“Cuando en las checas echaban los cuerpos a comer a los cerdos”

 

cerdos

 

apolinaApolonia (del Santísimo Sacramento) Lizárraga y Ochoa de Zabalegui, de 69 años y natural de Lezáun (Navarra), fue asesinada el 8 de septiembre de 1936 y beatificada en 2007. Hizo sus primeros votos como carmelita de la Caridad en 1888 y en 1925 la eligieron superiora general. Al estallar la guerra, estaba en la casa generalicia de Vic; tras encontrar refugio para las religiosas, fue la última en abandonar la casa y se escondió en casas de amigos. Marchó a Barcelona el 2 de agosto, y se movió entre las casas de dos familias amigas, hasta que elPOUM siguió su pista y la detuvo. Desapareció en la checa de San Elías y Antonio Montero, en su Historia de la persecución religiosa, se hizo eco del rumor de que pudo se aserrada viva y sus restos echados a los cerdos que supuestamente mantenía uno de los jefes de esa checa, apodado Jorobado. Según el relato de Hispania Martyr, tal suposición fue declarada por la hermana de la mártir, Bonifacia Lizárraga, y el padre de María Elena del Río Hijas lo contaba como algo cierto:

“Fue cogida prisionera, llevada por los milicianos a una checa, la desnudaron y la llevaron a un patio. La ataron muñecas y tobillos y fue colgada de un gancho a la pared del patio. Con un serrucho la cortaron. Ella rezaba y rogaba por sus asesinos. Estos luego dieron su cuerpo a comer a unos cerdos que tenían allí, que al poco tiempo los mataron y los comían y vendían diciendo que eran chorizos de monja“.

3 comentarios en ““Cuando en las checas echaban los cuerpos a comer a los cerdos”

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  2. Esta mañana he visto tu entrevista con Javier Esparza, ha quedado claro que tu libro está muy bien documentado y ameno. Desmonta muchas de las teorías mal intencionadas que hacen correr la izquierda y los independentistas. Nos permitirá conocer la historia real desde la primera República, hasta el final del 36. Que cada uno de estos personajes la contaba a su manera, dependiendo del momento que
    les interesaba, y a quienes podían engañar. Y no han parado hasta nuestros días.
    En cuanto lo presentes, allí nos veremos.
    Raquel Casviner Cañellas

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