«Black Mirror está en la frontera entre una distopía a punto de cumplirse y un espejo de lo que ya sucede», publicado en ABC

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Publicado en Abc

Como niños en un planeta en el que los adultos se han marchado y nos han dejado solos y sin supervisión. Así nos ve Charlie Brooker(Reading, Reino Unido, 1971), el creador de Black Mirror, en nuestro intento por adaptarnos a un mundo tecnologizado cuyo alcance no llegamos a comprender. La exitosa serie británica ha estrenado esta semana los seis capítulos de su cuarta temporada, cada uno de ellos una «pesadilla plausible», como al inglés le gusta definir las turbadoras historias que dejan ver con otra luz las encrucijadas morales a las que nos aboca el universo digital. Todo un retablo de la condición humana enfrentada a unas transformaciones tecnológicas que forjan un mundo lleno de posibilidades y peligros que no conocíamos hasta ahora. «Muchos de los capítulos de la serie ayudan a los espectadores a entender el futuro, a saber a lo que se  enfrentarán dentro de poco», explicó el inglés en una entrevista.

Black MirrorBlack Mirror no es una serie al uso en la que cada capítulo retoma la historia donde la dejó el anterior y la trama avanza hacia un desenlace definitivo. Cada episodio es una narración independiente y se agota en sí mismo, aunque el espectador atento detectará motivos y referencias que se repiten a largo de la serie. La fecunda y maliciosa imaginación de sus guionistas convierte Black Mirror en un excelente observatorio de las angustias y los miedos de los ciudadanos digitales. O tal vez debamos hablar de cautivos digitales, atrapados en una red de control y transparencia de la que no podemos escapar.

La serie se pone el disfraz de ciencia ficción o distopía, pero son evidentes los parecidos con el mundo en el que ya estamos viviendo. No es de extrañar que pensadores, sociólogos y estudiosos varios hayan salido de las bibliotecas para sentarse ante la pantalla a ver Black Mirror e intentar así comprender un poco mejor lo que está pasando.Javier Barraycoa y Jorge Martínez-Lucena, profesores de la Universidad Abat Oliba CEU, han reunido a una veintena de sus colegas para dar a luz «Black Mirror: Porvenir y tecnología», un libro que destripa el exuberante universo de símbolos y significados que encierra la serie.

Unknown44«Las funciones sociales de las distopías pueden ser contrarias», explica Barraycoa, profesor de Sociología, Opinión Pública y Psicología Social, «o bien proporcionar una adhesión al sistema para evitar el desastroso futuro que en ella se presenta; o bien denunciar un sistema inhumano ya existente para motivar cambios sociales». Black Mirror es sin duda una serie de una corrosiva potencia crítica pero, en opinión de Barraycoa, ha ido degradándose en el contacto con la cultura de masas: «Brooker no quería que su crítica a la distopía tecnológica quedara atrapada por la espectacularización, pero al convertirse en una serie de culto el propio sistema que pretendía criticar le ha devorado. Para la mayoría del público, la denuncia que lanza es algo inquietante, pero tomada como un espectáculo más. Ello no quita que cada nueva capítulo aporte sorpresas que susciten reflexiones, pero el espíritu inicial ha muerto»,concluye.

Black Mirror ha querido situarse en una tierra de nadie, en el gozne incierto entre lo que pasa y lo que podría pasar, «al menos en su primera temporada, era la frontera entre una distopía que estaba a punto de cumplirse y un espejo de algo que ya está entre nosotros», cuenta el profesor. A pesar de su crítica a Black Mirror por convertirse en «el producto cultural que nació para criticar los productos culturales», Barraycoa no oculta su fascinación por una serie «riquísima en matices y digna de ser revisada no sólo capítulo a capítulo, sino casi escena a escena».

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Escena del primer capítulo

Para Barraycoa, lo más inquietante de la serie es «que no pretende decirle al espectador qué está bien o que está mal, simplemente ofrece las posibilidades que da la tecnología y no plantea una alternativa para elegir. Hay varios capítulos en los que el protagonista parece que tiene una opción moral a elegir sobre los efectos de la tecnología, pero haga lo que haga se vuelve contra él». Aparte de este «determinismo tecnológico» que anula la libertad humana, citas otros grandes temas que se plantean en la serie: «el fin de la privacidad, la búsqueda insaciable de una felicidad que la tecnología nunca podrá proporcionar, la espectacularización de la realidad como control de la misma por ciertos poderes o el control social».

Al final, todo se resume en un trasfondo común: «Lo que se pone en juego es un juicio sobre qué constituye la persona y su dignidad, si podemos ser plenamente personas y relacionarnos con otros o si la tecnología nos desposeerá de esa cualidad para convertirnos en engranajes del sistema». Para terminar, Barraycoa confiesa cuál es su capítulo preferido y por qué: «Sin lugar a dudas, The National Anthem, el primer capítulo de la primera temporada. En el primer capítulo ya se ponen en juego todos los elementos que seguirán latentes en toda la serie. Paradójicamente es el más real pues la tecnología con la que se arma todo el argumento es la que tenemos diariamente a nuestro alcance. Si ves el primero, indefectiblemente ya te has enganchado».

 

 

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