La Antimodernidad en España (y 5): la Unión Patriótica y la llegada de la República

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LA ANTIMODERNIDAD EN ESPAÑA 1

LA ANTIMODERNIDAD EN ESPAÑA (2): la diferencia entre tradicionalistas y conservadores

LA ANTIMODERNIDAD EN ESPAÑA (3)

LA ANTIMODERNIDAD EN ESPAÑA (4): “El Deja vu de la restauración”

LA ANTIMODERNIDAD EN ESPAÑA (y5): la Unión Patriótica y la llegada de la República

 

El caso de la Unión Patriótica y la llegada de la República

La dictadura de Primo de Rivera necesitaba de algún tipo de legitimación social y popular. De ahí que se incubara la idea de crear un partido político “desde arriba” que aunara a las buenas gentes de orden, por tanto católicas en su mayoría, para que dieran soporte al régimen, así nacería la Unión Patriótica. En el fondo es la réplica de la Unión Católica de Pidal, pero lo que para éste era aparente un movimiento religioso, en la Dictadura era un curioso partido político que llegó a ser definido alguna vez como: “partido político, pero apolítico, que ejerce una acción político-administrativa”. Es significativo que, para Primo de Rivera, en la Unión Patriótica debían confluir todos los que estuvieran acordes en la Constitución de 1876 (que él mismo había violentado). Es interesante estudiar los trasfondos de este “partido apolítico”, como otro intento conservador para que los católicos apoyaran un nuevo régimen. Indirectamente la movilización de los católicos en esta estructura política, a la larga, sería la condición de posibilidad de que durante la Segunda República funcionara la CEDA y se asentara un catolicismo liberal que defendió la república anticatólica, desde la perspectiva “accidentalista” (siempre errada como ha demostrado la historia).

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Insignia de la Unión Patriótica

Las primeras agrupaciones de Uniones Patrióticas surgieron de forma casi espontánea en torno a los círculos del catolicismo social. Un análisis sociológico de las zonas geográficas donde la implementación de la Unión Patriótica fue más potente coinciden con aquéllas donde tuvo mayor influencia el catolicismo político y social inspirado por Ángel Herrera Oria[1]. De hecho, el partido impulsado por El Debate y la Asociación Católica Nacional de Propagandistas (ACNP), el Partido Social Popular, duró muy poco. Se fundó en 1922 y se integró en su mayoría en la Unión Patriótica. Es motivo de reflexión contemplar cómo un partido que había agrupado a los sindicatos católicos controlados por la ACNP o el Grupo de la Democracia Cristiana (siguiendo el modelo del Partido Popular Italiano, dirigido por el ya excarlista Severino Aznar), ante el temor a la Revolución, abandonarán su democratismo y apoyarán la Dictadura de Primo de Rivera.

Pero también es motivo de reflexión contemplar cómo su entusiasmo antisugragista se acabó en cuanto llegó la Segunda República y se entregaron de forma apasionada a la lucha electoral aceptando la “legalidad republicana”. La Unión Patriótica se había propuesto liquidar el caciquismo, pero acabó siendo un bastión del mismo que aprovechó las masas de gentes católicas que deseaban una España en orden[2]. Por no alargarnos, dejamos que el lector establezca sus analogías con el franquismo y la llegada de la democracia y el papel de los democristianos en ambos regímenes[3].

La Unión Patriótica sería la condición de posibilidad de que durante la Segunda República funcionara la CEDA y se asentara un catolicismo liberal que defendió la república anticatólica

No podemos dejar de señalar a otros “ideólogos” de la Dictadura de Primo de Rivera, como Ramiro de Maeztu o Eugenio d´Ors. Ellos permitieron que el régimen se mantuviera alejado de las tentaciones fascistas que podía representar Ernesto Giménez Caballero. Este consideraba al régimen de Primo de Rivera como demasiado prosaico y poco moderno. Ya el mismo José María Pemán, en 1929 publicó El hecho y la idea de la Unión Patriótica para diferenciarla del fascismo[4]. Cuando se proclamó el Directorio Civil de 1925, la Unión Patriótica cayó en una mezcolanza ideológica en la que parecía abandonar el liberalismo para aunar las tesis tradicionalistas, conservaduristas, militaristas, corporativistas, organicistas y un largo etcétera de excursos que nunca acabaron de amalgamar. Por ello, la “ideología conservadora liberal” sería la que acabaría sobreviviento a todos los avatares de la historia hasta nuestra época. No podemos olvidar que antes del acercamiento de Pemán a la Dictadura de Primo de Rivera, era innegable “su vinculación al catolicismo social de la ACNP” y la influencia de su “temprana lectura de las obras de Marcelino Menéndez y Pelayo”[5].

