Transversalidad

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Hoy no prometo que esta tribuna sea de una claridad meridiana. Coincide -teóricamente- con otro pleno de investidura en el que se pretende resucitar a Puigdemont. Otro día tocará hablar de cómo la estrategia de unos pocos -la revolucionaria- se ha acabado imponiendo en las filas del separatismo incluso del conservador. Todo está acelerado y en modo surrealista, para intentar reflexionar sobre la actualidad. Así que haré caso a mi ángel de la guarda y me dedicaré a una reflexión de mayor hondura y atemporal. Lamentablemente es una especulación sobre el nacionalismo, del que parezco condenado a estar unido de forma indisoluble.

Desde hace cuatro años no he parado de oír hablar de la necesidad de lograr la transversalidad para derrotar al nacionalismo. Lo malo de estar en el coso batiéndote el cobre casi día a día contra el nacionalismo, te impide esos momentos de reflexión decisivos que dedican los estrategas para diseñar las victorias antes de que se produzcan los combates. Cada vez estoy más convencido de que adolecemos de estrategas de calibre suficiente para derrotar al nacionalismo. Tenemos unos pocos y excelentes expertos en tácticas. Tenemos trincheras imbatibles y moral de victoria (como se decía en el servicio militar). Pero … ¿Tenemos sobre un mapa diseñada la estrategia que ha de llevarnos a la victoria? O meramente el gobierno se ha dedicado a elaborar planes A, B, C, … para devolver las cosas a su estado inicial.

De hecho, dudo mucho que nadie haya pensado en serio en la transversalidad y eso que es la teórica estrategia que nos ha de llevar a la victoria

Como decía, -y fue craso error- muchos creíamos que crear movimientos transversales era la estrategia correcta e indiscutible frente al independentismo. A ellos -en teoría- les parecía funcionar. Aún recuerdo el besazo en la boca que le pegó el revolucionario Dani Fernández de la CUP al burgués Artur Mas, en pleno Parlament. ¡Eso era transversalidad morbosa en estado puro! Aprovechando que estos días se nos prometen agitados, he caído en la cuenta de la famosa tesis Thomas Kuhn, expresada en su obra La estructura de las revoluciones científicas. Su lectura, siendo más joven, me descubrió una nueva forma de pensar la realidad. Kuhn constataba que muchos paradigmas inamovibles para la ciencia, de la noche a la mañana perdían su legitimidad y credibilidad, cayendo como juguetes obsoletos. Así, teorías que estuvieron de moda y nadie dudaba de ellas, ahora están en el baúl de los recuerdos de la ciencia. Incluso muchas provocan risas cuando las lees.
Ello, no sé por qué, me ha llevado a plantearme la siguiente reflexión. ¿Nuestro paradigma “científico-político” de la transversalidad es una verdad inmutable? ¿Caerá como cayeron tantos paradigmas científicos que se creyeron inamovibles? Y lo peor, me ha dado por pensar, si alguien ha pensado en qué significa la transversalidad. Y me han entrado temblores primaverales. De hecho, dudo mucho que nadie haya pensado en serio en la transversalidad y eso que es la teórica estrategia que nos ha de llevar a la victoria. De forma preocupamnte, si uno piensa dos micro segundos, descubre que no puede existir una sola transversalidad, sino que como mínimo deben existir dos. Y aquí viene mi dificultad: ¿cómo expresar en escasas líneas algo que debería ser fundamental a tener en cuenta en nuestras decisiones tácticas y estratégicas? Lo malo es que cuando alguien plantea un cambio de paradigma en el pensamiento, suele acabar en las cárceles de la marginalidad o sufriendo la hilaridad por las espaldas. Pero ahí vamos. Intentaré explicarme.

