“Tradicionalismo y espiritualidad en Antonio Guadí”

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TRADICIONALISMO Y ESPIRITUALIDAD EN ANTONIO GAUDI

 CESAR ALCALA, JAVIER BARRAYCOA;  MADRID, ACTAS, 2002.

 

El propósito de este libro es dar a conocer el posicionamiento político y religioso de Antonio Gaudí. Se ha escrito mucho sobre el Gaudí arquitecto y poco sobre el Gaudí hombre. Con una sola frase, “Gaudí fue catalanista y católico”, se ha pretendido demostrar lo que supuestamente fue, sin profundizar más en el tema. Antonio Gaudí fue arquitecto pero participó y absorbió la política y la religiosidad que impregnó la vida social de Cataluña de finales del siglo XIX y principios del XX.


 

REFERENCIA DE LOS PROPIOS AUTORES

Antonio Gaudí (1852-1926) Homenaje en su 150 aniversario

por César Alcalá y Javier Barraycoa

Los escritores del artículo, autores de una estupenda biografía (*) nos introducen algunas claves de la vida y obra del Maestro desde una perspectiva no solo profesional sino personal y espiritual

(para acceder a la versión catalana apretar aquí)

En los primeros meses de la guerra civil las turbas revolucionarias, en su afán de destruir todo lo que estuviera relacionado con la Iglesia, saquearon el Templo Expiatorio de la Sagrada Familia. Destruyeron las maquetas y los documentos allí conservados de Antonio Gaudí. Este material sirvió para que Domingo Sugrañes, su discípulo, pudiera acabar las tres torres –Gaudí sólo vio culminada una de las cuatro torres- y, hacia 1933, finalizó la fachada del Nacimiento. Esta fatalidad y los pocos documentos autógrafos que conservamos de él, han ayudado, con el paso de los años, a crear un personaje enigmático.Se ha dicho muchas cosas desde su fallecimiento en 1926. La primera biografía la escribió Josep Francesc Ráfols. En cada biografía el arquitecto catalán aparece turbiamente retratado. Nos han presentado a un Gaudí contradictorio, pasando del más insondable anticlericalismo a la más profunda de las devociones religiosas; del anarquismo al socialismo, para evolucionar hacia el conservadurismo catalán; la drogadicción; la austeridad; la masonería; una clara tendencia a la misoginia; y un largo etcétera de virtudes que han sido, en mayor o menor medida ensalzadas por los autores de estas biografías. Navarro Arisa comenta: Peripuesto y desastrado, amante de los placeres y masoquista de la penitencia, afable y cascarrabias, devoto como un místico y profano como un hombre de la tierra, de salud quebradiza y fuerte como un roble, ecléctico y dogmático, altruista y egocéntrico, receptivo y obseso, alucinado y racionalista, teórico y técnico (…) ¿Qué si Gaudí era raro? Rarísimo y conforme pasaban los años más raro se hizo (…) Gaudí, de joven, seguramente a causa de sus orígenes, era tosco de formas pero se empeñó en vestir como un dandi. Después, por su sentido de la expiación, de la culpa y el pecado, se dejó: llevaba el mismo traje hasta que se le rompía, se ataba los pantalones con una cuerda, se limpiaba las manos con miga de pan y después se las enjuagaba en agua, sólo comía lechuga con leche o remolacha con aceite, trabajaba 16 horas cada día y andaba mucho (1). Si bien algunas de las cosas dichas por Navarro Arisa son ciertas, no deja de caer en el tópico que se ha ido construyendo alrededor de Gaudí desde su muerte.

Uno de los últimos biógrafos de Gaudí ha sido Gijs Van Hensbergen. El autor sintetiza lo que acabamos de explicar cuando dice: Con Gaudí, como tema, tuve, naturalmente, mucha suerte en potencia. Prácticamente todos sus documentos habían sido destruidos al principio de la guerra civil, lo cual me dejaba un amplio margen para manipular todo el mito y el rumor que rodeaba a este hombre extraordinario. Si de verdad quería, podía recrear todo el chismorreo y reinventar el personaje a imagen mía. La suciedad y el fango son una buena base, y siempre venden libros. Esto fue lo que me sugirió, sólo una vez, alguien a quien hasta ese momento había respetado por su integridad. “Invéntatelo, conviértele en homosexual…(2) ¿Quién podrá refutarlo?”. Nadie. Naturalmente, tenía todo la razón. Pero, en lugar de eso, decidí intentar acercarme a la verdad. (3)

Hay autores que, basándose en la simbología elaborada por Gaudí en sus obras, principalmente el Templo Expiatorio de la Sagrada Familia y el Park Güell, han querido ver –y han visto- la influencia de la masonería. Es como aquellos divulgadores que han basado sus estudios en demostrar que las matemáticas, la astronomía y la astrología –cuando no los extraterrestres- fueron la base para la construcción de las pirámides egipcias y aztecas. Lo mismo ha ocurrido con Gaudí. Si alguien quiere demostrar una teoría, con un poco de empeño, lo demostrará. Sólo como ejemplo citaremos lo que ha escrito Josep Maria Carandell con respecto a la cruz de cuatro brazos, uno de los símbolos de Gaudí escribe: Esta figura proviene, seguramente, de la geometría pitagórica y, más próximamente, de la masonería. En todo caso no es una cruz cristiana (4). También ha visto Carandell simbología masónica en las letras dibujadas en la Park Güell, así como en la fachada del Nacimiento del Templo Expiatorio de la Sagrada Familia.

Se ha pretendido demostrar, con escasos datos, que Gaudí fue antirreligioso al menos hasta el año 1890, es decir, hasta los cuarenta años, Gaudí se relacionó con ateos, librepensadores, socialistas utópicos y anarquistas. Sólo a los cuarenta años vio la luz y se convirtió en un devoto ferviente. Los autores olvidan la profunda relación que tuvo con destacadas figuras de la Iglesia catalana. También se olvidan que los josefinos le encargaron la continuación de las obras del Templo Expiatorio de la Sagrada Familia en 1883. Una persona tan anárquica y tan atea, difícilmente podría haber convencido a los josefinos que era más católico que el Papa. Además, seguro que conocían su trayectoria pública. Joan Martorell –en cuyo despacho había trabajado- lo conocía perfectamente y se nos hace difícil pensar que lo hubiera escogido si no confiaba en su rectitud católica. Estas premisas básicas, muchas veces, se olvidan, primando más el pensamiento de uno, en detrimento de la verdad. Tergiversar la verdad, remover el fango, como decía Hensbergen es una buena base para vender libros.

