Psicólogas contra la Ley Trans: al Gobierno «no le interesa» que haya datos de arrepentidos

por su interés reproduzco este artículo de Regina Marín, publicado en Vozpopuli

Continúan las alertas contra la próxima Ley Trans, que sigue esperando la aprobación definitiva después de que el PSOE presentara sus enmiendas. Son muchos los que han denunciado que hay que tener cuidado y precaución a la hora de legislar este asunto y esto es un ‘suma y sigue’. Ahora la Red de Psicología Casandra, críticas con la identidad de género y en contra de la Ley Trans, se suma al resto de profesionales que han mostrado en repetidas ocasiones su preocupación por esta nueva ley.

Una de sus psicólogas, que trata a pacientes que acuden a su consulta con disforia de género y que prefiere permanecer en el anonimato, ha hablado con Vozpópuli para seguir desgranando los peligros que puede haber si no se replantea la Ley Trans. Una de sus principales denuncias es que «no existen datos oficiales sobre los desistidores (aquellas personas que se arrepienten durante el proceso de transicionar) porque [a los miembros del Gobierno] no les interesa que haya datos».

Los profesionales de la salud saben «perfectamente» que hay «muchísimos casos» de personas que desisten en el proceso de cambiarse de sexo, porque lo ven en sus propias consultas y porque observan lo que ocurre en otros países. Pero en España no se registran todos estos datos porque los que hacen la ley no quieren escuchar a quienes tienen que escuchar. «Es necesario que legislen en función de la realidad. Y la realidad es que existen muchísimos casos de jóvenes y adolescentes que se arrepienten«. Por lo tanto, «no se puede hacer una ley ignorando este aviso», porque puede llevar a que decenas de personas tomen una decisión errónea y sin retorno. «Esta realidad, que tratan de ignorar para poder sacar adelante su ley, demuestra que es necesario que se exijan análisis médicos y psicológicos para evitar daños futuros».

Estas declaraciones se suman a las de otros expertos que alertan. Como ejemplo, Celso Arango, Jefe del Instituto de Psiquiatría y Salud Mental, Jefe del Servicio de Psiquiatría del Niño y del Adolescente del Hospital Gregorio Marañón y expresidente de la Sociedad Española de Psiquiatría y Salud Mental. Declaró hace unas semanas que «hasta el momento de maduración mental se considera que las personas deben ser protegidas de decisiones que pueden afectar al resto de su vida. Ya sea el tabaco o la cirugía de reasignación».

«La punta de un iceberg»

La crítica de esta psicóloga continua con el aviso de que esta ley puede suponer un parche para un problema sangrante. Bajo su punto de vista, compartido por cientos de doctores, psiquiatras y familias, esta ley es un despropósito porque no tiene en cuenta que la disforia (la incomodidad que pueden sentir algunas personas porque su identidad de género no coincide con el sexo de nacimiento) «es la punta de un iceberg que sostiene otros muchos problemas que no se ven». «No se puede hacer una ley fijándose solo en la punta. Hay que afrontar la realidad siendo consciente de la totalidad de la misma».

Como ya hemos contado varias veces en este periódico, los expertos explican que se necesita «prudencia» para legislar este tema tan delicado, que mezcla conceptos sin conocimiento y sin «objeto político». «En mi consulta veo muchos casos de personas que vienen con disforia y sé que la gran mayoría de veces esconden detrás problemas que se tienen que solucionar por otras vías y no por la transición«. Una declaración más que demuestra que «es insensato» que se cree esta ley sin escuchar a los expertos que avisan que hay que tener prudencia y se tienen que establecer unos protocolos médicos para poder transicionar.

La especialista explica que estos problemas suelen ser la consecuencia de otros, «que son los que verdaderamente hay que tratar»: depresiones, TCA, altas capacidades mal gestionadas, dificultades para relacionarse, bullying, gustos diferentes que les llevan a la exlusión… «Cuando llega un adolescente diciendo que quiere cambiarse de sexo, lo primero que trato de averiguar es cuál es la causa de su malestar. Mira, hace unos años, cuando un joven tenía problemas de inseguridad, era muy habitual que cayera en un Transtorno de la Conducta Alimentaria. Ahora, por cómo es la sociedad, lo que les nace es decir que son ‘trans’. Pero como digo, este deseo de cambiar de género es solo lo que se ve. El problema es mucho mayor. Yo no digo que no existan los transexuales. Digo que cuando llega un caso de este tipo hay que tener cuidado y analizarlo médicamente, porque no es normal que de primeras rechaces tu cuerpo. No puede ser que con esta ley te puedas cambiar de sexo sin ningún tipo de análisis médico o psicológico».

Por otro lado, señala que la falta de identidad de género suele ser algo «multifactorial«. Los diversos problemas de los pacientes suelen generar que «su autoconcepto se desarrolle en base a la idea de que hay algo mal en ellos mismos que tienen que cambiar». «Al sentir el rechazo de los otros, sea por el motivo que sea, llegan a la concusión inconsciente de que son rechazables y por lo tanto tienen que renegar de ellos mismos también. Y consideran que la manera para evitar esta sensación es cambiar de sexo», explica la psicóloga.

Una situación que hoy en día se agrava porque se suma otro factor: el problema de las pantallas como modelo relacional. Cuando los menores tienen un problema de este tipo (abusos, baja autoestima, bullying…), suelen tender en la mayoría de los casos a esconderse detrás de una pantalla, que les da seguridad y les transporta lejos de «la inmediatez de la distancia emocional y personal». «Al final terminan metiéndose en un círculo vicioso en el que cada vez tienen menos recursos relacionales», añade.

El trabajo de los expertos, en peligro por la Ley Trans

Por último, desde la Red de Psicología Casandra, que este sábado participó en una jornada titulada «#NoLeyTrans ¿A quién beneficia la ley trans? Análisis feminista, desde la educación, la sanidad y las familias», alertan de que estos son los problemas que verdaderamente hay que estudiar cuando llega un paciente (especialmente los más jóvenes) diciendo que siente disforia. «Primar una opción, la transición, imponerla incluso, descarta otras valiosas intervenciones, la búsqueda de la mejor solución personalizada para cada individuo», explican.

«Además, a nosotros los expertos nos desconecta de nuestro trabajo y nos hace trabajar con inseguridad». Esta declaración se basa en el «peligro» que corren aquellos profesionales de la salud en aquellos casos en los que, por algún motivo, decidan que la operación de transición no es necesaria y que el problema del paciente se puede solucionar por otras vías, como las consultas psicológicas.

En el artículo 75.4.d del Proyecto de Ley se califica como infracciones administrativas muy graves «la promoción o la práctica de métodos, programas o terapias de aversión, conversión o contracondicionamiento, ya sean psicológicos, físicos o mediante fármacos, que tengan por finalidad modificar la orientación sexual, la identidad sexual, o la expresión de género de las personas, con independencia del consentimiento que pudieran haber prestado las mismas o sus representantes legales».En el siguiente artículo se establecen además cuáles son las sanciones para todos aquellos que cometan una infracción muy grave, que van desde multas de entre 10.000 y 150.000 euros, inhabilitación profesional de tres años o la denegación, supresión, cancelación o suspensión, total o parcial, de subvenciones que la persona sancionada tuviera reconocidas.

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