ENTREVISTA en Elcatalan.es: “Hemos visibilizado entre todos que hay otra Cataluña”

Publicada en Elcatalan.es

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Javier Barraycoa (Barcelona, 1963) es doctor en filosofía, profesor de la Universidad Abat Oliba CEU y autor de diversos ensayos humorísticos y de libros de Historia de Cataluña, el último “Los (des) controlados de Companys”. También es uno de los fundadores de Somatemps.

Usted ha escrito un libro sobre Companys. ¿Por qué el nacionalismo ha mitificado su figura?

Porque todo nacionalismo necesita mitos fundacionales y en este caso Companys es un mito “refundacional” del nacionalismo radicalizado durante la Transición. Tarradellas y otros muchos catalanistas evitaron que se les relacionara con la figura de Companys, al inicio de la Transición. Aún estaba demasiado reciente el recuerdo de las persecuciones y penurias durante la Guerra Civil. Por eso, se ensalzó la figura de Macià sobre la de Companys. Ahora, en la medida que el nacionalismo se ha radicalizado y los crímenes de Companys se han olvidado, pretenden convertirlo en un “mártir”.

Se está produciendo una interesante paradoja en Cataluña. El máximo cargo institucional de un partido tradicionalmente poco tendente al histrionismo como la ex Convergència, Carles Puigdemont, es el “radical” de la política catalana, y el de Esquerra, una formación más tendente a la sobreactuación, Oriol Junqueras, es el “sensato”. ¿Es Oriol Junqueras un político “sensato”?

Ciertamente Oriol Junqueras es el prototipo de pusilánime. Hemos de tener en cuenta que recogió un partido -ERC- totalmente convulsionado, dividido y en fase de implosión. Su propia personalidad parece haber cambiado el partido. Pero también hay mucho de cálculo político. En política, todos sabemos que los partidos que manifiestan tensiones internas se hunden. Ahora ERC se presenta casi como el “moderantismo catalanista”. Ello le ha permitido recoger una buena cosecha de votos de la vieja CiU. ERC parece volver a sus orígenes, un partido pequeño burgués, que recogió las contradicciones y el fracaso del partido de la gran burguesía: la Lliga Regionalista. Ya veremos cuando se vuelva a convulsionar.

¿Está el separatismo reinterpretando la Historia de Cataluña?

Ojalá reinterpretara la historia, al menos se podría discutir con ellos en términos académicos. Estamos ante auténticas invenciones sacadas de la manga, repetición de tópicos absurdos, anacronismos que no soportarían la más mínima crítica historiográfica. Y aún hay algo peor, el argumentario de esta historia inventada ya ni siquiera es importante para el separatismo. Se trata ahora de un mero “voluntarismo” de independencia independientemente de las reivindicaciones históricas. ¿Qué ha quedado de los fastos de tricententario de 1714? Nada y al separatismo le da absolutamente igual. Estamos en otro paradigma de comportamiento político.

Sus libros divulgativos sobre los mitos del nacionalismo catalán han sido superventas. Si se dice que los españoles no leemos, ¿cómo que unos libros de Historia han triunfado?

Ciertamente en España se lee poquísimo comparado con países como Francia. Una de las claves del éxito de ventas de estos libros ha sido -creo- la novedad y el estilo. Hasta entonces habían aparecido libros contra el nacionalismo, pero era de un academicismo insoportable para el gran público, o unos ensayos excesivamente ligeros y de estilo periodístico. Un libro como “Historias ocultadas del nacionalismo catalán” fue una auténtica novedad. Sin perder el rigor histórico, se iban desmontando una a una las mitologías nacionalistas. Estaba escrito a base de pequeños epígrafes, lo cual el público agradecía. Muchos me han agradecido haberles proporcionado argumentos para poder discutir con nacionalistas.

Usted es uno de los fundadores de Somatemps. ¿Cuál es el principal objetivo de la asociación?

Somatemps se montó con dos fines muy claros: combatir culturalmente al nacionalismo, especialmente desde la defensa de la verdadera historia de Cataluña y la reflexión sobre el nacionalismo (cosa que les falta a los políticos por su cortoplacismo); y en segundo lugar, arrebatar el monopolio del espacio público al nacionalismo. Hasta que no nació Somatemps, la sociedad catalana no nacionalista estaba acomplejada y no era capaz de salir a la calle. Ahora son muchas las asociaciones no separatistas que constantemente salen a la calle. Hemos conseguido entre todos visibilizar que hay otra Cataluña.

Términos como “derecho a decidir” o “queremos votar” se han extendido al resto de España. ¿Está ganando el secesionismo la batalla de lenguaje?

Indudablemente. La batalla cultural la ha ganado el nacionalismo por incomparecencia del contrincante. Ningún Estado del mundo hubiera permitido un adoctrinamiento como el que hemos sufrido en Cataluña. Los que creen que el fundamento de la política es sanear la economía se equivocan totalmente. Las grandes transformaciones sociales vienen precedidas de transformaciones en las mentalidades colectivas, no por dinámicas económicas. Uno puede leer en artículos de periódicos conservadores expresiones como “el encaje de España y Cataluña”, como si España no integrara a Cataluña. Y, para colmo, el articulista ni se ha dado cuenta. Sí, hay toda una pléyade de conceptos que el nacionalismo ha sabido manejar brillantemente. De ahí la importancia de la educación y la cultura. Hemos perdido dos generaciones, y alguien es responsable de ello.

¿Cómo podemos revertir esta situación?

Los partidos políticos y otras asociaciones deberían priorizar la formación de la juventud en la historia de España, el conocimiento de las ideologías, en una antropología y los fundamentos filosóficos de la política y el lenguaje. Ya sé que parece una utopía, pero sin un rearme intelectual, no hay nada que hacer. Lo que los partidos no pueden hacer es formar a los jóvenes, las futuras clases dirigentes, a base de esquemas autoreferenciales. Esto es, sólo explicando los parabienes de las doctrinas que defiende el partido. Recrearemos así una casta política especializada en trepar, pero no en transformar la sociedad. Pensemos que el nacionalismo lleva cien años elaborando y reelaborando su pensamiento. Son demasiados años de ventaja.

En las últimas elecciones autonómicas, plebiscitarias según el nacionalismo, no consiguieron el aluvión de votos que esperaban. ¿Han perdido definitivamente la batalla?

Hemos visto como tras los momentos álgidos del nacionalismo en Canadá o Escocia, ahora han cosechado porcentajes de votos muy bajos. En el caso catalán si algo sustituirá –momentáneamente- al nacionalismo, no será una conjunción de fuerzas “unionistas”. Esa es una de las razones por las que Junqueras actúa como actúa. El sabe que el nacionalismo catalán está perdiendo fuelle. Por eso el próximo gobierno será un “frentepopulismo” donde primen las luchas sociales sobre las nacionalistas. Estoy convencido que el nacionalismo será una de las últimas ideologías en desaparecer, pues la globalización crea una vacuidad identitaria que la gente sustituye con vagos referentes nacionalistas. Además el nacionalismo es como el mar, se configura en oleadas, y cuando parece que se retira, vuelve a emerger.

Dígame la cualidad que menos aprecia de los nacionalistas.

Su incapacidad para sentarse en una mesa y discutir en términos académicos sus posturas o los fundamentos históricos de las mismas.

Y la que más.

Indudablemente su perseverancia.

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