto dirigido a los jóvenes a los que presenta el catolicismo como una realidad en constante relación con el Principio de la realidad. Quizá, cabría destacar no sólo las reflexiones históricas sino también las artísticas. Así, Weigel afirma que “El espíritu católico no puede vivir sin la belleza; y el espíritu humano tampoco”[3]. De ahí el empeño histórico de la Iglesia por combatir el espíritu iconoclasta. El cristianismo es verdad encarnada y –por lo tanto- representable. De esta Verdad encarnada surgió la posibilidad del arte tal y como ha dejado su impronta en nuestra cultura occidental. Por eso, Weigel advierte que el peligro de nuestra época es intentar considerar el Mundo como desencarnado o, si se me permite, querer vivir una religión sin Encarnación. Es por ello que el verdadero paradigma de nuestra época es el espíritu de los viejos gnósticos, reactualizados en una cultura que desprecia el pasado y las tradiciones: “los gnósticos modernos –sentencia Weigel- apenas tienen relación con el pasado. (Para ellos) Todo tiene que renovarse de manera continua una y otra vez”[4].

Por eso la nueva gnosis, aspira a un mundo “desacramentado”. Sólo la Iglesia, con los sacramentos, hace posible y presente que lo divino habite entre nosotros. Este comentario sobre la nueva cultura gnóstica, ilustra un texto de Chesterton sobre la Tradición, que Weigel rescata para su obra: “La democracia –dice Chesterton- nos enseña que no se debe despreciar la opinión de cualquier ciudadano, aunque sea nuestro lacayo. Y la tradición nos exige respeto a la opinión de cualquier buena persona, aunque sea mi padre”[5]. Por eso, sigue reflexionando Chesterton, la Tradición es la democracia de los antepasados que no se somete a la “reducida y arrogante oligarquía de los que simplemente viven entre nosotros”. Este sentir de la Tradición, Weigel sabe ofrecérselo a los jóvenes para que entiendan que la verdadera tradición se encuentra en la Iglesia, y sin ella la propia democracia se convierte en una esclavitud gnóstica, en una esclavitud del presente que no reconoce el pasado y asesina el futuro.

Entre las tesis que defiende Weigel, una de ellas no deja de ser atrevida y asombrosa. En esta misma obra propone que el nuevo milenio que estrenamos será “intensamente religioso”. Y, parafraseando a Peter Berger, concluye que lo que hay que explicar sociológicamente no es la “tenacidad de la creencia religiosa, sino esos impenetrables reductos de secularismo que todavía dominan en nuestra avanzada cultura”.

weigel9En segundo lugar, quiero destacar la obra Política sin Dios. Europa y América, el cubo y la catedral[6]. El título original, El cubo y la catedral, pasado a subtítulo en la edición española, alude a dos grandes monumentos parisinos: el Arco de la Defensa y la catedral de Notre Dame. Con sospechosa coincidencia, todas las guías turísticas de la ciudad destacan que el templo gótico cabría entero en el interior del gigantesco cubo levantado para conmemorar el bicentenario de la Revolución Francesa. La observación parece ser la imagen de una tesis histórica e ideológica: la Ilustración engullendo los siglos de cultura católica que configuraron a Francia. Weigel se pregunta cuál de las dos culturas serviría de cimiento moral más sólido para la democracia: “¿La cultura que ha sido capaz de construir un cubo como éste, tan sobrecogedor, tan racional, tan preciso en la geometría de sus ángulos, pero en última instancia carente de personalidad, o la cultura que construyó las bóvedas, los pináculos, las gárgolas, los arbotantes exentos (…), es decir, las sagradas ‘asimetrías’ de Notre Dame y de otras espléndidas catedrales góticas diseminadas por toda Europa?”.

Weigel, en esta obra ha popularizado el término acuñado por Josef Weiler de “cristofobia”, para designar el mal que sufre Europa. El aviso no es menor ya que, como Weigel ha afirmado en más de una entrevista, el secularismo anticristiano está matando Europa. La extraña y artificial conexión entre libertad y “laicismo” que han pretendido ciertas elites europeas está teniendo consecuencias, afirma Weigel, “letales para la vida pública europea y para su cultura”. Desde esta crisis se puede explicar “por qué el hombre europeo ha olvidado deliberadamente su historia y abandona el arduo trabajo y la espléndida aventura de una política democrática, mientras parece preferir la falsa tranquilidad doméstica de la burocracia y la dudosa seguridad internacional que ofrece el sistema de Naciones Unidas”[7].

cartasaunjovencatolicotable50En tercer lugar, quiero hacer una referencia a la última gran obra que nos ha llegado de George Weigel. Se trata, iba a decir, de una biografía de Benedicto XVI[8]. Aunque, mejor sería señalar, se trata de una prospectiva sobre el reinado del actual Pontífice. Weigel, movido por su experiencia, se atreve a señalar cuáles serán los retos y directrices a los que se enfrentará el Papa. Los condicionantes del protocolo me exigen brevedad, por eso sólo me ceñiré a una idea que aparece al final de esta obra y que merece nuestra especial atención. Weigel nos invita a pensar que Benedicto XVI, preocupado la juventud, la vida intelectual y la santidad de la Iglesia, no dejará de preocuparse por las Instituciones de enseñanza superior de la Iglesia, esto es la Universidades católicas, donde convergen estas preocupaciones. La consideración de Weigel no es casual. No olvidemos que la mayor red de universidades católicas se encuentra actualmente en Estados Unidos. Ya el antecesor del actual Pontífice, S.S. Juan Pablo II, apuntó en su Carta Apostólica Ex Corde Ecclesiae (Desde el corazón de la Iglesia), publicada en 1990, las directrices a seguir para revitalizar las Universidades católicas. Este documento debería ser leído y meditado por todos los que pertenecemos a esta Institución, pues en él encontraremos claramente definido qué espera la Iglesia de nosotros.

Weigel acomete una reflexión que deberíamos hacer nuestra: “Al papa Benedicto XVI le importa mucho la integridad de la vida intelectual católica, así que no debería ser una sorpresa que diese unos pasos decididos para defender esa integridad, deteniendo la pantomima por las que algunas instituciones manifiestamente no católicas se presentan a sí mismas como sino lo fueran”[9]. Leyendo la Carta Apostólica Ex Corde Ecclesiae, nos puede entrar un cierto vértigo ante nuestra responsabilidad; pero también una confortante esperanza por tener una misión clara y precisa. Creo sinceramente que George Weigel, con su vasta experiencia, nos puede ayudar a recorrer este camino para alcanzar y transmitir la Sabiduría. Su itinerario vital y académico le avalan.

Tras esta exposición, y considerados sus méritos, solicito con todo respeto, y ruego encarecidamente, que se confiera al Exmo. Sr. D. George Weigel el supremo grado de Doctor “Honoris Causa” por la Universitat Abat Oliba.

Javier Barraycoa Martínez

 

[1] Sapiente dictus est sapore, quia sicut gustas est aptus ad disr.retionem scporis ciborum, sic sapiens ad dignoscentiom rerum atque causarum. Isidor. Etym., IX vº Sapiens.

[2] Cf. George Weigel, Cartas a un joven católico. Cristiandad, Madrid, 2006.

[3] Ibíd. p, 216.

[4] Ibíd. p. 112.

[5] Ibídem.

[6] George Weigel, Política sin Dios. Europa y América, el cubo y la catedral, Cristiandad, Madrid, 2005.

[7] Ibíd., p. 64.

[8] George Weigel, La elección de Dios, Benedicto XVI y el futuro de la Iglesia, Criteria, Madrid, 2006.

[9] Ibíd., p. 299.

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