«El trauma no es oír el latido del bebé; es que te abran las piernas para sacártelo»

Por su interés reproducimos esta entrevista publicada en Vozpopuli.

Leire Navaridas abortó a los 26 años. Durante una terapia para tratar unos vértigos, se dio cuenta de que lo que había hecho era «abortar la vida de su hijo». Ahora, cuenta a Vozpópuli qué supuso para ella someterse a una IVE, cómo gestionó la culpa y cómo le terminó de sanar el nacimiento de su tercer hijo

El debate del aborto ha vuelto a la palestra con la medida de Castilla y León de ofrecer a las mujeres embarazadas, especialmente a las que quieren abortar, la posibilidad de escuchar el latido de su bebé. Una medida que ha generado polémicas porque muchos consideran que es violentar a la mujer. Otros muchos, sin embargo, lo consideran «cómo mínimo, necesario». Leire Navaridas es una de ellas. Por diferentes motivos, la joven abortó a los 26 años. Durante una terapia para tratar unos vértigos, se dio cuenta de que lo que había hecho era «abortar la vida de su hijo». Tras unos años duros, en los que ha tenido que cargar con la culpa y la incomprensión, ahora cuenta a Vozpópuli qué supuso para ella someterse a una IVE, cómo gestionó la culpa, cómo le terminó de sanar el nacimiento de su tercer hijo y qué opina de la polémica en Castilla y León.

Pregunta: ¿Qué supuso, en un primer momento, abortar para usted?

Respuesta: Yo fui a abortar fría como una piedra y cuando salí no sentí nada porque yo iba totalmente desconectada y de la misma forma que entré salí.

P: ¿En qué momento esa frialdad se convierte en culpa?

R: La culpa apareció en el momento en el que yo fui consciente de que lo que aborté fue la vida de mi hijo. Cuando vamos a abortar, además de frías, vamos muchas veces con la idea falsa de que lo que tenemos en nuestro vientre no es más que un amasijo de células. Y a eso no se le da valor, nadie hace duelo por quitarse una verruga. Cuando tomé conciencia de que realmente yo estaba embarazada de mi hija y lo que aborté fue la vida de mi hija, automáticamente el sentimiento de culpa fue tremendo y volví a esa identidad mía anterior de que yo era malísima.

La culpa apareció en el momento en el que yo fui consciente de que lo que aborté fue la vida de mi hijo

P: ¿Qué pasó para que se diera cuenta de que no era un amasijo de células?

R: Yo a los pocos meses de abortar empecé una psicoterapia que no tenía nada que ver con todo aquello. Fui porque desde la universidad venía sufriendo vértigos cada cierto tiempo y, aunque a mí me lo achacaban a un fallo físico, me di cuenta de que eso tenía que ver algo con la psique. Empecé esta psicoterapia y ahí poco a poco comencé a descubrir mi realidad, empecé a reconectar todas esas conexiones emocionales y también con una novedad para mí, la espiritualidad. Enfrenté muchas cosas que yo tenía tapadas y muy escondidas debajo de la alfombra, entre ellas, todo el dolor de la muerte de mi hijo.

P: ¿Cómo se perdona a usted misma una culpa tan difícil de gestionar?

R: A mí el perdón se me resistió muchísimo porque, aunque me insistían tanto en la terapia como en mi entorno cercano, que mientras estamos vivos tenemos que buscar el tener una vida digna y feliz y que al final había sido un error, a mí se me hacía imperdonable, porque me parecía tan desalmado que no conseguía perdonarme. Poco a poco, fui entendiendo que había sido una víctima de un sistema enfermo que legitima la violencia del aborto. Entonces, empecé a sentir indignación y esa indignación sí que me permitió perdonarme, porque de alguna forma si yo lo veía reflejado en otra mujer, me parecía muy injusto que tuviera que pasar por eso.

Desde la indignación me pude comprender y me pude perdonar y a partir de ahí fue cuando empezó mi trabajo de reconstrucción que aún todavía estoy en ello. Hoy día no solo puedo hablar públicamente de este tema, para tratar de visibilizar todo lo oculto y lo manipulado, sino también para ayudar a otras mujeres.

P: Al poco tiempo se volvió a quedar embarazada, y en esa ocasión tuvo un aborto espontáneo…

R: Es muy frecuente que las mujeres que abortamos de forma violenta, al año nos volvamos a quedar embarazadas. De forma inconsciente, buscamos recuperar esa vida de nuestro hijo o hija perdida y lo hacemos volviéndonos a quedar embarazadas. Esto no indica que el embarazo se acoja de una forma alegre y positiva, porque mi segundo embarazo yo lo volví a vivir como un marrón; la diferencia fue que en esa ocasión, como yo ya había empezado con la terapia, fui a donde mi terapeuta, que primero me dio la enhorabuena y después me hizo consciente de que cuando una mujer está embarazada, lo que lleva dentro es la vida de su hijo. Hubo una frase que fue mágica para mí que fue «Leyre, deja de destruir y ponte a construir».

P: Ahora tiene un hijo de cinco años ¿cómo fue su llegada para todo ese proceso de curación?

