Ecofraudes: “Lo que nunca dijo el Gran Jefe Seattle”.

Ecofraudes: “Lo que nunca dijo el Gran Jefe Seattle”.

Como todo en la vida ciertos ámbitos de reflexión están llenos de certezas, equívocos, ideologizaciones, buenas intenciones, confusiones y manipulaciones. Por desgracia en el ámbito de la reflexión ecológica hoy es todo tan confuso, efusivo, sentimental y manipulable, que a la razón le cuesta avanzar.

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frase apócrifa del Jefe Seattle

A modo de ejemplo,  podemos señalar el fraude del Jefe Seattle. El que ha frecuentado ambientes ecologistas no es raro que se haya encontrado, citadas hasta la saciedad, con las frases del Gran Jefe Seattle. A este jefe de las tribus Suquamisch y Duwamisch, se le atribuye un memorable discurso al Presidente de Estados Unidos que habría sido escrito en 1854. Frases enteras de ese discurso se pueden encontrar en carteles ecologistas o multitud de publicaciones, constituyendo parte del imaginario ecologista. A todos nos suenan expresiones como: “La Tierra no pertenece al Hombre; el Hombre pertenece a la Tierra”, o quejas del estilo: “He visto mil búfalos pudriéndose en la pradera, dejados por el Hombre Blanco que les había matado desde un tren que pasaba”.

 

El famoso texto no había sido escrito por él. En realidad había sido redactado en 1970, un siglo después, por el guionista de televisión Ted Perry.

 

Dejando de lado que el ferrocarril, en la época del discurso, aún no había llegado a Seattle, se hace sospechosa una terminología ecologista excesivamente moderna para el siglo XIX. Con motivo del 125 aniversario de la muerte del jefe indio, una periodista de investigación, Paula Wissel, descubrió el fraude. El famoso texto no había sido escrito por él. En realidad había sido redactado en 1970, un siglo después, por el guionista de televisión Ted Perry. La cadena televisiva ABC emitía Home, un programa medioambiental, y Perry ensayó un texto para acompañar un reportaje sobre el Jefe Seattle.

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Ted Perry, el periodista timador, y el viejo jefe Seattle

Los productores decidieron atribuir el escrito de Perry al Gran Jefe y así ha pasado a la historia del ecologismo. El propio periodista se vio sorprendido por la apropiación indebida, pero calló. Los silencios sobre la ecología son frecuentes. Esta corrección política es debida, entre otras cosas, al temor a poner en duda la finalidad del movimiento: salvar la Tierra. ¿Quién podría negarse a un fin tan excelso?

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