La transversalidad dichosa ha llevado a que muchas gentes y asociaciones hayan tenido que tragar carros y carretas, para tener contentas a las izquierdas en Cataluña. Se han vendido almas y comprado voluntades para que Iceta se dignara aparecer en público

Hasta ahora, en Cataluña, el asociacionismo ha invocado que los movimientos y asociaciones, plataformas y grupos han de ser transversales. Un cierto instinto político, me ha permitido descubrir que los que más hablan de transversalidad, actos unitarios y estrategias conjuntas, son las asociaciones más monolíticas y siempre -bajo mano- han intentado controlar a las otras asociaciones para imponerles “su” transversalidad. Pero eso es otra historia. El caso es que bajo nuestro corto paradigma visual actual, interpretamos la transversalidad como una imaginaria línea horizontal que va de la derecha a la izquierda o viceversa. Personalmente, creo que es una mera ilusión, pues esa línea no es paralela al suelo y se inclina hacia la izquierda siempre. Me explico. La transversalidad dichosa ha llevado a que muchas gentes y asociaciones hayan tenido que tragar carros y carretas, para tener contentas a las izquierdas en Cataluña. Se han vendido almas y comprado voluntades para que Iceta se dignara aparecer en público dos veces -dos veces, repito- en actos púbicos y teóricamente “unitarios” del asociacionismo. Un Iceta que se pasaría la transversalidad por el forro de la panceta, cuando desde ERC le tendieran la mano para recrear un tripartito.

El peso de la Izquierda en esta línea imaginaria de la transversalidad siempre ha sido mayor. Y no hacemos alusiones al peso específico-literal de Iceta. Nos referimos a que la vacuidad intelectual de la derecha es tal que pesa menos que el éter. Mejor dicho, es como el éter físico, que la teoría de la relatividad de encargó en demostrar que no existía. La llamada ideología de derechas es una réplica diluida y adaptada para celíacos políticos incapaces de pensar fuera de los parámetros ideológicos de la izquierda. O por resumir, es la expresión del acomplejamiento ante la izquierda. Por eso, la transversalidad frente al nacionalismo, siempre nos llevará a la estrategia pergeñada por la izquierda: un pacto, por no decir una indecorosa entrega. Eso sí, todos anestesiados con una droga llamada patriotismo constitucional y unos pequeños retoques estéticos en el articulado constitucional. Por suerte no soy ni de derechas, ni de izquierdas, ni mucho menos de centro, y eso me permite cierta libertad de espíritu.

El cambio de paradigma que propongo es empezar a hablar de la otra transversalidad: la vertical. La que va de lo inmanente a lo trascendente.

El cambio de paradigma que propongo es empezar a hablar de la otra transversalidad: la vertical. La que va de lo inmanente a lo trascendente. No es difícil consensuar que los términos derecha e izquierda son planos. Peor aún, la ideología de izquierdas engloba a la de derechas que no es más que el pensamiento de izquierdas en dosis digeribles para buenas gentes sin ganas de complicarse intelectualmente la existencia. Pero la realidad ya no podemos enfocarla desde una perspectiva tan pobre y estéril. Hay trascendencia y hay inmanencia. La política, los movimientos sociales, la vida comunitaria en sí misma, debe aceptar como mínimo esta transversalidad que permite -al menos- la existencia de una vida social no encerrada en sí misma. La trascendencia, con otras palabras en la condición para que no se divinice la nación y se nos arroje al nacionalismo

 Más aún ¿Acaso se construye una casa dejando horizontalmente en el suelo las vigas, unas orientadas a la derecha y otras a la izquierda? Los edificios, por definición, necesitan elevarse para ganar los espacios vitales. La transversalidad vertical de la trascendencia que proponemos, se refleja en las columnas que aúpan los grandiosos edificios. Acepto que no todos los que luchan por la unidad España puedan tener siquiera esa noción de trascendencia de esta lucha, pero igualmente son necesarios si este rebate se ha de ganar.

Los edificios, por definición, necesitan elevarse para ganar los espacios vitales. La transversalidad vertical de la trascendencia que proponemos, se refleja en las columnas que aúpan los grandiosos edificios.

La única reflexión que puedo ofrecerles desde el fondo de mi corazón, es que, si una cierta trascendencia no ilumina nuestra praxis y lucha política, entonces más que una entrega patriótica, estaremos reaccionando frente al nacionalismo con otro nacionalismo. Y al nacionalismo no se le vence con sus armas. Sería tan absurdo como querer apagar el fuego con fuego o gasolina. Pero cada vez tengo más claro que si no cambiamos el paradigma de esta lucha, todo será estéril y lo que hoy parece un nacionalismo desquiciado y casi derrotado, brotará con más fuerza si cabe a no tardar.