Crónica sobre Antonio Gaudí

Cuando hablamos de la vida de Antonio Gaudí, la primera contradicción a la que nos enfrentamos es dónde nació. Ráfols escribió que vino al mundo a las nueve y media de la mañana del miércoles 25 de junio de 1852 y que, con toda probabilidad lo hizo en la calle San Vicente, número 4, con fachada posterior a la calle de la Amargura, número 23, de Reus. A partir de entonces dos lugares se apropiaron de su nacimiento. Algunos autores han afirmado que nació en la calle de San Juan, junto a la Plaza del General Prim, donde se encontraba la calderería y la vivienda familiar. A partir de 1951 se apuntó la hipótesis de que vio la luz en el Mas de la Calderera, en Ruidoms. Tres casas para un único nacimiento. Los de Reus se hicieron suyo a Gaudí y, por descontado, los de Riudoms también. Lo cierto es que, desde un punto al otro hay una distancia de cuatro kilómetros.

¿Por qué Ráfols afirmó que la casa natal de Gaudí es la de la calle San Vicente? Parece ser que se basó en la tendencia histórica de que las mujeres iban a su casa materna a dar a luz. Así estaban mejor atendidas que en un hospital.

En 1960 J. M. Guix publicó Defensa de Gaudí. El autor, basándose en testimonios de familiares y amigos, formula su tesis de que Gaudí nació en la calle de San Juan, donde vivía la familia Gaudí Cornet y el padre regentaba una calderería. Con lo cual descartaba la hipótesis de que las mujeres iban a su casa materna a parir.

Como hemos dicho, en 1951, la nieta de la posible comadrona de la madre de Gaudí, Engracia Llorens, confirmó que Gaudí había nacido en el Mas Calderera de Riudoms. Según Joan Bassegoda, la casa actual fue construida entre 1922 a 1923. La antigua era una vieja casita con cuadra para una mula en los bajos y una única sala en el piso para guardar la cosecha, sin cocina, baño, habitaciones. En una palabra, la casa no tenía las condiciones higiénicas ni de habitabilidad para dar a luz.

Por lo tanto, consideramos que es más lógico, por tradición histórica, que Antonio Gaudí naciera en la calle San Vicente que no en la de San Juan.

Con referencia a su origen, esto es, Reus o Riudoms, escribe Joan Bassegoda i Nonell: Por escrito Gaudí siempre dijo ser hijo de Reus. Incluso cuando en 1925 fundó un beneficio en la parroquia de Sant Jaume de Riudoms estampó su firma en un documento en cuya cabecera dice ser hijo de Reus, residente en Barcelona (5). Las palabras de Bassegoda quedan demostradas en el libro publicado por Laura Mercader, donde se recogen todos los escritos y documentos conocidos de Gaudí. En una carta fechada en 1869 escribe: Antonio Gaudí y Cornet, de 17 años de edad, natural de Reus, provincia de Tarragona (6). En carta fechada en 1873 escribe: Antonio Gaudí y Cornet, natural de Reus, de 20 años de edad (7). Por lo tanto, debemos afirmar que Gaudí nació en Reus y no en Riudoms.

Antonio Gaudí era hijo de Francisco Gaudí Serra y de Antonia Cornet Bertrán. Tanto la familia paterna como materna eran caldereros de profesión. Algunos autores defienden que Gaudí realizaba maquetas –en vez de trazar planos- porque estaba acostumbrado a ver las cosas en tres dimensiones. Es una hipótesis aceptada por casi todo el mundo.

Con relación a su nombre también podría abrirse una discusión. Según Bassegoda: A Gaudí le pusieron los nombres de Antón, no Antonio, Plácido y Guillermo por su madre, su padrino y el santo del día. El 10 de septiembre de 1853 fue confirmado también en Sant Pere de Reus por el obispo de Puerto Rico, monseñor Gil Esteve.(8)

Antón o Antonio Gaudí cursó bachillerato, en la escuela de Francisco Berenguer, entre los años 1863 a 1868. Años después cuando ya era un reconocido arquitecto, tomó como discípulo suyo al hijo de su maestro que, como éste, también se llamaba Francisco. A parte de colaborar con el maestro en el Templo Expiatorio de la Sagrada Familia, construyeron el Celler Güell en 1895.

En 1869 Gaudí y su hermano Francisco viajaron de Reus a Barcelona para estudiar, el primero arquitectura y, el segundo, medicina. Francisco era una año mayor que Antonio. Acabó medicina en 1873 y, el 1 de julio de 1876 murió como consecuencia de una hemoptisis. El 8 de septiembre fallecía su madre.

De 1869 a 1873 Antonio Gaudí cursó los estudios preparatorios en el Instituto y en la Facultad de Ciencias. Para poderse pagar los estudios trabajó como delineante para José Fontseré, Francisco de Paula del Villar, Emilio Sala y Leandro Serrallach. No fue hasta el 15 de marzo de 1878 cuando se le otorgó el título de arquitecto. Durante esos años, Gaudí no conocía a nadie en Barcelona. Entró en contacto con José Fontseré Doménech, e hizo amistad con los dos hijos de éste, José y Eduardo. Fontseré le pidió que colaborara con él en los proyectos del Parque de la Ciudadela y del Mercado del Born. Ahora bien, como escribe Juan José Lahuerta: la mayor fortuna de Gaudí en sus primeros años fue entrar en el círculo de Joan Martorell, el arquitecto que mejor conocía las novedades extranjeras y el más brillante de la Barcelona de su época (9).