Para mí Lander, mi tercer hijo, es la confirmación de que la vida es maravillosa, de que toda buena entrega trae sus frutos… no puedo expresar con palabras lo que supone para mí ser su madre

R: Lander, mi tercer hijo, fue muy buscado, muy querido desde el principio. Lo que él ha representado para mí es la confirmación de que cuando en la vida luchas por la vida y por el amor, cuando te das una oportunidad como persona independientemente de cuáles hayan sido tus errores del pasado, el daño que hayas hecho o el que te hayan hecho, todo tiene sentido. Para mí Lander es la confirmación de que la vida es maravillosa, de que toda buena entrega trae sus frutos… no puedo expresar con palabras lo que supone para mí ser madre de Lander.

P: Desde su experiencia personal y desde su experiencia acompañando a otras mujeres que han abortado o se han planteado abortar en algún momento, ¿qué supone interrumpir el embarazo para una mujer?

R: El aborto, aunque suponga un impacto escucharlo, pero pocos podrán negarlo, es una intervención violenta del embarazo. Y la violencia es traumática, no hay violencia que una pueda encajar buenamente, por mucho que se lo justifique mentalmente. Las mujeres que me contactan lo hacen porque se han identificado con mi testimonio, han visto que hay otra mujer en algún lugar del mundo que ha pasado por lo mismo; son conscientes de que eso ha supuesto un trauma para ellas. Hablar conmigo es la esperanza de sentirse comprendidas; es impresionante ver que la mayoría de mujeres que me contactan no le han contado a nadie el dolor que llevan, porque sienten que nadie las va a comprender, o incluso las van a culpar, porque al tratarse de una decisión voluntaria, se les exige coherencia y tratan de quitarle valor argumentando que era lo mejor para ellas. Pero la mujer lo que por dentro está sintiendo es un profundo dolor porque reconoce que tiene un hijo muerto. Eso es muy doloroso y normalmente no sienten ni comprensión ni acompañamiento para llevar ese duelo.

P. ¿Qué opina de la medida de Catilla y León, por la que se le ofrecerá a las mujeres embarazadas, especialmente a las que quieran abortar, escuchar el latido de su bebé?

R: Me parece como mínimo necesario, porque lo que no se nos puede hacer a las mujeres es llevarnos al laboratorio a ciegas pensando que eso es simplemente un amasijo de células. Yo tengo el impacto de escuchar el latido de mi segundo hijo. Cuando la ciencia te muestra la realidad, tú ya tienes una información fiel. Con esa nueva información, tienes que tomar una decisión. ¿Por qué se oculta la realidad? ¿Por qué para muchas mujeres o políticos el escuchar el latido del corazón supone una violentación de la mujer? ¿Escuchar un latido es una violentación? ¿O lo que es violento es, sabiendo que hay un latido, hacer una intervención violenta de ese embarazo? La información en sí no es violenta; lo que es violento es lo que haces cuando se tiene esa información. El trauma no viene de que una madre gestante que va a abortar vea o escuche el latido del bebé; el trauma viene de que una madre gestante se abra de piernas para que le saquen a su hijo vivo en su vientre.

Además, si no te haces consciente de lo que estás haciendo, verás síntomas extraños, como que cuando veas a un bebé te entren ganas de vomitar, o que a los pocos días entres en una profunda depresión y no quieras vivir, o que no seas capaz de volver a mantener relaciones sexuales… Los síntomas se manifiestan de 20.000 formas; los hay más violentos; el trauma está y el cuerpo lo va a manifestar sí o sí. Entonces, qué menos que si vas a cometer un acto traumático por lo menos seas consciente desde el primer momento.

P: Si hubiese escuchado el latido de su primer bebé, ¿hubiese cambiado la historia?

R: Sí que hubiera sido un shock, no sé si me hubiera violentado, pero sí me hubiera removido un montón. En mi película todo estaba calculado: yo iba a someterme a algo que no era cómodo pero en ningún caso traumático ni violento. Si te plantan un latido y te topas con la realidad de que efectivamente ahí hay una vida, se van al traste todos tus planes. Y hay muchos casos de mujeres que se ven muy obligadas a abortar porque no pueden manterner a su bebé, porque nadie las apoya…. descubrir la realidad, es un debate moral… Por eso, lo que necesitan las madres es poder: necesitan poder pagar la alimentación, poder pagar el alquiler, poder tener una vida con lo básico cubierto para poder tener una maternidad mínimamente digna…

P: Hoy en día parece que ser pro vida y feminsta son dos conceptos antagónicos…

R: Yo soy feminista, y eso no me lo quita a nadie. Y no es para nada incompatible con la defensa de la vida, yo creo que todo lo contrario. Las mujeres somos muy conscientes del valor de la vida y más cuando la llevamos dentro. Lo que el feminismo tendría que tener como agenda en puntos prioritarios es primero empoderar a la mujer en su sexualidad. Si una mujer no quiere ser madre, no se puede quedar embarazada. ¿Por qué nos quedamos embarazadas las mujeres que no queremos ser madres? ¿Por qué no mandamos en nuestra sexualidad? El feminismo parte por educar en una sexualidad feminista, en la que la que manda es la mujer. Eso no quita que el hombre no pueda opinar o que la mujer no le deje mandar. Pero la sexualidad tiene que estar dirigida por la mujer y es ella la que va a decidir.

El feminismo y la defensa de la vida no son incompatibles. Las mujeres somos muy conscientes del valor de la vida y más cuando la llevamos dentro

En segundo lugar, la mujer no puede tener como única solución el aborto. Aunque todo vaya en contra de la gestante, el feminismo tiene que dar soluciones a esos problemas y la solución no puede pasar por una intervención violenta del embarazo.

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