1714: “El misterioso y sospechoso ascenso al poder de Rafael Casanova”

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 (Texto entresacado de “Esto no estaba en mi libro de Historia de Cataluña” de Javier Barraycoa (Almuzara,2018)

 

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Romántico grabado de casanova, hasta con soldados con baratijas (inexistentes en la época)

 

Hoy en día, el héroe venerado en las diadas conmemorativas del 11 de septiembre es Rafael Casanova. Su sombra oculta a otros personajes que merecerían ocupar su lugar pero que no interesa que sean recordados, por unos motivos u otros. De hecho, cuando se ha ido recuperando la biografía de este personaje, cada vez hay más dudas sobre su integridad y personalidad. Intentaremos aproximarnos al protagonista para descubrir su lado más oculto.

Una tesis arriesgada es que la devoción a Rafael Casanova se debe a la suerte de que Rosendo Novas le realizara, en el siglo XIX, su famosa estatua a la cuál acudían los catalanistas porque no había de otros personajes; y que héroes de mayor alcance,, como Antonio Villarroel o el general Moragues, son prácticamente desconocidos porque sobre ellos no se ha perpetrado el mito. Y eso que ambos murieron por la causa austracista, al contrario que Rafael Casanova, que acabó viviendo en la España borbónica sin ser molestado.

 

Una muerte “providencial” que permitió su ascenso

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Junta de Guerra

Casanova era un personaje que provenía de una saga influyente en la vida pública de la población de Moyá (Barcelona). Como otros muchos hijos de potentados rurales marchó a Barcelona a estudiar Derecho. Ya metido en el fregado de la Guerra de Sucesión era un hombre importante en Barcelona. En plena guerra, el 25 de enero de 1706, murió uno de los consellers («ediles») de la ciudad, Jacinto Lloreda.

En total había seis consejeros que eran elegidos por sorteo entre los ciudadanos y el cargo duraba un año. A su vez, estos seis prohombres eran aconsejados y supervisados por una asamblea de cien ciudadanos (el Consejo de Ciento). Para el cargo de Conseller en Cap («presidente de los consejeros» o alcalde) sólo podían presentarse al sorteo los llamados «ciudadanos honrados». Y cada uno de los restantes cinco consejeros representaban a diferentes cuerpos sociales: mercaderes, abogados y juristas, artesa- nos y labradores. El consejero muerto era el representante de los abogados y por sorteo salió elegido como sustituto Rafael Casanova.

 

El consejero muerto era el representante de los abogados y por sorteo salió elegido como sustituto Rafael Casanova

 

A los tres meses de ser elegido Casanova, arribaron tropas felipistas a las puertas de la ciudad con tal de recuperarla tras la anterior conquista austracista. En abril, las tropas ya estaban a punto de iniciar el asalto. Entonces corrió por la ciudad el rumor de que el Conseller en Cap había pactado con las fuerzas borbónicas la rendición de la ciudad. Se produjo un sospechoso motín —del que todavía no se ha dilucidado quiénes fueron los promotores— y en medio del jaleo, como el que no quiere la cosa, murió asesinado el Conseller en Cap, Francisco Nicolás de Sanjuán.

 

Sigue el prodigioso ascenso

Entonces tomaron las riendas de la situación dos consejeros: Francisco Gallart y Rafael Casanova, apoderándose del gobierno de la ciudad. Gracias a la llegada de una ota inglesa, las tropas felipistas desistieron del asalto y marcharon. Un año más tarde, el 6 de febrero de 1707, el archiduque Carlos concedió a Rafael Casanova el título de ciutadà honrat («ciudadano honrado») por su actuación al durante el sitio borbónico de Barcelona.