Como hemos dicho, Joan Martorell fue quien propuso a Gaudí para sustituir a Francisco de Paula del Villar como arquitecto del Templo Expiatorio de la Sagrada Familia. Lahuerta continúa escribiendo: alrededor de Joan Martorell se formó un grupo de arquitectos con inquietudes comunes, entre los que destacan Camilo Oliveras, Cristóbal Cascante y el propio Gaudí. En las obras que realizan individualmente o en colaboración en las dos últimas décadas del siglo, estos arquitectos desarrollan un lenguaje marcado por una serie de elementos comunes que van desde la utilización del arco parabólico como signo de novedad hasta la desarticulación de las cajas de los edificios mediante el vaciado de sus esquinas. Una arquitectura que pretende renovar la tradición, aunque sin romper con ella, en una actitud que podríamos llamar regeneracionista (10).

Con el título en la mano Gaudí empieza a realizar sus primeras obras. En 1878 gana un concurso organizado por el Ayuntamiento de Barcelona. El proyecto era construir las farolas de gas de la plaza Real. Otro proyecto fue la construcción de la Cooperativa Mataronense. El proyecto se lo encargó Salvador Pagés. Éste era un reconocido anarquista y, por la relación que hubo entre ellos, se ha especulado que Gaudí estuvo influenciado por el anarquismo, el ateísmo y el socialismo. Nada más alejado de la realidad. Como escribe Bassegoda: pudo haber seguido este camino –al conocer las teorías socialista de Marx y las anarquistas de Bakunin- pero prevaleció su educación cristiana recibida en familia y también en los escolapios (…) Se ha intentado por diversos autores atribuir una juventud anticlerical y anarquista pero el testimonio de un compañero de carrera desmiente tal posibilidad.(11)

El año 1878 es fundamental para Gaudí, pues conoce a Eusebio Güell, que se convertiría en su mecenas y amigo. Escribe Lahuerta: A través de Joan Martorell, Gaudí entrará en contacto con el marqués de Comillas y con quien será, a lo largo de toda su vida, su principal cliente: Eusebio Güell. Estas dos familias representan el caso más claro de concentración de riqueza de la nueva burguesía barcelonesa: fortunas provenientes del comercio colonial invertidas luego en Cataluña en negocios financieros o en la industria textil, con la necesidad pública de legitimación y representación que ello conlleva. (12)

Es a partir de esta fecha cuando Gaudí inicia sus proyectos más reconocidos: casa Vicens (1878-1885); Finca Güell (1884-1887); El Capricho de Comillas (1883-1885); Palacio Episcopal de Astorga (1887-1894); casa de los Botines (1891-1894); Colegio de las Teresianas (1888-1890); Palacio Güell (1886-1891); Park Güell (1900-1914); Colonia Güell en Santa Coloma de Cervelló (1898-1915); casa Calvet (1898-1904); casa Batlló (1904-1906); casa Milá o La Pedrera (1906-1910); Templo Expiatorio de la Sagrada Familia (1883-1926).

A partir de 1910 Gaudí no trabajó en ningún encargo más. Su genialidad se centro, única y exclusivamente, en el Templo Expiatorio de la Sagrada Familia. A pesar de ser una obra de juventud, no se centró plenamente en su construcción hasta ese año. Dejó el chalet que habitaba en el Park Güell y se instaló en una pequeña habitación, junto al obrador que tenían en el Tempo. Esta renuncia agudizó su manera de vivir. Gaudí afirmó sus convicciones religiosas; acentuó su talante retraído y, por encima de todo, lo convirtió en el hombre del Templo Expiatorio de la Sagrada Familia.

El 7 de junio de 1926, por la tarde, Antonio Gaudí fue atropellado por un tranvía de la línea 30, en el cruce de las calles Gran Vía de las Cortes Catalanas con Bailen. Inmediatamente lo llevaron a la casa de socorro más cercana y, de allí al Hospital de la Santa Cruz. Nadie lo reconoció. Gaudí acostumbraba a salir por las tardes de la Sagrada Familia. Se dirigía al Oratorio de San Felipe Neri para oír misa vespertina. Una vez finalizado el acto litúrgico, regresaba a su cuarto en el Templo. Al no regresar a la hora acostumbrada, el capellán de la Sagrada Familia empezó a buscarlo, temiendo que le hubiera pasado alguna cosa, como así había ocurrido. Una vez localizado, se le consultó si quería ser trasladado a una clínica. Gaudí se negó. Mi lugar está aquí, entre los pobres, dijo.

Pronto acudieron los verdaderos amigos, entre ellos el capellán del Templo, el Padre Parés. Fue avisado también su director espiritual, el Padre Agustín Mas. En el Hospital le adecuaron una pequeña habitación presidida por un cuadro de San José. Allí, junto al Santo Patrón viviría el principio de la eternidad. Pudo recibir el viático; tras la comunión, en un estado de semiinconsciencia, repetía sin cesar: Jesús, Déu meu. A pesar de las múltiples visitas de personajes y autoridades civiles, no quería hablar con ellos. Sólo tenía la mirada alzada, como contemplando la Gloria, y repetía: Jesús, Déu meu. Por fin su alma entró en la Gloria, infinitamente más sublime que como él la había imaginado para la fachada de la Sagrada familia. Y es que cualquier obra humana sólo tiene sentido como reflejo de la divina. Por eso, refiriéndose a la Sagrada Familia, Gaudí dijo una vez a sus íntimos: Este templo no lo acabaré yo, lo acabará San José.

Entregó su alma a Dios el 10 de junio de 1926, a las cinco de la tarde. Fue enterrado en la cripta de la Sagrada Familia. Si el mundo lo había dejado de lado en los últimos años de su vida, el pueblo lo quería y lo demostró. Su funeral congregó a unos 10.000 barceloneses.

El tradicionalismo en Antonio Gaudí

A pesar de las palabras de Joan Bassegoda: apenas viajó y nunca participó en política; Gaudí fue un hombre de su tiempo y vivió muy de cerca la evolución del catalanismo político. ¿Qué relación tuvo el catalanismo político o el tradicionalismo político con Antonio Gaudí?