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A la caída de Primo de Rivera, los restos del primorriverismo se reencontraron en la Unión Monárquica Nacional, en la que se integraron Ramiro de Maeztu, los ex-ministros José Calvo Sotelo, Antonio Goicoechea, José Antonio Primo de Rivera y José Mª Pemán, entre otros. Este totum revolutum acabaría llevando a muchos de los protagonistas a participar en el proyecto de la revista Acción Española[6]. Los posicionamientos políticos de muchos intelectuales fueron variando según las circunstancias y cada personaje merecería un aparte. Por ejemplo, Pemán, impartió una de las primeras conferencias en los locales de la Acción Española, titulada La traición de los intelectuales, en la que defendió que la República no era plausible. Se distanciaba así de la posición “posibilista” de Herrera Oria. Luego, Pemán se integraría, en 1933, en Renovación Española fundada por Antonio Goicoechea, como escisión de la Acción Popular (partido católico posibilista liderado por Gil Robles y Ángel Herrera Oria). En diciembre de 1934, Pemán se adhería al Bloque Nacional. A finales de 1935 aparecían sus famosas Cartas a un escéptico en materia de formas de gobierno, en las que rechazaba tanto a la monarquía liberal y parlamentaria como al accidentalismo propugnado por la CEDA.

Durante la Guerra Civil, Pemán no tendría reparos en presentarse como un falangista “medio monje, medio soldado”, o escribir el Romancero carlista. Pero en poco tiempo, el monarquismo alfonsino de Pemán resurgió sobre al falangismo y el tradicionalismo.

Pero pese a todas las formulaciones explícitas de su “totalitarismo católico”, y sus implicaciones en la Acción Católica: “conservará Pemán, como residuos del liberalismo, algunas posiciones, doctrinales […] El pensamiento contrarrevolucionario de Pemán, no había madurado aún suficientemente”[7]. Durante la Guerra Civil, Pemán no tendría reparos en presentarse como un falangista “medio monje, medio soldado”, o escribir el Romancero carlista[8]. Pero en poco tiempo, el monarquismo alfonsino de Pemán resurgió sobre al falangismo y el tradicionalismo. El 13 de julio de 1940, en una conferencia sobre José Calvo Sotelo​ en la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación, Pemán pronunció un intencionado discurso para justificar que José Calvo Sotelo (y no José Antonio Primo de Rivera) había puesto las bases del nuevo Estado.  Pemán se fue transmutando en un “liberal educado”[9].  Y de ahí fue derivando de forma casi obsesiva en promover la suesión juanista a Franco al precio ideológico que fuera.

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José María Pemán

Conclusión: ideas e itinerarios vitales

Hemos propuesto el itinerario de Pemán para poderlo comparar con otros itinerarios, uno trucado –Ramiro de Maeztu– y otro paralelo, pero con final deferente: Eugenio Vegas Latapié. En Pemán encontramos etapas de su pensamiento político claramente antimoderno, pero que nunca anularon un sustrato de monarquismo alfonsino y luego juanista. Ello impidió que su pensamiento le llevara a una acción política contrarrevolucionaria. En Maeztu, encontramos una trayectoria truncada con su martirio, que va desde posturas autodidactas liberales a una clara evolución contrarrevolucionaria, antimodernista y tradicionalista, aunque permaneciera su ligazón con Renovación Española. Al igual que Donoso Cortés (con su temprana muerte) nunca sabremos cuál hubiera sido su evolución doctrinal en el contexto político del franquismo. En Eugenio Vegas Latapié, encontramos el contrapunto a Pemán, pues su fidelidad juanista nunca estuvo por encima de su pensamiento antimoderno y tradicionalista. Y actuó al final de sus días en consecuencia con ello. Mantuvo la primacía de los principios sobre la de la fidelidad dinástica. En 1960 fundó con Juan Vallet de Goytisolo la Editorial Speiro que editaría la revista Verbo y se convertiría en uno de los pocos focos de pensamiento contrarrevolucionario esencialmente antimoderno, desde la perspectiva del derecho público cristiano.

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Ramiro de Maextu

Por el contrario, el pensamiento conservador-liberal, a pesar de sus presumibles repuntes antimodernos, siempre priorizó la capacidad de adaptación a los nuevos tiempos, en los que pretendían preservar unas esencias que se acabaron evaporando. Se podría reconstruir toda la historia desde Cánovas a la Transición de la Constitución del 78, reconociendo siempre el mismo patrón de comportamiento en el pensamiento o la praxis conservadora. Este queda resumido de la siguiente forma: el conservadurismo español, nunca pudo ser antimoderno por las sutiles pero profundas influencias románticas y liberales que prostituían el concepto de tradición, historia y nación. Desde la restauración canovista, durante la República, el franquismo y los inicios de la Transición, el conservadurismo se había entregado en los brazos del historicismo romántico que derivarían en la democracia liberal –luego llamada Democracia Cristiana- y en el nacionalismo. El conservadurismo siempre se ocultó bajo formas de activismo social que acabaron llevando a propuestas de acción política tacticista, posibilista y accientalista, bajo formas de partidos políticos con diferentes denominaciones pero bajo una misma esencia liberal. Esta corriente, representada en mútliples asociaciones tras la que estaban los dirigentes de la ACNP o de la Acción Católica, acabaría reformulando el historicismo romántico bajo un sucedáneo de la idea de progreso bajo la égida de la democracia cristiana de tintes maritainianos. El portentoso poderío de medios con los que ha contado el conservadurismo, desde Cánovas hasta nuestros días, ha sido estéril en la medida que se mantuvo alejado del tradicionalismo y, peor aún, se manifestó en combate contra él.

