Diez mentiras del nacionalismo Catalán

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Diez mentiras del nacionalismo Catalán

1- Existe un sustrato étnico catalán

Catalanistas como Prat de la Riba insistían en la existencia un sustrato ibérico que compondría el fundamento étnico del pueblo catalán. Pero el historiador Vicens Vives afirma: «Somos fruto de diversas levaduras y una buena parte del país pertenece a una biología y a una cultura de mestizaje. (…) el núcleo de nuestra población campesina la formaban los «homines undenque vinientes», es decir, «los hombres que venían de cualquier parte».

2-El mal de Cataluña es el centralismo madrileño

Barcelona fue una de las sedes de la Corte de los Reyes Católicos o la ciudad de España donde más cómodo se sintió Carlos I. En ella recibió el título de Emperador. El Arzobispado de Tarragona obtuvo el título de Primado de las Españas. La gran riqueza de Cataluña se fraguó con las políticas protexccionistas a la industria catalana.

3- Cataluña fue una «nación» gracias a la negativa de Borrell II de rendir pleitesía al rey franco Hugo Capeto

Duerante el imperio Carolingio el Conde Borrell II no proclamó la independencia (aún no existía siquiera la palabra Cataluña) sino que se sometió en vasallaje al Califato de Córdoba, regido por Alhaquem. Su sucesor, Almanzor, arrasó media Península y de paso Barcelona. Borrell II, atemorizado, pidió ayuda a Hugo Capeto.

4- La Generalitat es una institución originalmente catalana

La Generalitat fue una institución provisional de la Corona de Aragón, instituida en las Cortes de Monzón en 1289, meramente para recabar impuestos. En el Palacio de la Generalitat se puede ver una placa que anuncia que se fundó en Cervera en 1359. Este desfase en el tiempo se refiere a unos acuerdos sobre la composición (provisional) de la Generalitat y su función.

5- Cataluña ha tenido una espiritualidad cristiana diferente a la castellana.

El centro espiritual de Cataluña, Montserrat, rara vez fue independiente. Gracias a los Reyes Católicos, Montserrat pasó a depender del Monasterio de San Benito el Real de Valladolid, llegando a florecer como nunca. Durante cuatro siglos, hasta las persecuciones del siglo XIX, Montserrat estuvo llevada por mayoritariamente por monjes castellanos.

6- Los catalanes no participaron en la Conquista y el «genocidio» americano

Muchos nacionalistas se quejan de que no se dejó participar a los catalanes en la conquista de América. Cataluña participó desde el primer momento, enviando monjes de Montserrat, o militares como Recasens. Desde el batallón de voluntarios catalanes que participaron en el descubrimiento de California, al Tercio de Miñones catalanes que defendió Buenos Aires del intento de invasión inglesa, hay miles de ejemplos que testifican la presencia de catalanes en América.

7- «Nación» catalana nada tiene que ver con «nación» española

En los dietarios de la ciudad de Barcelona, se recogía en 1492 las celebraciones «más grandes jamás vistas» con motivo de la toma de Granada, en la que participaron numerosos catalanes. En la sublevación de las Alpujarras miles de catalanes participaron en su sofoco. De ellos Don Juan de Austria dijo que eran «los súbditos más leales del Rey de España». Igualmente participaron los catalanes en la Batalla de Lepanto o en las Guerras de África con el General Prim.

8- Castilla oprimió la lengua catalana y el nacionalismo la salvó

La mayoría de disposiciones legales contra el catalán emanaron de miembros de la masonería. Para ellos el castellano debía ser la lengua modernizadora a imagen del francés que había liquidado buena parte las lenguas que se hablaban en Francia. La lista es inequívoca: el Conde de Aranda, el Conde de Floridablanca, Manuel Godoy, Manuel José Quintana, Mendizábal, Claudio Moyano, O´Donell, Sagasta o Romanones.

9- Companys fue un modelo para todos los catalanistas

Un diputado de ERC, durante la II República, Puig y Ferreter, lo definía así: «Companys era pequeño, voluble, caprichoso, inseguro y fluctuante, sin ningún pensamiento político, intrigante y sobornador, con pequeños egoísmos de vanidoso y sin escrúpulos para ascender». Otro diputado de ERC, Joan Solé Pla, lo describía así: «Es un enfermo mental, un anormal excitable y con depresiones cíclicas; tiene fobias violentas de envidia y de grandeza violenta».

10- El fin del catalanismo radical ha sido siempre la independencia

En el primer número de «Alerta», órgano del grupo terrorista Terra Lliure, se dejaba claro que la independencia no era un fin en sí misma, sino un instrumento para construir un Estado socialista. La caída del muro de Berlín borró de un plumazo este hito socialista y la independencia dejó de ser un medio para convertirse en un fin.

Javier Barraycoa

Publicado en Abc, 11-11-2013

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