Se ha escrito, y no sin razón, que Antonio Gaudí fue católico y catalanista. Es una definición insuficiente. Si bien precisa la trayectoria vital de éste genial arquitecto, su pensamiento y su sentimiento no se puede resumir con dos escuetas palabras. Es algo más complejo, más profundo y que evolucionó con los años. Joan Bassegoda, sobre la evolución personal de Gaudí, ha escrito: Buen conocedor de la naturaleza humana, y de los defectos que comporta, adivinaba y se esforzaba para corregir los suyos, en un afán de perfección que siempre fundamentó en la religión católica, la moral de la cual siguió fielmente.

Esta definición resume el espíritu del Gaudí adulto, pero no del joven Gaudí. Algunos autores, como hemos dicho anteriormente, aseguran que fue menos religioso en su juventud que en su madurez. Han encuadrado sus ideas políticas dentro del socialismo radical. Este punto ha sido tergiversado por las personas que han biografiado a Gaudí. Al hombre, Gaudí, su fama lo superó una vez muerto y, por lo tanto, se le han atribuido cosas que, si bien no ciertas, quedaban bien. Se non é vero, é ben trovato. Pondremos un ejemplo. El arquitecto Luis Doménech i Montaner contó una anécdota, que fue recogida por los periodistas barceloneses. Según él, el joven Gaudí pertenecía a una tertulia de feroces anticlericales que solían reunirse en el Café Pelayo de las Ramblas barcelonesas; peor aún, se sabía que insultaban a las procesiones religiosas cuando pasaban, diciéndoles: “Llanuts! ¡Dios os castigará! (13) Bien, a todo esto debemos añadir la amistad que le unió a Salvador Pagés, unos de los gestores de la Cooperativa Mataronense. Pagés era un organizador sindical de opiniones anarquistas moderadas. Tenía una buena reputación, por su rebeldía, entre los círculos de la izquierda catalana. Tuvo algunos encuentros, sobre todo con la línea más marxista pues, a diferencia de ellos, Pagés no creía en la huelga como primera línea defensiva de los obreros contra los patronos.

¿Cuál es la realidad? Joan Bassegoda dice: Gaudí optó libremente por la religiosidad, por una devoción mariana. Que perteneciera a una tertulia no significa que aprobara todas las opiniones que en ella se vertían. Cabe suponer que malas interpretaciones llevaron a algunos a considerar al joven Gaudí como antirreligioso. Envidias e invenciones son la base de esta interpretación. ¿Cómo puede ser que una persona antirreligiosa, en 1878, cuando inició la construcción de la Cooperativa Mataronense, fuera elegido cinco años después para continuar con la construcción de la Sagrada Familia?

Una persona antirreligiosa no hubiera tenido entre sus amistades al Beato Josep Manyanet, al Beato Enric d’Ossó; al Obispo Josep Torras i Bages; a Mosén Jaume Collell; o al Padre Agustín Mas Folch. Alguno de ellos con una adscripción más o menos clara al Carlismo en algún momento de su vida. Se hace difícil aceptar la suposición planteada anteriormente, a pesar de haber sido defendida por más de un biógrafo.

Observemos un aspecto primordial para comprender lo que acabamos de explicar. En 1890 se pensó en encargarle el anteproyecto de las obras de restauración de Santa María de Poblet. Al final no se llevaron a cabo hasta muchos años después. Gaudí sentía devoción por Poblet. Fue como consecuencia de ese ante proyecto cuando afloraron dos aspectos claves para sus futuras obras arquitectónicas. Un era su radical conservadurismo religioso, que asociaba al deber de preservar la identidad catalana, tal y como había dicho Torras i Bages. La segunda era la vida monástica o comunal. El primer aspecto queda perfectamente reflejado en muchas de sus obras y que tuvieron su culminación en el Templo Expiatorio de la Sagrada Familia. La segunda la podemos encontrar en la Colonia Güell de Santa María de Cervelló, o en su vida de retiro en el Park Güell. También lo exteriorizó en la Cooperativa Mataronense. Podemos decir que la culminación de esa vida monástica la llevó a la práctica al trasladarse a vivir a la Sagrada Familia. Con ella se cerraba un ciclo que se inició en 1890 con el ante proyecto de restauración del Monasterio de Poblet.

Una vez aclarados estos aspectos, es necesario hablar del catolicismo y del catalanismo de Gaudí. El obispo Torres i Bages escribió: Cataluña y la Iglesia son dos cosas de nuestra historia pasada que no pueden ser separadas (…) si cualquiera desea rechazar a la Iglesia, tendrá sin duda que rechazar al mismo tiempo a la Patria. Por lo tanto, el catalanismo y el catolicismo de Gaudí van cogidos de la mano.

Influencia de Torras i Bages y Eusebio Güell en Antonio Gaudí

El catolicismo y el catalanismo de Gaudí se vio influenciado por dos personalidades: Josep Torras i Bages y Eusebio Güell. Antes de adentrarnos en definir los rasgos que marcaron su línea vital, es revelador conocer lo que le dijo al poeta Joan Maragall. Éste, en 1903 se lo trasmitió a Josep Pijoan. Escribió Maragall: He llegado a comprender que es él quien representa la tradición del dogmatismo católico, y que en el sentido ortodoxo es él quien está en la posición fuerte; que, comparado con él, soy un diletante lleno de heterodoxias.

Y entonces ¿qué? Si quieres llamar “castigo” al trabajo, el sufrimiento y la lucha humana, eso es cuestión de palabras. Pero ¿no es cierto que la palabra parece contaminar a la vida humana en su misma fuente?

Me parece que, cuanto más fuerte crees que es el reino de Dios en la tierra (…) cuanto menos lejano es el punto de vista que adoptas, menos seguro puedes estar que todo haya sido destinado a ser un castigo, porque te transfigura la gloria que se alza ante ti y el amor que percibes en su interior. (14)

La vinculación de Gaudí con Torras i Bages duró casi treinta años. El Obispo de Vic fue el único mentor intelectual al que aceptó por completo. Torras i Bages tenía planteado reformar el catalanismo y el catolicismo. Como en la época de los Papas, Gaudí sería el gran arquitecto que llevara a la práctica los proyectos filosóficos del prelado. La palabra hecha obra. Un claro ejemplo es el Templo Expiatorio de la Sagrada Familia. Torres i Bages opinaba que la casa pairal era la metáfora secular de la Iglesia. En la misma línea opinaba el Beato Josep Manyanet. Pues bien, Gaudí proyectó la casa pairal de Dios en la tierra a través de la Sagrada Familia.

