La disolución del pensamiento político católico en España (6): Las profecías cumplidas

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Parte 1 – La disolución del pensamiento político católico en España: Una previa, de la monarquía católica a la nación de católicos

Parte 2- De la aspiración a un Partido católico al catolicismo social, como estrategia antiintegrista y anticarlista

Parte 3 – La disolución del pensamiento político católico en España : La cultura política católica durante el franquismo y el inicio de la debacle

Parte 4 –  El impacto de la “Pacem in Terris” en la España franquista

Parte 5 – Tardofranquismo y transición: entre Cristianos por el socialismo y los Demócrata cristianos

 

Parte 6 – Las profecías cumplidas

 

Desde el pensamiento político católico tradicional, siempre se ha defendido (contra las tesis demoliberales) que los Estados laicos son laicistas por definición. Nuestro añorado José María Petit Sullá, afirmaba que «un Estado laico –totalitario o democrático– no puede legislar más que de acuerdo con el principio de que la sociedad, que él rige, ha de ser laica. Y esto implica que velará para que no se haga presente la religión y la Iglesia en esta sociedad civil [es decir, procurará un Estado laicista] … Una sociedad laica no es un terreno común a creyentes y no creyentes. El sofisma se reduce a algo tan sencillo como absurdo. Se quiere introducir la idea de que, puesto que la afirmación de la existencia de Dios es una “opción” no compartida por todos, el terreno común entre el decir “Dios existe” y la proposición “Dios no existe” es “organicemos la sociedad sobre la base común de que Dios no existe”. ¿Base común?… No existe una base común a dos proposiciones contradictorias. Y la que se ha elegido y se impone es “Dios no existe”. La propuesta de un Estado laico no laicista es un imposible lógico. Todo Estado laico es, por el solo hecho de serlo, un Estado laicista, esto es, que tiende sistemáticamente a producir una sociedad laica, esto es, a separar a los hombres de la religión y, en definitiva, de Dios»[1]. Aunque algunos documentos eclesiales han hablado de un “sano laicismo”, eso ha llevado a forzar exégesis para intentar conciliar una expresión pasajera con la tradición magisterial de la Iglesia.

La propuesta de un Estado laico no laicista es un imposible lógico. Todo Estado laico es, por el solo hecho de serlo, un Estado laicista, esto es, que tiende sistemáticamente a producir una sociedad laica

La prueba evidente de que las tesis defendidas por los católico liberales decimonónicos, o mestizos, los liberales conservadores restauracionistas, los transaccionistas, los malminoristas, los accidentalistas durante la República y los camuflados de franquistas que de golpe se despertaron como demócrata cristianos, han llevado a la secularización casi total de la sociedad española. Ya ni siquiera existe confusión o debate doctrinal en torno a la cultura política católica, porque la mayoría de católicos -incluyendo eclesiásticos- desconocen sus principios elementales. Por tanto, ni siquiera hay condición de posibilidad de debate. La miopía es tal que, afirma el Padre Iraburu: “El gran fracaso de la vida política de los católicos después del Vaticano II no ha sido hasta ahora suficientemente reconocido en la Iglesia. Ha sido un fracaso tan abismal que en muchas naciones de mayoría católica la promoción política, activa, concreta y organizada del Reino social de Dios entre los hombres ya ni siquiera se intenta. En contra de los grandes documentos conciliares, se considera incluso vetada por el propio Concilio, como ya dije. Y vuelvo a señalar: no se ha reconocido suficientemente ese fracaso, ni se han reconocido y denunciado suficientemente las graves infidelidades y errores doctrinales que lo causaron –y que lo siguen causando–”[2].

Ya ni siquiera existe confusión o debate doctrinal en torno a la cultura política católica, porque la mayoría de católicos -incluyendo eclesiásticos- desconocen sus principios elementales. Por tanto, ni siquiera hay condición de posibilidad de debate.

Hoy en día estamos, sin lugar a dudas, ante el triunfo de las tesis “modernas” del catolicismo en su relación con el Mundo y la derrota práctica de las tesis tradicionalistas. El resultado está a la vista: quedan pocos católicos, restos de catolicismo sociológico y una mezcla de lenguaje cristiano secularizado expresado bajo formas de abstractos valores, con los que se pretende argumentar que “proponiéndolos” a la sociedad la estaremos cristianizando. Como el disparate intelectual, político y sociológico es tal, no merece comentario. No obstante, sí nos vemos obligados a rescatar unas palabras proféticas de nuestro entrañable maestro Francisco Canals Vidal; frases que escribía para la revista Verbo: «Los equívocos, tal vez consentidos o encubiertos más o menos conscientemente, entre el pensamiento político-social “moderno” y la doctrina católica sobre lo que León XIII llamada “la constitución cristiana de los Estados”, ha contribuido al debilitamiento gradual, y cada vez más acelerado, de cualquier actitud coherente con el imperativo de que puedan regir en la vida pública y en la privada “las enseñanzas, los preceptos y los ejemplos de Cristo” […] Desde los comienzos de la corriente católico-liberal, se ha dado reiteradamente la paradoja de que, invocando que “el catolicismo no se puede identificar con un partido político”, se ha llegado a la conclusión de la practica obligatoriedad de la actitud liberal y democratacristiana […] El trágico abuso del Concilio Vaticano II, que se ha invocado para negar todo lo que no se ha sabido leer en él, y desde luego todo el Magisterio anterior [en estas materias], ha servido de acelerador de la espantosa decadencia de la doctrina ortodoxa en la teología y de la seriedad y vigor moral en las costumbres privadas, familiares y políticas […] El fruto más amargo de aquel abuso gravísimo del Concilio Vaticano II, por el que no sólo se ha tomado el nombre de Dios en vano, sino que se le ha invocado sacrílegamente para hacer olvidar a grandes multitudes de fieles principios inamovibles que habían sido reiterada y enérgicamente afirmados en el Magisterio Pontificio, y que nunca han sido, no podían ser, contradichos o deformados, ha sido esta generalizada pérdida de energías cristianas. La falta de atención a principios obligatorios para la conducta practica católica en la vida social y política ha privado a los cristianos de la virtud de la fortaleza, virtud necesaria en los “confesores de la fe” y en los mártires o testigos de la fe. … [Debemos] apoyarnos en la intercesión de los mártires españoles de la gran persecución religiosa que se inició en 1934 y duró hasta 1939, para que se vea firme en nosotros la confianza en el Sagrado Corazón de Jesús, y se renueve con eficiencia práctica en nuestra vida la esperanza en su reinado en España y en el mundo»[3].

