Placer posmoderno (3): Del hogar tradicional a la casa placentera

 

 

Placer posmoderno (1): La “revolución silenciosa” del placer

Placer posmoderno (2): Me gusta mimarme o el placer de consumir

Del hogar tradicional a la casa placentera

pla2.jpgLlegada la democracia a España, se impuso entre los jóvenes la aspiración de abandonar la casa cuanto antes. También por la década de los 80 se incorporó la mujer masivamente al mundo del trabajo, fenómeno que en un principio fue tomado como una liberación. Pero ahora, las tornas están cambiando y aquellos sueños empiezan a cobrarse el precio. El Informe Benchmarking 2005 (TNS Worldpanel), recoge que un 58% de las mujeres afirman estar tan cansadas por la noche que “se les quitan las ganas de todo”. Peor aún, sólo para un 12% de las mujeres el éxito profesional es motivo de satisfacción. A los varones no les va mejor. El II Barómetro sobre el Bienestar y la implicación de los empleados en Europa (2005) establece que los trabajadores españoles son los que más frustrados se sienten en el trabajo. Si el mundo laboral no es fuente de satisfacción, el placer debe recorrer otros caminos: viajar y reencontrarse con el hogar. Con otras palabras, hemos de procurarnos universos alternativos al trabajo. El Test Mundial del Placer señala que, para los españoles, las palabras “viajar” o “familia” se hallan entre las cinco primeras escogidas que se relacionan con el placer.

pla1.jpgFrente al icono de la mujer trabajadora, las nuevas tendencias señalan la aparición de las Home Divas. En el estudio Euro RSCG Worldwide (2003) se las define como: “personas caseras que sienten un gran placer en formar y mantener un hogar bonito. Consumen productos de jardinería, decoración y accesorios tecnológicos”. Las energías sociales ya no se vuelcan en proyectos políticos o grandes reivindicaciones, sino que se redireccionan hacia la propia casa. Ésta se convierte en una “república independiente” donde dejan de actuar las normas sociales y las responsabilidades demasiado pesadas. Aparece una nueva forma de consumidor: el prosumidor, definido como un consumidor informado y racional, que busca comodidades y placeres, pero que la mayor parte de su vida social la desarrolla en su casa. Por eso, el mercado se inunda de productos que permiten vivir en casa experiencias que antes sólo se podían conseguir fuera: el Homecinema, para disfrutar de buen cine en casa; el Banco electrónico, que evita las arduas gestiones en la oficina bancaria; la revalorización del teletrabajo o la posibilidad de comprar desde casa gracias al “hogar conectado”.

bodegaUno de los enemigos del placer es la falta de tiempo. En el TNS Worldpanel de 2006, un 63% de los españoles afirma que les gusta hacer la compra pero que no tiene tiempo. Igualmente, un alto porcentaje de mujeres señalan que les gusta cocinar pero se ven obligadas a comprar en función del criterio de rapidez de preparación. Por eso, el hogar se llena de todo tipo de objetos que permiten ahorrar tiempo y el robot de cocina se perfila como la futura estrella de los electrodomésticos. Esta avidez por ahorrar tiempo, se combina con lo contrario: detenerse en las cosas y contemplar su lenta evolución. Los hogares españoles, poco a poco, se van equipando de pequeñas bodegas caseras. Éstas representan ese pequeño rincón para disfrutar viendo como el vino –comprado a modo de capricho- va envejeciendo; o en los balcones y terrazas proliferan pequeños huertos ecológicos ante los que se rememora el placer de ver crecer las plantas y verduras.

Los-beneficios-de-dormir-la-siesta-segun-la-nasa-2.jpgEstos nuevos placeres no desplazan a otros ya consolidados. De muchos estudios se desprende que entre las fuentes del placer de los adultos el sexo, aunque tenga su importancia, no es el que domina. Éste queda desplazado por dos placeres inocentes: “ducharse” y “dormir la siesta”. En España, estas dos actividades placenteras superan con mucho al resto de Europa. Y, hoy por hoy, somos el país en el que la gente más se ducha (un 80% diariamente) y más puede disfrutar del sueño del mediodía. Los muebles de la casa ya no sólo son adquiridos por su funcionalidad, sino que en ellos se entrevé el placer que nos pueden procurar. Más aún, cualquier objeto puede convertirse en multiplacentero. Un ejemplo claro es el sofá, que se transforma en uno de los centros de placer hogareño. En los estudios sobre práctica sexual, un 80% de los españoles confiesa haber realizado el amor en el sofá. También nos dicen que el sofá, para los mayores, es el lugar en el que más disfrutan con una buena lectura. Y para los jóvenes, jugar con los videojuegos en él, es una de las actividades más placenteras.

M2061M-1015Algunos autores señalan que quedarse en casa y dedicarle tiempo a su cuidado, será un símbolo de estatus en el siglo XXI. Ciertamente, lo hogareño se está constituyendo en una fuente de placer, siempre y cuando no conlleve demasiadas obligaciones y, sobre todo, permita construir espacios privados donde el individuo pueda relajarse. En el Test Mundial del Placer, aplicado a España, y tanto para mujeres como para hombres, la dimensión “solo-social” –o ámbito de la individualidad- ocupa el tercer lugar entre los PQ más altos. El hogar es “La república independiente de tu casa”, siempre que permita “la república independiente de la república independiente de tu casa”. Por eso los jóvenes no tienen prisa por abandonar el nicho familiar, pues en él han encontrado suficientes espacios de autonomía. La casa placentera es aquella que permite la eliminación de conflictividad gracias al respeto de la intimidad individual y la permisión los goces personales.

5 comentarios en “Placer posmoderno (3): Del hogar tradicional a la casa placentera

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