Siguiendo los consejos de Torras i Bages, Gaudí se hizo socio del Cercle Artistic de Sant Lluc. Este círculo, auspiciado por el obispo de Vic, nació para contrarrestar a los vanguardistas. Los artistas que se reunieron alrededor del Cercle tenían la voluntad de hacer un arte moralizador, de acuerdo con la moral católica, exaltando la familia y las virtudes tradicionales. Se opusieron a la vida bohemia fomentada por Rusiñol en el Cau Ferrat de Sitges (Barcelona). Los más destacados miembros de Cercle fueron: Joan Llimona, Enrique Galway, Félix mestre, Alejandro de Riquer, Dionisio Baixeras, Joaquin Vancells, José Llimona, Joaquin Renart, Antonio Gaudí y Enrique Sagnier.

Eusebio Güell fue un ferviente seguidor de la obra y del pensamiento de Torras i Bages. Esto y la amistad de Gaudí con el Obispo de Vic, hizo que su relación fuera más allá de la puramente profesional. Ideológicamente hablando Gaudí i Güell eran dos seres afines. Carmen Güell, descendiente de Eusebio Güell escribe, en Gaudí y el Conde Güell, lo siguiente: Pese a todo lo que les separaba se admiraban mutuamente y tenían muchos puntos en común: ambos eran sensibles, habladores, de gran corazón y amantes por encima de todo de Cataluña y de todo lo catalán, Compartían el mismo ideal basado en una Cataluña potente en el marco de una España plural. Mantenían largas conversaciones sobre arte y estética en particular, incurriendo a menudo en apasionadas e interminables discusiones (…) La influencia que ejercería uno sobre otro fue considerable. Gaudí derrochaba talento, energía y ganas de trabajar. A Eusebio Güell tampoco le faltaban capacidades (…) fruto de esta unión en extremo singular, gracias a la cual Barcelona cuenta hoy con un legado arquitectónico admirado en todo el mundo. (15)

Antonio Gaudí, el hombre

Josep Pla, en su obra Un senyor de Barcelona, transcribe las memorias de Rafael Puget. Este personaje conoció a Gaudí y, sobre él, escribió: Su personalidad estaba atravesada por un orgullo y una vanidad mórbidos insolubles. En un país donde la mayor parte de las cosas siguen por hacer y lo poco que se ha hecho siempre corre peligro de que lo derriben o lo dejen sin terminar, nuestro arquitecto tenía una originalidad innata y trabajaba como si la arquitectura hubiera comenzado en el momento mismo en que él hizo su aparición sobre la tierra (…) La arquitectura de Gaudí era una imitación de la vida cósmica, dentro de la cual la gente llevaría una existencia micro troglodítica (…) Gaudí no es ni romano ni católico en el sentido que estas palabras tienen normalmente en nuestra cultura. Es un cristiano primitivo de los bosques.

Joan Bassegoda relató un hermosa anécdota que nos acerca al Gaudí hombre: Pedro Viñas Milá (1896-1973) era en 1911 un muchacho, aprendiz de picapedrero y carpintero, encargado también de llevar la merienda a la oficina de obras para el equipo técnico de Gaudí, los martes y viernes por la tarde, días de visita al tajo. Sentía el chico una gran admiración por Gaudí y pareció mostrarse muy preocupado por la forma de las nuevas columnas, aunque, por prudencia, no hizo comentario alguno.

Gaudí con su penetrante mirada azul, se apercibió del desconcierto del chico y le preguntó si le gustaba lo hecho. El aprendiz, sofocado, contestó: Sí, don Antonio, me entusiasma. Yo no he visto en ninguna parte lo que veo aquí, aunque el modo de devastar las columnas es un tanto extraño. Entonces Gaudí, dirigiéndose a Berenguer, dijo. ¿Qué te parece, Francisco?, otro que, a pesar de no decirlo directamente, parece que tampoco le gustan las columnas. Aunque hay un atenuante a su favor, a él le intriga saber por qué a mí me gusta. Y por esto me siento obligado a responder. Y dirigiéndose al muchacho le dijo: Tú, Pedro, eres joven y seguramente todavía no has leído la Biblia, y aun menos el Antiguo Testamento. Pues bien, el día que lo leas verás que Dios ordenó a Moisés desde la zarza ardiendo que, cuando levantara un templo de piedra para Él, no la profanase labrándola, sino que la colocara tal como sale de la cantera y así evitar ruidos estridentes no agradables al Señor durante la construcción. Yo he procurado con estas columnas seguir el precepto de Dios, aunque sea simbólicamente en unas columnas cuando debería ser en todo el edificio.

Esta descripción, conocida a través del texto inédito de Pedro Viñas Milá, titulado Compendio de una vida complicada, permite entender un poco más el carácter de Gaudí y el significado de los símbolos contenidos en su arquitectura, símbolos que en su mayoría, tienen carácter religioso, como esta interpretación literal del texto del Antiguo Testamento en el libro del Éxodo, con la revelación a Moisés de una interesante norma constructiva, el uso de la piedra inmaculada, la que no conoce cincel ni escarpa y se pone en obra en su estado natural (…) La originalidad es volver al origen, repitió muchas veces Gaudí, por eso quiso utilizar la piedra original y no la elaborada, que puede ser una obra de arte, pero no obra de la Naturaleza. (16)