Se produjo un sospechoso motín —del que todavía no se ha dilucidado quiénes fueron los promotores— y en medio del jaleo, como el que no quiere la cosa, murió asesinado el Conseller en Cap

 

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Sitio de Barcelona

Pasaron unos años, hasta que llegó el tratado de Utrech y el abandono de los aliados, dejando al principado a su suerte. Por ello, se convocó en Barcelona el 30 de junio de 1713 una Junta de Brazos (la Junta de Braços era una institución que convocaba la Diputación del General de Cataluña de manera extraordinaria en casos de urgencia). Debían deliberar si Cataluña debía someterse a Felipe V o proseguir la guerra. Como Rafael Casanova había sido nombrado ciudadano honrado, pudo asistir como miembro del «Brazo Real» (Braç Reial).

El 5 de junio el Brazo Real emitió su veredicto proponiendo que se continuara la guerra. Pero no todo era tan fácil y la situación estaba muy tensa. Los votos del brazo militar se dividieron entre los que querían la paz y los que optaban por mantener la Guerra, que como ya vimos era una decisión absurda. El sector más radical del brazo militar, liderado por Manuel de Ferrer y Sitges, finalmente ganó.

Emitieron un comunicado a la Diputación de Barcelona para que lo transmitiera, pero ésta no quiso publicarlo pues no estaba de acuerdo. Al final los radicales se impusieron y el bando fue dado a conocer a los ciudadanos el 9 de julio de 1713. Ese mismo día, muchos ciudadanos empezaron a abandonar Barcelona e incluso entre ellos militares de alto rango, como el teniente coronel Antonio Meca y de Cardona. Éste había comandado las Reales Guardias Catalanas, que eran las tropas de elite del archiduque Carlos de Austria. Rafael Casanova permaneció en la ciudad. El 22 de julio, había que renovar por sorteo a los diputados generales de Cataluña y misteriosamente salieron elegidos los más proclives a la guerra. No era la primera vez que se sospechaba de fraude en estos sorteos.

El 22 de julio, había que renovar por sorteo a los diputados generales de Cataluña y misteriosamente salieron elegidos los más proclives a la guerra. No era la primera vez que se sospechaba de fraude en estos sorteos.

 

Otro increíble sorteo

Otro posible fraude, y ya se sumaban muchas sospechas, es el que se produjo durante la nueva renovación de los consellers («ediles del ayuntamiento»). Era el 30 de noviembre de 1713 (preceptivamente se hacía el día de san Andrés). Y, ¡oh sorpresa!, por sorteo salió elegido Rafael Casanova como Conseller en Cap. El cargo llevaba parejo el grado de coronel de los Regimientos de la Coronela, la milicia ciudadana que era el grueso de la guarnición que defendía la ciudad, así como el título de cabeza militar de la plaza.

Casanova iba acumulando poco a poco todo el poder. Gracias a este posicionamiento se impusieron sus estrategias sobre las de Antonio Villarroel que a la sazón era el General Comandante, por tanto el mando militar supremo en Cataluña. Casanova ya controlaba los resortes del poder en la ciudad y consiguió el respaldo del Consejo de Ciento. Villarroel no tuvo más remedio que aceptar la situación.

¡oh sorpresa!, por sorteo salió elegido Rafael Casanova como Conseller en Cap. El cargo llevaba parejo el grado de coronel de los Regimientos de la Coronela, la milicia ciudadana

 

Los austracistas contra Casanova y el Golpe de estado de éste

Todo era tan sospechoso en Casanova que sufrió un intento de golpe de Estado en febrero de 1714. Lo lideró el inspector general del ejército, Ramón de Rodolat. Pretendía destituir a Casanova con efectivos de la Coronela (las milicias de ciudadanos agrupados en gremios), pero fue traicionado y detenido antes de que pudiera llevarlo a cabo. Rafael de Casanova aprovechó la ocasión para presionar a la Generalidad para que le cediera todas sus competencias. El golpe de Estado, esta vez de Rafael Casanova, se perpetró el 26 de febrero de 1714.