El resultado está a la vista: quedan pocos católicos, restos de catolicismo sociológico y una mezcla de lenguaje cristiano secularizado expresado bajo formas de abstractos valores, con los que se pretende argumentar que “proponiéndolos” a la sociedad la estaremos cristianizando

Este texto claramente anticipatorio de la situación que vivimos actualmente es reafirmado por el Padre Iraburu, con mayor contundencia al denunciar el actual sistema democrático -en el que por desgracia participan tan inconscientemente muchos católicos- como uno verdadera superstición: “La sacralización de la democracia liberal de partidos es una superstición diabólica, porque es mentira y engaña a las naciones, y porque es homicida, como se comprueba en la aprobación general del aborto y de otras atrocidades. Pensar que el desarrollo político de la humanidad, después de conocer muchas formas de anarquías o de autoritarismos tiránicos y oligárquicos, ha llegado a su modalidad más alta y perfecta en la democracia liberal de partidos, es simplemente una superstición”[4]. Para la mayoría, añadimos, es una superstición, y para una minoría que dice representar la derecha conservadora, es una artimaña. Nos referimos al actual monopolio del pensamiento político en la derecha sociológica española de los neocons. Un monopolio alcanzado tras la debacle de la estrategia de la democracia cristianas, las políticas vaticanistas y de las sucesivas conferencias episcopales y la humanamente irreversible secularización de nuestra sociedad.

Javier Barraycoa

 

NOTAS:

[1] José M. PETIT SULLÁ, ¿Existe un Estado laico no laicista? en Cristiandad, núm. 882, I-2005.

[2] José M. IRABURU, Católicos y política, Pamplona, Fundación Gratis Date, 2011, pp. 63 y s.

[3] Francisco CANALS VIDAL, “Reflexión teológica sobre la situación contemporánea”, en Verbo núm., 371-372, 1999.

[4] José M. IRABURU, Op. cit., p. 74.

4 comentarios en “La disolución del pensamiento político católico en España (6): Las profecías cumplidas

  1. “camuflados de franquistas”. Una vez más el autor usa la misma terminología que el marxismo cultural, cuando se escribe como el marxismo se acaba pensando cómo el; pero en fin, cada cual con su conciencia si luego se hace crítica del sistema y se cae en demagogia.
    En cuanto a lo laico que luego se convierte en laicista, no hay más responsable o culpable que la jerarquía romana a partir de los Concilios Vaticano I y II, porque unió su camino al liberalismo político y económico, en sus versiones democristiana o conservadora; desde entonces está jerarquía ya no representa al cotolicismo tal como nos lo transmitieron nuestros padres y abuelos.

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  2. Pingback: La disolución del pensamiento político católico en España (y 7): el sucedáneo de la doctrina “neocon”, contra la cultura política católica | Anotaciones de Javier Barraycoa

  3. San Ignacio de Loyola, despues de una batalla, defendiendo la Ciudad de Pamplona, el valiente Ignacio quedo herido.Durante el tiempo de reposo Ignasio se dedico a la lectura, y este providencial acontecimiento hizo que leyera la vida de Cristo y algunas vidas de santos, con lo cual se encendio en el la llama de la entrega apasionada al Señor, por intervencion del Espiritu Santo.En el altar de la Virgen de Monserrat dejo su espada y comenzo una peregrinacion vestido de mendigo.Al poco tiempo alcanzo una gran profundidad espiritual que expreso en sus Ejercicios Espirituales.A la muerte de Ignacio, en 1556,la Compañia habia llegado a la India y a Japon.En los ultimos años de su vida, tuvo altisimas experiencias misticas, ternura y gozo.

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  4. Se consideran fundadores del Grupo Tácito: Alfonso Osorio, Fernández Álvarez de Miranda y Abelardo Algora, cuando en 1973, en el Colegio Mayor Universitario San Pablo de Madrid, comenzaron a escribir sobre ideas democristianas (y más tarde también las liberales) para superar el régimen dictatorial dentro de un proyecto reformista, no culturista,
    próximo a lo que serían después las tesis de Unión de Centro Democrático.El proyecto surgió dentro de algunos miembros de la dirección de la Asociación Católica Nacional de Propagandistas.

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