A continuación reproducimos dos anécdotas publicadas en el periódico La Vanguardia y que nos acercan a su concepción religiosa: A Gaudí le encantó la idea del papa Pío X de que el pueblo participara en los cantos litúrgicos y quiso que se implantase en su parroquia de San Joan, en Gràcia. El párroco, Salvador Barone, le puso obstáculos. Gaudí dijo: “entonces, nosotros pediremos a Nuestro Señor que se lo lleve a usted cuanto antes; así empezarán a desaparecer los obstáculos y la reforma irá más deprisa”. La anécdota fue referida por el reverendo Baldelló a Martinell. En la Setmana Tràgica, Gaudí aconsejó al rector de Sant Joan, reverendo Brasó, medidas para contrarrestar el anticlericalismo y el sacerdote contestó: “Para esto no sirvo”. Gaudí replicó: “Entonces espere a que le maten también a usted y en su lugar pondrán a otro que servirá”. La anécdota se la contó a Martinell el escultor Camps Arnau. (17)

Finalizaremos estos ejemplos con el de Mosén Gil: Mosén Gil Parés, que fue capellán del templo de la Sagrada Familia desde 1907 hasta 1930, escribía así en la revista El Propagador en junio de 1927: La víspera del día en que fue atropellado le dice a un sacerdote íntimo amigo suyo: “Yo soy batallador por temperamento, he luchado siempre, y siempre me he salido con la mía, menos en una cosa. En la lucha contra mi genio. Con éste no logro acabar”. Más de una vez fui testigo de ello. En cierta ocasión, después de haber hablado, con una cierta dureza, de algunas personas que tenía al lado, me comentaba, disgustado.

“Pero, ¿qué puedo yo hacer, pobre de mí, si Dios me ha dado la gracia de ver, al momento y con toda claridad y a otros, no? Con mi temperamento no tengo más remedio que decir las cosas sin rodeos, como son y, claro, la gente se disgusta…”

Característica muy notable de esta lucha que había entablado con su propio mal genio era la austeridad con que se trataba, sobre todo durante el último tercio de vida; era austerísimo en el vestir, en el comer, en el descanso. Oía la santa misa y comulgaba diariamente, y todos los días visitaba a Jesús sacramentado, y jamás faltaba en las grandes manifestaciones religiosas de la ciudad, o del templo. Las demás horas del día las pasaba en el trabajo y en la oración. Su esperanza en Dios le daba una completa paz y serenidad de espíritu en los momentos de adversidad “Dios lo quiere así –decía-; su Divina Providencia sabe lo que hace”.

Gaudí sostenía que la curva es la línea de Dios, y la recta, la de los hombres. Quizás por eso la curva es esencial en su obra, descubrió nuevas formas arquitectónicas, y supo copia de la naturaleza, obra de Dios. (18)

Estas últimas palabras nos dan pie para hablar de la relación de Eugeni d’Ors y Antonio Gaudí.

El Noucentisme contra Antonio Gaudí

Los últimos años de la vida de Gaudí no hicieron justicia a su genialidad como arquitecto. El motivo es claro. Eugeni d’Ors lanzó, a bombo y platillo, el Noucentisme. Esta nueva estética artística se basaba en tres principios: orden, claridad y racionalidad. Para d’Ors, el Modernismo era romántico, irracional y cargado de emotividad. D’Ors no hizo más que poner sobre la palestra el viejo dilema de modernidad o clasicismo. En éste caso, la modernidad era el Modernisme y el clasicismo el Noucentisme. Y, claro, d’Ors no se contuvo en el momento de juzgar la obra de Gaudí. Si bien podían estar de acuerdo en posturas políticas, discrepaban en su concepción global del Arte. Como escribe Robert Hughes: El gótico enciclopedista de Gaudí comenzaba ahora a ser considerado algo tan repugnante como un sombrero viejo. No es ninguna exageración decir que D’Ors se lanzó a enterrar en vida al ermitaño de la Sagrada Familia; para Xènius, la Sagrada Familia era un desastre grotesco. (19)

Las decepciones no vendrían solas. Todo aquello por lo que estuvieron luchando durante años, esto es, el catalanismo político, se vino a bajo con la proclamación de la Dictadura militar de Miguel Primo de Ribera. Gaudí aun vivió tres años para comprobar el revés que sufriría Cataluña durante esos primeros tiempos de dictadura. El centralismo volvió a instaurarse y era inútil cualquier política descentralizadora pues, en un estado dictatorial, las normas las impone el dictador.

Eugenio d’Ors no acabó de comprender la concepción global del Arte y menos la concepción arquitectónica de Antonio Gaudí. Él, que estaba llamado a ser el Bernini catalán, estaba por encima de encasillamientos y de movimientos artísticos. D’Ors formuló una distinción entre el mundo de la naturaleza y el de la cultura. Asimismo lo hizo entre el romanticismo y el clasicismo. Su idea de que la Sagrada Familia era un desastre grotesco se basaba en el hecho de que Gaudí se inspiró en la naturaleza para adornarla. Si era la casa pairal de Dios en la tierra, lo más lógico es que fuera adornada con obras creadas por Él. Sobre esta concepción de Gaudí son claras las palabras de Joan Bassegoda: Veía en la naturaleza la obra de Dios, perfecta. Por eso decía: “Yo no creo, ¡yo copio!”. Gaudí tomaba de la naturaleza los patrones, las formas. “El mejor libro de arquitectura es el árbol que veo desde mi ventana”, decía. ¿Cómo negarse a copiar la obra hecha por Dios? Imposible. De hecho, Gaudí y d’Ors coincidieron en pensamientos políticos. Por ejemplo, d’Ors opinaba que la democracia no pasaba de ser la ideología revolucionaria de los instintos de la burguesía. Por su parte, Gaudí pensaba que la democracia era el gobierno de la ignorancia y la estupidez. Ahora bien d’Ors argumentó que el hombre noucentista tenia la suficiente capacidad para crear un orden en las cosas por encima de las fuerzas de la naturaleza. Quizás, de haber conocido el verdadero pensamiento de Gaudí –éste no copiaba de la naturaleza porque no supiera crear su propio orden, sino porque lo había creado Dios- el Noucentisme hubiera transigido con la obra de Gaudí y, éste no hubiera estado marginado los últimos años de su vida.