Javier Barraycoa

Publicado en La Gaceta

4 comentarios en “Transversalidad

  1. Pingback: “Transversalidad” por Javier Barraycoa

  2. La transversalidad como el centro, son las posiciones más cómodas y menos comprometidas; pero no son la solución al problema separatista. Solamente una gran coalición de partidos Social-Patriotas, como la que se está organizando, puede ser la alternativa.

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  3. Entonces lo del beso en la boca de dos hombres que no sean homosexuales, sea una costumbre catalana,hoy mismo preguntaré pero sólo recuerdo el beso en la boca del líder comunista leninista de Podemos con el catalán del que ahora no recuerdo el nombre de “En Común Podemos “,en Congreso de España,( creo que también puede existir en culturas islámicas.No lo sé ),creo que se llama esa rama de los que ayudaron a destrozar Venezuela y quieren descuartizar España, y cobran dinero de la dictadura iraní y que tienen en casi todas las autonomías porque el comunismo leninista sigue hipnotizando a una gran parte de gentes que disfrutan siguiendo a un líder matón.
    Yo a Iceta para no decir ninguna palabra malsonante, voy decir que es un independentista,que ha estado apoyando a la podemita y asalta viviendas ajenas, Ada Colau y que cualquier argumento que emplee Iceta, sólo me sirve para contraatacarlo de inmediato.Usted dice señor Barraycoa dice que la derecha no tiene discurso sobre y se referirá al PP y Ciudadanos, porque existe un partido llamado Vox que sí tiene discurso y es el me interesa.Es cierto que algunas de sus propuestas parecen utópicas o no hay suficiente número personas que les voten para intentar comenzar a aplicar alguna.Que es de extrema derecha, pues yo estoy de acuerdo con el 95% de las propuestas de su secretario y abogado don Javier Ortega Smith y entonces yo soy de extrema derecha, pero disfruto escuchando a don José Luis Corcuera,esa izquierda moderada me gusta a las demás izquierdas las detesto.Usted parece indicar que no es de ningún partido, porque dice que no es ni derechas, ni de izquierdas y tampoco de centro, pero supongo que votará.Con todos mis respetos, porque usted tiene mucha cultura que yo.

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  4. ¿Dónde está la izquierda?
    -Al fondo, a la derecha…

    Eso decían los “Indignados”.
    Y es cierto: si existe la izquierda, ¿cómo es que nadie ha reclamado la vuelta de los contratos de alquiler indefinidos eliminados por el Decreto Boyer de 1985?
    Los “franquistas” contratos de alquiler indefinidos, PARA TODA LA VIDA, evitan los desahucios por finalización de contrato y la mayor parte de la especulación de la vivienda, pues evitan vernos obligados a comprar para no perder la casa al “finalizar el contrato”.

    ¿Cómo es que nadie ha protestado ahora que han reducido los contratos de 5 años a 3, para así hinchar la burbuja inmobiliaria más rápidamente?
    En estos asuntos, el que era de izquierdas era Franco, y no los que tenemos ahora.

    No sé de dónde has sacado esta leyenda de que hay “izquierda” ahora, Javier.
    Cuando Franco vivía y los profesores No Numerarios (PNNs) hacíamos huelgas para pedir estabilidad laboral, no nos descontaban ni un céntimo del sueldo, ni de los “incentivos por dedicación”.
    NADA nos descontaban, y la prensa nos publicaba TODO lo que pedíamos.

    Era la “represión negativa de Franco”. Una represión de la que ahora no se habla.
    Esta situación se publicó en los CUADERNOS DEL RUEDO IBÉRICO, en enero de 1976, en un artículo de Juan Martínez Alier, que denuncia que no se aprovecharon las facilidades que daba entonces el gobierno para hacer difusión de las ideas socialistas en la prensa.
    ¿Por qué no se publicaban?
    Por lo que dijo el General De Gaulle:
    “NO ME GUSTAN LOS SOCIALISTAS PORQUE NO SON SOCIALISTAS” ¡Qué claridad de ideas!
    PS:
    CUADERNOS DEL RUEDO IBÉRICO era una publicación “prohibida” y “clandestina”. Pero el mismo Franco estaba suscrito a ella con nombre y apellidos, sin ningún tapujo… ¡cosas veredes!

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