Desde la restauración canovista, durante la República, el franquismo y los inicios de la Transición, el conservadurismo se había entregado en los brazos del historicismo romántico que derivarían en la democracia liberal –luego llamada Democracia Cristiana- y en el nacionalismo

De hecho, ello explica por qué los pensadores y políticos católicos liberales actuales nunca han podido alcanzar la profundidad y coherencia de los Francisco Canals, Vallet de Goytisolo, Elías de Tejada, Rafael Gambra y tantos otros que se mantuvieron fieles a los principios doctrinales de la Tradición católica, en sus respectivas especialidades. También explica por qué los neocons españoles actuales carecen de referentes intelectuales propios, y cuando pretenden encontrarlos en personajes como Cánovas del Castillo o Menéndez y Pelayo, los descontextualizan y no llegan a reconocer el entramado de la historia del pensamiento político español.

Y por no querer buscar referencias, a los antes citados hay que añadir el desprecio a los Vázquez de Mella, Víctor Pradera, Enrique Gil-Robles o Eugenio Vegas Latapié, entre otros muchos. Por eso tienen que recurrir a foráneos alejados totalmente de la tradición hispánica incluso del pensamiento católico acorde con la tradición: sean los Von Mises, Fukuyama o Leo Strauss, En definitiva, el conservadurismo y sus estrategias “modernas”, casi han liquidado el antimodernismo hispano y, por ende, nuestro pensamiento político católico. Irving Kristol uno de los primeros neocons (trotskista en su juventud como tantos otros), quiso definir al neoconservador como “un progresista asaltado por la realidad”. Para nosotros sería mejor definición la de un progresista que, disfrazado de defensor de la tradición, pretende sostener los restos de la realidad que el propio progresismo ha liquidado, pero sin renegar en el fondo del peor de sus principios fundantes: el liberalismo.

Javier Barraycoa

Publicado en revista Verbo, Núm. 570-580 (2019)

Antimodernidad TEXTO COMPLETO EN PDF

[1] El Círculo Católico Agrario de Valladolid lanzó el manifiesto fundacional de la Unión Patriótica Castellana (UPC) el 13 de noviembre de 1923 y al mes siguiente se adhirieron a él las “uniones patrióticas” de Ávila, Burgos y Palencia. En marzo de 1924 se fundaron uniones en Segovia, Logroño, Toledo y Cádiz, a las que siguieron las de Valencia, Ciudad Real, Badajoz, Santander y Madrid. Su primer presidente fue el profesor católico Eduardo Callejo, muy próximo a Ángel Herrera Oria. Su ideario inicial era un catolicismo “tradicionalista” y corporativista, defensor de la propiedad y de los valores agrarios.

[2] Eduardo Aunós, catalanista, luego primoriverista, luego ministro franquista, recordaba “el tono grisáceo, en sus mejores partes, y turbio en las restantes, que tuvo fatalmente el partido único de la Unión Patriótica”. Y denunciaba la infinidad de elementos de los partidos del turno “que corrían a alistarse en las huestes del vencedor, porque lo único que les interesaba era estar siempre en auge”. Cf. Eduardo AUNÓS PÉREZ, Itinerario histórico de la España contemporánea (1808-1936), Barcelona, 1940, pp. 385 y s.

[3] Para complementar este análisis, recomendamos nuestro artículo Javier BARRAYCOA, Catolicismo político tradicional, liberalismo, socialismo y radicalismo en la España contemporánea, Verbo, 527-528 (2014).

[4]  José María Pemán y su primo José Pemartín estaban emparentados con el dictador y se constituyeron entre los principales propulsores de la doctrina oficial de la Dictadura.

[5] Gonzalo ÁLVAREZ CHILLIDA, José María Pemán: pensamiento y trayectoria de un monárquico (1887-1941), Cádiz, Universidad de Cádiz, Servicio de Publicaciones, 1996, p. 22.

[6] La revista se definiría como “partidaria del mando único, de la tradición, de la autoridad, de la organización corporativa y enemiga del parlamentarismo demo-liberal”.

[7] Gonzalo ÁLVAREZ CHILLIDA, op.cit., p. 441.

[8] Serie de poemas que Pemán publicó en un álbum titulado Por Dios, por la patria y el rey, con ilustraciones de Carlos Sáenz de Tejada.

[9] Cf. Antonio CABALLERO, La ambigua gloria de Pemán, Paisaje con figuras, Bogotá, El Malpensante, 2010.

5 comentarios en “La Antimodernidad en España (y 5): la Unión Patriótica y la llegada de la República

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  5. Analizando el artículo y la historia de la civilización, parece que en ocasiones convencidos demócratas han tenido que apoyar la instauración de una dictadura como único remedio a situaciones de crisis extrema, desgobierno, revolución y caos varios.

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