La espiritualidad en Antonio Gaudí

En 1992, mientras Barcelona se preparaba para celebrar los Juegos Olímpicos, un grupo de cinco amigos encabezados por un joven arquitecto y profesor de dibujo, José Manuel Almuzara, constituyó la Associació pro Beatificació d’Antoni Gaudí. Completaban la asociación el ingeniero Josep M. Tarragona, el arquitecto Javier Fransitorra, el sacerdote Ignasi Segarra y el escultor japonés Etsuro Sotoo, quien, tras trabajar durante años en la Sagrada Familia y conocer la obra de Gaudí, se había convertido al catolicismo. El inicio del proceso de beatificación ha sido polémico, pues algunas voces critican a la Iglesia el querer apropiarse de la figura de Gaudí.

La Sagrada Familia se proyectará, por tanto, como un Templo de expiación de los pecados de una humanidad profundamente alejada de Dios y de la eternidad en la Gloria. No olvidemos que la modernidad se había encarado contra la sociedad cristiana que fue su fundamento. Un Templo para los miembros de la Asociación de San José y que, en palabras de Bocabella, debía tener uno de los altares dedicados a San José como modelo de los obreros padres de familia y como mejor antídoto contra la revolución. Todo el Templo, y cada una de sus piedras, debía ser un canto a la fe de la Iglesia. Más aún, un catecismo de piedra. Así, la Sagrada Familia se proyecta en tres fachadas. Cada una de ellas dedicada a uno de los misterios del Rosario: la fachada del Nacimiento recoge los misterios de Gozo; la fachada de la Pasión, recoge los dolorosos y la de la Gloria (actualmente no iniciada), los gloriosos. Esta última fachada, que será la entrada del Templo contendrá, en piedra, el Credo de la fe católica; las verdades que sustentan al hombre para que culmine su destino final: la eternidad. El propio Gaudí había diseñado que bajo la fachada –por tanto bajo lo que hoy sería la calle Mallorca-, debería realizarse una representación del infierno. De tal forma que, ante la contemplación de la entrada, todo hombre pudiera contemplar en piedra su propio destino vital. El interior el Templo se alza como una articulación entre lo natural y lo sobrenatural. Las columnas y espacios representan las virtudes, los dones del Espíritu Santo y las cristiandades particulares. No es de extrañar que, ya muerto Gaudí, los hordas revolucionarias, en la persecución religiosa de 1936, entraran en el Templo para quemar todos los planos y maquetas, hasta profanaron la tumba de Gaudí. Para los revolucionarios, la Sagrada Familia no era una obra de arte, sino un canto a la fe religiosa que debían destruir.

Gaudí fue fiel a este proyecto sometiendo su genio y originalidad a verdades trascendentes. Esta humillación de su originalidad no sólo fue aceptada por nuestro arquitecto, sino que además constituyó su verdadera fertilidad artística. Su vida, cada vez más centrada en el Templo, fue profundizando en fe y espiritualidad.

Gaudí tuvo encuentros que cambiaron su vida. Uno de ellos fue con Torras i Bages que le fue introduciendo en la devoción y espiritualidad popular. Gaudí llegó a participar intensamente en la Lliga de Espiritualitat de la Mare de Déu Montserrat. Sin embargo, un punto de inflexión de su vida fue en una cuaresma poco tiempo después de aceptar el proyecto de la Sagrada Familia. Gaudí quiso prepararse de tal forma que acometió un estrictísimo ayuno. Agotadas las fuerzas quedó postrado en su domicilio de la calle Diputación. Sólo la intervención de Torras i Bages logró sacarle de su trance. Más tarde, confesó que había querido seguir el consejo de Fray Angélico: Quien desee pintar a Cristo sólo tiene un procedimiento: vivir con Cristo. Desde esa cuaresma empezó a vivir plenamente el ideal evangélico. Abandonó la buena vida, el vestir esnob, el uso del coche -desde entonces marchaba a todos los sitios andando-, los restaurantes de gourmets, y el afán de riquezas y prestigio. Poco a poco fue transformándose en el hombre que recorría Barcelona meditabundo y pobremente vestido; en el famoso arquitecto que había renegado de su sueldo a favor de la Sagrada Familia; en el hombre que destinaba todos los beneficios de otras obras para el Templo; en el alma que degustaba de la comunión eucarística para ensimismarse en la contemplación; en el devoto de San José y San Antonio de Padua; en el espíritu que contaba en su biblioteca obras tan paradigmáticas como el Kempis, el Misal Romano, los Evangelios, El criterio de Balmes, o las obras que le enviaba su amigo Torras i Bages.

Una de las pasiones que guardaba Gaudí era su amor por la música. Tras terminar su jornada laboral y, especialmente los domingos, gustaba de una larga caminata que terminaba en el Oratorio de San Felipe Neri. Ahí, rezaba vísperas y se encandilaba con la Misa cantada. El canto gregoriano lo contemplaba como una prolongación de su propio arte. O más bien al contrario, la arquitectura era para él una reproducción en piedra del canto de alabanza que representaba el gregoriano. La vinculación al Oratorio se debía también a la presencia de un sacerdote singular, el Padre Agustín Mas Folch, que era su director espiritual. Este sacerdote sería inmolado en 1937, durante la persecución religiosa, como también lo fue el estudio de Gaudí en la Sagrada Familia.

La vida espiritual de Gaudí, contra lo que pudiera parecer, fue la de un hombre sencillo, como la de tantos y tantos obreros sencillos de su tiempo. Ello no quita que fuera profundamente intensa y que tuviera su reflejo en su arquitectura. El alimento de esta espiritualidad lo encontró en prohombres de la Iglesia como el beato Enric d´Ossó. Éste había adquirido unos terrenos en Sant Gervasi de Cassoles y le ofreció a Gaudí acabar unas obras que serían el colegio de las teresianas. El genial arquitecto se inspiró en el Libro de las moradas o Castillo interior, de Santa Teresa de Jesús. Su obra quiere representar cómo la morada del alma se refleja en una vida, en un cuerpo, en un edificio. El orden interior crea el orden externo. La belleza del alma se refleja en la belleza externa. En el fondo, Gaudí no hizo más que plasmar su experiencia vital en este colegio.