El historiador Salvador Sanpere y Miquel a esta táctica la llamó el «golpe de Estado concejil», interpretando que los consellers habían realizado un contragolpe de Estado contra la Generalidad de Cataluña. En resumidas cuentas: el alcalde de Barcelona, Rafael Casanova, se hacía con todo el poder político y militar de la Cataluña austracista.

 

Rafael Casanova aprovechó la ocasión para presionar a la Generalidad para que le cediera todas sus competencias.

 

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Antonio Villarroel

Para colmo se enfrentó a todos los que dudaban de él y destituyó a muchos hombres de confianza de otros consellers y ordenó la decapitación del comandante de Montjuic al creer que iba a entregar la ciudad a las tropas borbónicas. También tensionó sus relaciones con Villarroel y militarizó a todos los ciudadanos por decreto. Villarroel, que era realista, intentó ganarse a los mandos de la plaza para que presionaran al Conseller en Cap para que aceptara una rendición honrosa. Enterado Casanova lo llamó al orden y se negó a una capitulación y eso que el número de residentes que desertaban eran cada noche más numerosos. El 11 de septiembre se produjo el asalto final. Nos ahorraremos todos los detalles. Rafael  Casanova, en un contrataque cayó herido en el muslo y fue retirado, como ya se dijo. Sin él las tropas se desmoralizaron y detuvieron el contrataque que había iniciado. Villarroel siguió luchando a la desesperada y lanzó esta proclama a sus hombres:

“Señores, hijos y hermanos, hoy es el día en que se han de acordar del valor y gloriosas acciones que en todos tiempos ha ejecutado nuestra nación. No diga la malicia o la envidia que no somos dignos de ser catalanes e hijos legítimos de nuestros mayores. Por nosotros y por toda la nación española peleamos. Hoy es el día de morir o vencer, y no será la primera vez que con gloria inmortal fue poblada de nuevo esta ciudad defendiendo la fe de su religión y sus privilegios”.

Pero todo fue inútil, Barcelona ya estaba derrotada. Para darnos cuenta de la dureza del ataque, se calculan unas bajas estimadas en 14.200 asaltantes borbónicos frente a 6.850 defensores austracistas. Rafael Casanova huiría de incógnito de la ciudad vestido de fraile. Todavía es un misterio cómo fue amnistiado en 1719, regresó a Barcelona y volvió a ejercer como abogado hasta 1737, año en qué se retiró. Parece ser que, por su carácter agrio, acabó hasta desheredando a sus propios hijos.

Casanova se enfrentó a todos los que dudaban de él y destituyó a muchos hombres de confianza de otros consellers y ordenó la decapitación del comandante de Montjuic al creer que iba a entregar la ciudad a las tropas borbónicas

 

Recuerdo a los héroes olvidados del nacionalismo del 11 de septiembre

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José Moragues

Sólo nos queda, ahora, tener un pequeño recuerdo para con dos austracistas que han sido olvidado por los catalanistas. El primero, sin lugar a dudas es Antonio de Villarroel y Peláez. Había nacido accidentalmente en Barcelona, pero era de origen gallego. Ya de muy joven, en 1697, había defendido Barcelona de los franceses. Al principio de la Guerra de Sucesión estaba en el bando felipista, pero en 1710 se pasa al bando austracista. Nombrado comandante supremo de las fuerzas austracistas por los Tres Comunes de Cataluña, organizó la defensa de Barcelona y acabó —como hemos relatado— enfrentado a Rafael Casanova por no quererle seguirle en su locura final.

También cayó herido el 11 de septiembre, aunque nadie lo recuerda. No huyó, como Casanova, de Barcelona. Por eso fue detenido junto a los veinticinco líderes militares de la ciudad. Aunque hay diferentes versiones sobre su muerte, la más creíble es que fue llevado prisionero a Alicante y desde ahí fue trasladado a La Coruña. Habría sido encarcelado en condiciones durísimas, dado que el agua entraba en su celda con las mareas lo que le habría provocado una parálisis en ambas piernas y le provocó la muerte el 22 de febrero de 1726.

