La Antimodernidad en España (3): La falsa tradición y la verdadera antimodernidad

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Juan Mañé y Flaquer

LA ANTIMODERNIDAD EN ESPAÑA 1

LA ANTIMODERNIDAD EN ESPAÑA (2): la diferencia entre tradicionalistas y conservadores

LA ANTIMODERNIDAD EN ESPAÑA (3)

La falsa tradición y la verdadera antimodernidad: el desconocido caso de Mañé y Flaquer

Juan Mañé y Flaquer había sido de joven un liberal radical, miembro de la Milicia Nacional de Tarragona. En 1843 recaló en Barcelona para hacer carrera como periodista. Fue catedrático de latín y castellano en la Universidad de Barcelona y estuvo casado con la escritora y poeta romántica Amalia Fenollosa. Acabó siendo el director más influyente del Diario de Barcelona que había pasado de ser un baluarte de la Unión Liberal a un periódico al acomodo del pensamiento de la burguesía católico-liberal de Barcelona y portavoz oficioso del catolicismo liberal y de los obispos de Barcelona que no soportaban a El Correo Catalán. Se le puede considerar en esta etapa de su vida el prototipo de conservador (consultado a menudo por Alfonso XII o por Antonio Cánovas del Castillo).

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Era católico, regionalista y visceralmente anticarlista. Su obra fundamental, dentro del marco de la aparición del catalanismo, es la titulada El Regionalismo. Esta obra es poco referenciada, pero contiene las claves para entender por qué el proyecto catalanista-católico de Torras y Bages fracasa y la siguiente etapa del catalanismo acaba bebiendo de otras fuentes y sigue otros cauces que nunca han sido suficientemente resaltados. El texto, que no es más que una compilación de artículos, a modo de cartas, contra un discurso inaugural de Núñez de Arce en el Ateneo de Madrid, nos adentra nuevamente en la complejidad terminológica de los “antimodernos”. Para Mañé, “regionalismo” no es sinónimo de “catalanismo”, pues atribuye a este un parentesco con el tradicionalismo, mientras que aquél se aproxima a las ideas conservadoras-liberales.

El Diario de Barcelona había pasado de ser un baluarte de la Unión Liberal a un periódico al acomodo del pensamiento de la burguesía católico-liberal de Barcelona y portavoz oficioso del catolicismo liberal y de los obispos de Barcelona que no soportaban a El Correo Catalán.

Para entender estas sutiles distinciones, destacaremos esencialmente dos puntos de su obra. En el capítulo VI, muestra un discurso aparentemente antimoderno: “[no hay nada más irritante] que una Asamblea despoje de sus derechos a los pueblos […] Así, los vasco-navarros como los catalanes entraron a formar parte de la nación española mediante un pacto, tácito o explícito, de que respetarían sus libertades […] hemos de estar más quejosos de los gobiernos parlamentarios que de los reyes absolutos […] hoy la guerra contra el parlamentarismo se ha generalizado en Europa, porque hasta los más ciegos ven los grandes males que ha causado y está causando […] La democracia no puede escapar de la anarquía sino para caer en el cesarismo”[1]. Ciertamente, Mañé, en 1878 defendió el foralismo de las Vascongadas y Navarra ante el gobierno central, pero manteniendo una postura contra el carlismo, contra el federalismo republicano de Valentín Almirall y, posteriormente, contra el incipiente catalanismo de la Lliga de Catalunya.

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Félix Sardá y Salvany

Para él, el concepto de “catalanismo” debía asociarse al catolicismo torrasiano antiliberal o al integrismo de Sardá y Salvany. Por ende, y paradójicamente, su defensa del foralismo lo realizaba desde una perspectiva “regionalista-conservadora” pero no tradicionalista[2]. Esta consideración la acabamos de realizar porque su crítica al parlamentarismo moderno es prácticamente calcada a la que realizaban carlistas, catalanistas seguidores de Torras y Bages (que tan rotundamente expresó en La Tradició Catalana) o católicos intransigentes discípulos de Sardá y Salvany. Y ello podría llevar a la confusión de creer que todos estos personajes pensaban igual o podrían clasificarse bajo una misma categoría.