Así intentó hacerlo con todas sus obras. Poco conocido es que la casa Milá, la famosa Pedrera, está inacabada y apenas se entiende su sentido arquitectónico. Pere Milá, diputado de la Solidaritat Catalana, entusiasmado con Gaudí, le encargó un edificio. Nuestro arquitecto concibió la Pedrera como un gran monumento a la Virgen del Rosario. Aunque el proyecto se tuvo que simplificar mucho por cuestiones económicas, por fin se puso en marcha. El edificio pretendía ser un inmenso pedestal que debía coronarse con una imagen de la Virgen del Rosario con el Niño, flanqueada por San Miguel y San Gabriel. De hecho, a lo largo de la fachada ha quedado grabada la leyenda Ave gratia plena, Dominus tecum. El lugar que correspondería al nombre de María es ocupado por una rosa mítica. Cuando ya se estaba acabando la obra y preparando las imágenes que la coronarían, estalló la Semana Trágica de Barcelona. El miedo de Milá a que las fuerzas revolucionarias incendiaran el edificio si manifestaba su clara catolicidad impidió acabar la obra.

Reflexión final

Antonio Gaudí nunca estuvo adscrito a ningún partido político pero, se sintió identificado con un tradicionalismo que lo podríamos definir así: la política tradicionalista ha de basarse en una sociedad matizada por diversidades y derechos locales que son reflejo de la rica diversidad que brota de la personalidad humana y, a la vez, el resultado histórico de esa diversidad; ha de procurar una extensa distribución de la propiedad, porque siente íntimamente que la pequeña propiedad es la mejor defensa de la libertad que conviene al íntimo status de la persona humana; ha de respetar las virtudes cívicas, pero colocará en la primera línea de su ideario el honor y la caballerosidad, porque sólo mediante ellos pueden la viuda y el huérfano ser protegidos contra el prepotente, y sólo esto nos permite completar “lo que falta en los sufrimientos de Cristo”, según palabras de San Pablo; ha de ver en el rey, no un símbolo coronado, una cifra adorada e incensada, sino la espada de este honor; ha de dar a cada uno lo suyo y jurar lealtad a los que Dios ha colocado por encima de él; ha de creer que el hombre ha sido hecho para caminar con la cabeza alta y con conciencia plena de su dignidad. (20) Esta política descrita por Frederick D. Wilhelmsen, que adoptó el conservadurismo catalán, es patriotismo cristiano o, dicho de otra manera, Tradición o tradicionalismo. Wilhelmsen apuntaba que, en leguaje popular, esta doctrina es conocida como Carlismo.

Por lo tanto, Antonio Gaudí militó en el tradicionalismo. Su ferviente catolicismo hizo que se vinculara con carlistas –Agustín Mas Folch, Enric d’Ossó, Jaume Collell, Josep Manyanet, Joan Martorell, Francesc Berenguer- más por un sentido tradicional y católico, que por una política.

·- ·-· -··· ·· ·-··
César Alcalá y Javier Barraycoa

(*)Tradicionalismo y Espiritualidad en Antonio Gaudí.
Autores: Cesar Alcalá y Javier Barraycoa. Editorial Actas.
166 págs. Más cuatro de ilustraciones. PVP 16 Euros.

Notas

1) El Mundo, miércoles 20 de marzo de 2002.

2) Sobre el particular, J. J. Navarro Arisa comentó al diario El Mundo que: nada indica que Gaudí tuviera inclinaciones homosexuales. De joven vivió un par de decepciones amorosas, en parte porque era tosco y también porque se movía en un mundo de hombres que no contribuía a que aprendiera a tratar a las mujeres; y esas “calabazas” fueron el motivo de que decidiera concentrarse en su trabajo, y como devoto, reconducir su vida hacia el auto-sacrificio. Navarro Arias es autor de Antonio Gaudí. El arquitecto de Dios (Editorial Planeta, 2002).

3) HENSBERGER, Gijs van: Antonio Gaudí. Ediciones Plaza & Janes S.A. (Barcelona, 2001).

4) CARANDELL, Josep Maria: El Park Güell, utopía de Gaudí. Triangle Postals. (Barcelona).

5) BASSEGODA, Joan: Adusto, religioso, infatigable. En La Vanguardia, viernes 15 de marzo de 2002. Joan Bassegoda i Nonell es arquitecto y conservador de la Real Cátedra Gaudí.

6) MERCADER, Laura: Antonio Gaudí. Escritos y documentos. El Acantilado. (Barcelona, 2002). Pág. 241.

7) MERCADER: Ibíd. Pág. 244.

8) BASSEGODA: Ibíd.

9) LAHUERTA, Juan José: Gaudí en mil palabras. En El País, sábado 16 de marzo de 2002.

10) LAHUERTA: Ibíd.

11) BASSEGODA: Ibíd.

12) LAHUERTA: Ibíd.

13) HUGHES, Robert: Barcelona. Editorial Anagrama. (Barcelona, 1992). Pág. 601.

14) HUGHES: Ibíd. Pág. 630.

15) GÜELL, Carmen: Gaudí y el Conde de Güell. Ediciones Martínez Roca S.A. (Barcelona, 2002).

16) BASSEGODA NONELL, Joan: Hacia la beatificación de Antonio Gaudí. http://www.archimadrid.es.

17) La Vanguardia. Vivir Gaudí. Barcelona, 26 de febrero de 2002. Pág. 7.

18) http://www.archimadrid.com.

19) HUGHES: Ibíd. Pág. 673.

20) WILHELMSEN, Frederick D.: Hacia una filosofía del Carlismo. Conferencia pronunciada en el Salón de Actos del museo de Navarra, el día 5 de febrero de 1963. Ediciones Príncipe. (Pamplona, 1963). Págs. 7-8.

http://www.arbil.org/(65)etxa.htm

 


 

OTRAS RESEÑAS:

http://e-cristians.cat/3495-tradicionalismo-y-espiritualidad-en-antonio-gaudi/

http://www.traditioperennis.com/CATALANS/tradicionalismo_y_espiritualidad.htm

 

 

Un comentario en ““Tradicionalismo y espiritualidad en Antonio Guadí”

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