Política

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“Lo que potencialmente era una movilización de ciudadanos que intuían que defender la unidad de España era un bien moral superior, se transformó en un aquelarre de los partidos constitucionalistas para hacer campaña pre-electoral.”

 

En esta posmodernidad desbordada de sentimientos y pasiones a la par que apática, estructuralmente ciclotímica, inevitable expresión de un simulacro del simulacro, el hombre político se encuentra esencialmente desubicado. Y al hablar de hombre político, lo hacemos en el sentido más aristotélico posible. Que nos perdone el lector por el atrevimiento de citar a Aristóteles en plena pos-verdad. El filósofo nos ilustra sobre la Política con mayúsculas: “Todo arte y toda acción o elección libre parecen tender a algún bien. Es evidente que este fin será lo bueno y lo mejor. Y donde se cumple plenamente esto es en la política”. Así se expresaba en la Ética a Nicómaco. Y en la Política, se completa esta percepción con la definición de Polis: “Puesto que vemos que toda polis es una cierta comunidad y que toda comunidad está constituida con miras a algún bien, es evidente que la polis es lo superior entre todas las otras comunidades”.

¿Acaso ha muerto la política, ha sido enterrada y nadie nos ha invitado al sepelio

Hasta aquí todo encaja. La Polis o comunidad política es el fin al que se dirigen las praxis concretas pues en ellas se dan las condiciones para que se completen y perfeccionen. El problema reside cuando actualmente queremos encontrar la Polis en el universo de nuestras experiencias. ¿Acaso ha muerto la política, ha sido enterrada y nadie nos ha invitado al sepelio? ¿El ciudadanos de a pie tiene vetada la política? No somos muy schmittionianos –más bien nada- pero reconocemos que su pensamiento es potente e imprescindible para entender qué pasa. Los que tenemos vocación política y buscamos su rastro perdido, no podemos menos que darle la razón a Karl Schmitt cuando afirma que “el concepto de Estado supone el de lo político, pero lo político no se agota en el Estado”. Sin embargo, en esta posmodernidad, lo político ha quedado absolutamente subsumido por lo estatal. El lema político ‘Más sociedad, menos Estado’, ha quedado dinamitado.

¿Acaso la Generalitat no es más que una parte de la administración pública del Estado que se rebela contra el Estado al que pertenece?

Esa es la sensación que tenemos en Cataluña cada vez que el gobierno central intenta tomar medidas aparentemente políticas. Bajo apariencia de decisiones políticas se esconden razones de Estado. Alguno podrá argüir que se encubren intereses partidistas. Cierto. Pero la partitocracia imperante ha arrancado a los partidos del ámbito de lo “político” para convertirlos en parte de la estrategia de Estado. Incluso los partidos separatistas, en cuanto que peones de una estrategia de un gobierno regional que aspira a ser un Estado independiente, se mimetizan en lo estatal. ¿Acaso la Generalitat no es más que una parte de la administración pública del Estado que se rebela contra el Estado al que pertenece, esto es contra sí misma? Querer entender la Generalitat y el Estado español como dos realidades diferenciadas, enfrentadas y enemigas, es caer en una trampa intelectual, muy sutil pero no por ello verdadera.

De hecho, Schmitt considera como única vía para desvelar las categorías verdaderamente “políticas” (diferenciadas de las “estatales”), la posibilidad de alcanzar “la distinción de amigo y enemigo”. Y ello no es fácil, pues la lógica del poder tiene a descolocarnos cuando intentamos esta categorización. En la triste tesitura en que nos hallamos en Cataluña se puede descubrir esta trampa del sistema. Se nos propone desde el Estado como única forma de capturar el problema político, como el enfrentamiento entre el enemigo es el “separatista” y el amigo el “unionista”; Y desde la Generalitat se ha recurrido exactamente al mismo argumento invirtiendo los sujetos amigo/enemigo. Y así se crea un bucle de aquí nunca saldremos, porque nunca podrá entrar la Política con mayúsculas para solucionarlo.