paradójicamente, su defensa del foralismo lo realizaba desde una perspectiva “regionalista-conservadora” pero no tradicionalista

¿Dónde reside pues la diferencia entre estos pensadores? Mañé y Flaquer en el fondo quiso ser –con lenguaje moderno- un “centrista”. Su secretario fue Joan Maragall que lo presentaba como liberal frente a los carlistas y como un moderado ante los progresistas. Mañé y Flaquer sentía una admiración (romántica) hacia Inglaterra a la cual considera “un país tradicionalista y regionalista por temperamento” y aborrecía de la Revolución Francesa por su racionalismo y su afán uniformizador jacobino. Pero cuando pretende establecer las diferencias regionales entre los pueblos de España, por un lado, recurre al etnicismo, precediendo al Dr. Robert en algunas categorías racialistas[3].

Por por otro lado, y es lo más importante para nuestra argumentación, una de las diferencias que propone entre el catalán y el castellano es que: “La musa catalana es regionalista no sólo en la forma sino también en el fondo. El carácter que aquí tomó el romanticismo y los resultados que produjo lo proclaman muy alto. Aquí, como en el resto de España, el romanticismo nos vino de Francia, y Víctor Hugo, y Lamartine, y Dumas, fueron los primeros inspiradores de nuestros poetas; pero aquellos Dioses de Olimpo romántico quedaron pronto reemplazados por Schiller, Goëthe, y sobre todo por Walter Scott; y los Cantos populares del Norte y de los Niebelungen eran leídos con fruición por los que dedicaban al cultivo de las buenas letras, quienes reverenciaban a los hermanos Schlegel. […] (el romanticismo en Cataluña) buscaba sus asuntos en la historia y costumbres del feudalismo propio –distinto del de Castilla- y el castellano en la historia y costumbre de los árabes españoles[4].

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José María de Quadrado

Este largo texto es especialmente significativo porque se manifiesta una influencia romántica que será recogida, décadas más tarde, por Rovira y Virgili en su interpretación sobre la aparición del nacionalismo catalán. Pero, además, nos señala una coincidencia de influencias filosóficas con Menéndez y Pelayo que a la vez también acabarán siendo políticas. El estudio del profesor José María Alsina Roca, El Tradicionalismo filosófico en España[5], recoge un paralelismo entre José M.ª de Quadrado como introductor del romanticismo en España a través de Baleares[6]. Tradujo al mallorquín a Lamartine, Víctor Hugo y Byron. Escribió en El Pensamiento de la Nación (1844), el periódico de Jaime Balmes, y dirigió El Conciliador durante el año de 1845 con la intención de unir las ramas isabelina y carlista. Aunque de Quadrado fue considerado un ardiente militante católico a favor de la unidad religiosa y contra la libertad de cultos, en la década de 1880 acabó en la Unión Católica de los hermanos Pidal, que sería uno de los grandes proyectos del conservadurismo liberal de Cánovas para atraerse a la intransigencia católica al Régimen de la Restauración y obligarles a renegar de la unidad católica.

Aunque de Quadrado fue considerado un ardiente militante católico a favor de la unidad religiosa y contra la libertad de cultos, en la década de 1880 acabó en la Unión Católica de los hermanos Pidal, que sería uno de los grandes proyectos del conservadurismo liberal

En la obra citada, el profesor Alsina compara las posiciones de José María de Quadrado con el carlista catalán Vicente Pou, autor de La España en la presente crisis. Examen razonado de la causa y de los hombres que pueden salvar aquella nación (1842). El catolicismo de Quadrado y Vicente Pou parece el mismo, pero en su aplicación práctica es completamente diferente. Pou, sacerdote formado en la Universidad de Cervera, nunca estuvo contaminado de romanticismo y mantuvo una continuidad del pensamiento tradicional que supo transmitir a Jaime Balmes[7]. De hecho, fue su maestro y esa influencia es la que preservó a Balmes de tentaciones foráneas (a pesar de defender como Quadrado la solución de las guerras civiles en España con un matrimonio que uniera las dos dinastías en pugna).

