El pacto del hambre

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“El pacto del hambre”

 

En los años 30 fue conocido como el “Pacto del hambre” un extraño acuerdo contranatura, promovido por Lluís Companys, entre la patronal catalana -profundamente conservadora- con los sindicatos de la UGT y la CNT. Por dicho pacto se acorralaba y dejaba de contratar a trabajadores que hubieran participado en los Sindicatos Libres. Este sindicato de origen tradicionalista, aún no estudiado suficientemente, fue perdiendo su sentido original al ser utilizado por un “servidor” del Estado para sostener los intereses del sistema.

Este personaje no era otro que del gobernador civil de Barcelona, entre 1920 y 1922, el general Martínez Anido. Manipuló un sindicalismo popular y tradicionalista, convirtiéndolo a base de infiltraciones y compra de voluntades, en una fuerza de choque españolista al servicio de los intereses de la burguesía empresarial.

Gracias al denominado “pistolerismo de los Libres”, la CNT y la FAI, que no se quedaban cortos, fueron frenados. Al llegar la dictadura de Primo de Rivera, los “Libres” no obtuvieron más recompensa que ver cómo el general pactaba con los socialistas de la UGT para debilitar el sindicalismo de derechas y a los anarquistas. Peor aún, al llegar Lluís Companys a la Presidencia de la Generalidad, permitió que los viejos enemigos de los “Libres”, la UGT y la CNT, se cebaran en los sindicalistas traicionados por propios y extraños, incluyendo a la burguesía que había protegido en los años de hierro.

¿Por qué cuento esto? Lo relato por la escalofriante sensación que me produce el querer aprender del pasado y proyectarlo en el futuro. En Cataluña, estamos viviendo unos momentos ciertamente históricos que pueden tomar muchos derroteros insospechados. Lo que durante muchos años fue un estatus quo (de tolerancia política) más o menos respetado por todos los catalanes, se ha roto y muchos hemos sentido la necesidad moral de posicionarnos ante el nacionalismo.

“No creo en la dialéctica catalanismo-españolismo. Consideramos que la única solución pasa por reencontrar la esencia hispana de Cataluña. Ello no es una propuesta “ideológica”, sino vivencial. Buscar nuestras verdaderas raíces, muchas veces ocultadas por las marañas del imaginario nacionalista, es nuestro camino, es nuestra vía”.

Otros, aún quieren evitarlo pero el devenir histórico los obligará a definirse, les guste o no. Cada vez más son las voces de los que hemos roto el silencio a que nos abocaba una asfixiante espiral del silencio. Entre estos, por desgracia, están los que han caído en la trampa de la “acción-reacción”: cuanto más nacionalismo catalanista, más nacionalismo español. Por el contrario, otros, mucho más minoritarios en número, hemos optado por otra vía. Y no es precisamente la tercera vía.

No creo en la dialéctica catalanismo-españolismo. Consideramos que la única solución pasa por reencontrar la esencia hispana de Cataluña. Ello no es una propuesta “ideológica”, sino vivencial. Buscar nuestras verdaderas raíces, muchas veces ocultadas por las marañas del imaginario nacionalista, es nuestro camino, es nuestra vía.

Todavía muchos ingenuos creen que los gobiernos de España fácilmente acabarán con esta crisis política a base de concesiones y gestos. Y entre esas concesiones y gestos, Dios no quiera que esté sacrificar a los catalanes que nos sentimos profundamente hispanos

Este sendero sólo puede recorrerse desde la honestidad intelectual, desde la aceptación de una idea de las Españas en contra del de “España” como concepto jacobino y uniformizador del Estado (o de las Autonomías, que las más de las veces no dejan de ser jacobinismos regionales). El nacionalismo ha “descatalanizado” Cataluña y la única forma de vivificarla es viviendo y amando en profundidad lo catalán. Pero lo catalán de verdad, no las falacias victimistas de aquellos que odian lo que ni siquiera conocen. A un nacionalista separatista sólo le podemos decir: si verdaderamente amas Cataluña, acabarás amando a España. Y a un separador españolista le podemos exigir: si verdaderamente amas España, no podrás menos que amar profundamente Cataluña.

Esta propuesta, es -y no es pretensión- la única que puede sacarnos del estado de cosas actual. Pero conozco los peligros de proponerla y aceptarla. Son demasiados los enemigos de esta solución. En mis ensoñaciones políticas, me viene constantemente a la cabeza el “Pacto del hambre”. Todavía muchos ingenuos creen que los gobiernos de España fácilmente acabarán con esta crisis política a base de concesiones y gestos. Y entre esas concesiones y gestos, Dios no quiera que esté sacrificar a los catalanes que nos sentimos profundamente hispanos, que no estamos dispuestos ni a aceptar un nacionalismo antihispano pero tampoco un Estado español jacobino.

Javier Barraycoa

Publicado en Crónica Global, 21-12-2013.

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