 Aunque dé vértigo, hay que lanzarse a intentar comprender la realidad española desde otra perspectiva. El enemigo real es la estatalización de la política que monopolizan las organizaciones partitocráticas, los poderes fácticos mediáticos y económicos, que impide que un ciudadano pueda sentirse partícipe de los destinos de la Polis (Y esto ocurre tanto desde la administración estatal central, como de la autonómica catalana).

El monopolio político de las estructuras estatales, llámese Estado Central, llámese Generalitat, impiden la existencia del zoon politikon (el animal político). La dialéctica separatismo/unionismo, una vez arraigada e institucionalizada, esteriliza el campo de la vida política. Por ello, los movimientos ciudadanos no pueden subsistir materialmente si no aceptan su subordinación a las lógicas estatales. O, desde otra perspectiva, si quieren ser parte de la solución política, se convierten en el enemigo único y real (tanto para el centralismo como para el separatismo, en el caso de España).

Las dos grandes manifestaciones ciudadanas en Barcelona contra el independentismo, fuero absorbidas por la partitocracia constitucionalista…

Todo lo expuesto queda perfectamente ilustrado cuando, las dos grandes manifestaciones ciudadanas en Barcelona contra el independentismo, fuero absorbidas por la partitocracia constitucionalista para beneficio de la lógica estatal y en perjuicio de la solución política frente al nacionalismo. Acontecieron el 8 y el 29 de octubre de 2017. Y ahí murió la resistencia verdaderamente política al transformarse la energía ciudadana en mera instrumentalización de la lógica estatal. Lo que potencialmente era una movilización de ciudadanos que intuían que defender la unidad de España era un bien moral superior, se transformó en un aquelarre de los partidos constitucionalistas para hacer campaña pre-electoral. La lógica estatalista, bajo el epíteto de “constitucionalismo”, aplastó prematuramente el germen de la solución de la quiebra de nuestra Polis.

Por eso la cuestión catalana no se solucionará de momento, ni con elecciones ni sin ellas. Se pretenden soluciones bajo lógicas de poder de estamentos burocráticos (incluyendo los judiciales), pero no hay abierta ninguna vía política; simplemente porque el Estado en su multiforma partidista ha asesinado la política. Por eso, a los ciudadanos –una vez salinizado el terreno donde debían nacer la política- nos han dejado un pequeño parque infantil, para que nos ilusionemos creyendo que la praxis política consiste en sornas, risas y espectáculo a modo de munición contra el “enemigo”. Este es el desahogo que las lógicas del Estado permiten y estimulan. Son los sucedáneos de la política que nos ofrecen para que perviva la política. Las fuerzas que se autotitulan políticas y democráticas, no aceptan intrusos en su coto. A los hombres verdaderamente políticos, estemos en el bando que estemos, nos tienen como enemigos. Y siguiendo la lógica de Schmitt, para nosotros ellos (las máscaras del sistema) son los enemigos de la política, llámense unionistas, llámense separatistas.

3 comentarios en “Política

  1. Pingback: “Política”, por Javier Barraycoa

  2. Efectivamente , un estado hipertrofiado con las metástasis autonómicas , caro hasta sepultarnos en la ruina , corrupto , inútil e ineficaz quiere ahogar la sociedad que contra todo pronóstico se manifestó estos días inolvidables que a los que lo vivimos no nos podrán arrebatar .El Sr. Borrell , brillante converso ahora , en vez de querernos silenciar y darnos lecciones como si fuéramos idiotas , debería de haber empezado su discurso pidiendo perdón en nombre de su partido por el daño , no sé si reparable que está haciendo con sus políticas el PSOE. No , no se arregla la división de la sociedad catalana echando un baile con Iceta

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  3. Si tú no haces política Patriota, otros harán política por ti.
    O acaso tú CTC la hace juntándose con los constitucionalistas en Plaza Cataluña el 12-O en lugar de ir a Montjuich con los Patriotas?
    Ahora de que te quejas?
    “Quién siembra tormentas recoge tempestades”.

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