Pou

Vicente Pou, que escribía durante la regencia de Espartero, intuyó y adivinó que toda solución de consenso para alcanzar la paz en España sólo retrasaría un proceso revolucionario que tarde o temprano estallaría. Y, también proféticamente, denunció que: “Se pretende actualmente establecer como una verdad demostrada que el único gobierno posible capaz de dar la paz a España, y las convenientes garantías a Europa, es el del justo medio, o sea del partido cristino-liberal”. Por eso Pou se mostró contrario al posible enlace matrimonial entre las dos ramas dinásticas enfrentadas que propugnaría, entre otros, Jaime Balmes. Aunque sus posicionamientos políticos fueran distintos, en el fondo ambos eran igualmente antimodernos en su pensar.

Vicente Pou, que escribía durante la regencia de Espartero, intuyó y adivinó que toda solución de consenso para alcanzar la paz en España sólo retrasaría un proceso revolucionario que tarde o temprano estallaría.

Quedan señaladas así unas claves que se irán repitiendo en la historia de España y que resumimos en estos puntos:

-La relación entre los conservadores castellanos y catalanes, mediatizados por el romanticismo, fue intensa y tuvo como denominador común la preponderancia de las tácticas posibilistas sobre los principios.

-Los principios católicos -excepto el de la unidad católica- no fueron negados explícitamente por los conservadores o moderados, pero sí que presentaban un sutil sesgo liberal que se iría ensanchando con el tiempo.

-El Romanticismo permitió una apariencia de pensamiento antimoderno en los conservadores, rechazando al tradicionalismo político y su resuelta posición antiaccidentalista o posibilista.

-Para explicar la aparición del catalanismo que se separa del pensamiento torrasiano y se transforma en político, se puede entender mejor como una maniobra de la burguesía conservadora católico-liberal, en inicial alianza con los gobiernos centrales, que no como una evolución lógica del carlismo o el tradicionalismo.

Javier Barraycoa

LA ANTIMODERNIDAD EN ESPAÑA (4): “El Deja vu de la restauración”

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NOTAS:

[1] Juan MAÑÉ Y FLAQUER, El Regionalismo, Barcelona, Editorial Imp. Barcelonesa, 1887, pp. 39 y ss.

[2] La clave para entender que el regionalismo de Mané nada tenía que ver con el que proclamaría Vázquez de Mella, es que Mañé siempre defendió el regionalismo desde la perspectiva de la burguesía conservadora. Esta burguesía, fuera catalana o vasco-navarra, estaba en constante relación de amor/odio con el poder central del Estado, al que le reclamaba prevendas constantemente. Por el contrario, el regionalismo de Vázquez de Mella se realiza desde la cosmovisión tradicinalista y aunque con matizes, es mucho más próximo al catalanismo torrasiano. Aunque no es momento de desarrollarlo, hemos de dejar apuntado que Torras y Bages tuvo también sus tentaciones tacticistas con el catolicismo liberal, pero nunca abandonó los principios tradicionales del catolicismo y acabó en su vejez abandonando el “tacticismo”.

[3] “Compare Usted [dice a Núñez de Arce] la construcción anatómica de la boca de un andaluz con la e un castellano y la de un catalán, y hallará fácilmente explicado por qué cada uno de nosotros pronuncia de distinta manera una misma palabra”, Juan MAÑÉ Y FLAQUER, op. cit., p. 108.

[4] Ibid., pp. 123 y s.

[5] José Mª ALSINA ROCA, El tradicionalismo filosófico en España: su génesis en la generación romántica catalana, Barcelona, PPU, 1985.

[6] Se le considera el padre de la Renaixença literaria balear.

[7] Cf. José Mª MUNDET, Vicente Pou, un maestro de Balmes, Cristiandad, 498-499 (Agosto 1972).

5 comentarios en “La Antimodernidad en España (3): La falsa tradición y la verdadera antimodernidad

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  3. Me queda claro los postulados de los conservadores-romanticos, que no deja de ser las osturas abc-larazon. Podría profundizar en los posicionamientos carlistas-tradicionalistas ?

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