Habría sido encarcelado en condiciones durísimas, dado que el agua entraba en su celda con las mareas lo que le habría provocado una parálisis en ambas piernas y le provocó la muerte el 22 de febrero de 1726.

El segundo que queremos recordar al general José Moragues. Fue uno de los firmantes del pacto dels Vigatans, precedente del pacto de Génova de los que ya hemos hablado. Desde el principio estuvo implicado en el bando austracista adquiriendo un considerable prestigio formando parte del Regimiento de las Reales Guardias Catalanas, la elite del ejército austracista.

Alcanzó el rango de general. Acabada la guerra se refugió en su pueblo natal para intentar huir de España con su familia. Pero finalmente es detenido, juzgado, torturado y ejecutado el 27 de mayo de 1715. Antes se le retiraron públicamente todos los honores militares, se le descalzó, se le vistió con una camisa de penitente y fue arrastrado por un caballo a través de las calles de Barcelona hasta llegar al patíbulo donde fue degollado.

Javier Barraycoa.

7 comentarios en “1714: “El misterioso y sospechoso ascenso al poder de Rafael Casanova”

  1. Lo que se deduce es que Rafael Casanova era un mal bicho, pero si los fanáticos enloquecidos independentistas sienten admiración por los peores bichos y bestias salvajes, que dicen que los españoles tenemos un bache en el ADN que es parecido a lo que decía Hitler acerca de los judíos, todo el que se cree superior porque ha tenido un sueño de relato delirico y psicópatico para creerse superiores y eso es justo para mi, ser un ser inferior salvaje, despreciable, repugnante, Hitler y su pareja mujer se pegaron un tiro en la cabeza antes que los cogieran, lo mismo que Salvador Allende en el Palacio de La Moneda de Chile,siendo también marxista y el primer marxista en el mundo que fue elegido desde un sistema democrático y acabó como acaba siempre el marxismo, provocando hambrunas.
    Yo que le creo casi ciegamente a don Pío Moa y él dice que ha demostrado o comprobado que el marxismo es inaplicable en la realidad.

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  2. Pingback: “1714: El misterioso y sospechoso ascenso al poder de Rafael Casanova” por Javier Barraycoa

  3. INTERESANTISIMO
    Deberia ser de OBLIGADO estudio en los colegios de toda España, pero con especial atencion en Cataluña. !Que dejen de INTOXICAR a la gente y estudien la verdadera Historia!

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  4. Estoy intentando enterarme de esta guerra entre seguidores de los Austrias y entre los seguidores de los Borbones.Es claro que ganaron los Borbones, el bisabuelo del Rey actual se largó de España cuando en unas elecciones municipales en 1931 los socialistas proclaman La Segunda República, y por tanto ilegalmente,pero los socialistas fueron creados igual que La UGT por un tipo llamado Pablo Iglesias Posee que dijo que ellos serían demócratas cuando les conviniera.A Eduardo García Serrano le he oído decir que sólo ha habido repúblicas en España, durante unos nueve años, lo que parece indicar que hemos tenido Reyes durante muchos siglos.

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  5. Interesantísimo. Gracias, Barraycoa.

    Aunque sea algo incidental, me ha llamado la atención que en Barcelona y en el siglo XVIII perviviese aún la forma tradicional española de gobierno municipal: los que en Castilla se llamaban «regidores cadañeros», elegidos por insaculación para el término de un año entre los diferentes estados y corporaciones. Esta institución, profundamente comunitaria y democrática, fue barrida en toda la Corona de Castilla desde el principio de la Edad Moderna por el proceso de patrimonialización o venta de los oficios municipales que emprendieron los Austrias con fines recaudatorios. Me imagino que los fueros impidieron a los reyes desnaturalizar los ayuntamirentos catalanes de la misma manera.

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