Libro: “Black Mirror. Porvenir y Tecnología”, Jorge Martínez-Lucena y Javier Barraycoa (Eds.)

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Junto al profesor Jorge Martínez-Lucena y un servidor, hemos compliado y participado en la edición del libro “Black Mirror. Porvenir y Tecnología“, Editorial UOC, 2017.

Sin lugar a dudas Black Mirror ha sido una de las teleseries más aclamadas en los últimos tiempos y ha abierto un profundo debate sobre las consecuencias, morales, éticas, jurídicas y políticas, ante el avance imparable de las tecnologías. Una veintena de profesores universitarios han participado en el análisis de todos y cada uno de los capítulos de la serie, así como en la creación de un marco hermenéutico sobre la importancia del análisis de producciones culturales como esta.

Aportamos aquí el prolegómeno de la obra

 

Prolegómeno a “Black Mirror. Porvenir y tecnología”

Jorge Martínez Lucena y Javier Barraycoa

Vivimos en una época de inestabilidad sísmica, socialmente hablando. Las brechas se abren cada vez más: la digital, la social, la económica; todas. Y tales grietas tectónicas y humanas no solo separan y dividen, sino que generan injusticia y malestar en nuestro
entorno. La geopolítica de las superpotencias fomenta diásporas que cruzan continentes en dirección al bienestar occidental.

black3.jpgPor otro lado, las nuevas tecnologías eliminan puestos de trabajo a un ritmo cada vez mayor. La crisis económica pasó, como al olvido han pasado sus víctimas, muchas de ellas todavía «zombis» en nuestras ciudades. Proliferan los nacionalismos y los populismos de diferente signo como reacciones comprensibles a los efectos de un capitalismo cuya mano invisible parece ser más bien la de un ciego que, a tientas, no consigue siquiera intuir la justicia social y el bien común. Nuestra era, más allá del espectáculo de contorno, es un cuadro inquietante, posromántico: el horizonte abrumado de nubarrones que, lentamente, avanzan hacia nuestras posiciones, ya totalmente comprometidas. No way out.

Esta sensación de inminencia en que vivimos —puntuada por ataques terroristas, corrupción generalizada, cruentas noticias sobre las ubicuas fronteras, altos y bajos en las variables económicas, que parecen describir la verdad sobre el mundo— es la que nos hace hoy especialmente pertinente atender a las distopías, en esas ficciones futuristas que proyectan imaginativamente las plausibles consecuencias de nuestras actuales derivas. Nuestra tradición literaria a este respecto es rica, con obras insignes como El Napoleón de Notting Hill (1904), de Chesterton;

El amo del mundo (1907), de Benson; Un mundo feliz (1932), de Huxley; Rebelión en la granja (1945) y 1984 (1949), de Orwell; Fahrenheit 451 (1953), de Bradbury; etc. Aunque el género también ha tenido mucha presencia en el cine, como lo ilustran clásicos como Metrópolis (1927); El gran dictador (1940); y La naranja mecánica (1971); o blockbusters de tan distinta índole como Mad Max (1979) y secuelas (1981, 1985 y 2015); Blade Runner (1982); Terminator (1984) y secuelas (1991, 2003, 2009, 2015); Doce monos (1995); Gattaca (1997), Matrix (1999) y secuelas (2003, 2003); Minority Report (2002); V de Vendetta (2005); La isla (2005); Hijos de los hombres (2006); El libro de Elli (2010); o Elysium (2013). Algo que no ha dejado de tener su eco en las series de televisión, como vemos en las todavía en emisión The Walking Dead (2010-), The 100 (2014-), The Man in the High Castle (2015-), Humans (2015-), o Westworld (2016-). Aunque quizá la actual reina de la distopía sea la que nos ocupa en este libro: la controvertida Black Mirror (2011-).

blck4.jpgLas distopías son habituales en nuestra cultura pop porque el inconsciente colectivo también debe hacer concesiones a la conciencia humana, como vemos muy bien retratado en el reality Hot Shots, que aparece en el segundo capítulo de la primera temporada de Black Mirror, «Fifteen Million Merits» (1×02). En una cultura como la nuestra, fundada sobre el valor lenitivo del entretenimiento, se tiene que ver pluralismo, abriéndose también un espacio para que los miedos que nos atenazan encuentren el modo de expresarse y se puedan convertir a su vez en mercancía.

Black Mirror es una distopía tecnológica, o mejor, es una colección de ellas. Sus tramas consiguen sorprendernos y alarmarnos porque son mucho más cotidianas de lo que venía siendo habitual en el género distópico. Todas las historias se centran en los insospechados efectos de algunos dispositivos que los espectadores conocen por propia experiencia o que están en ciernes de aparecer en nuestro mercado. De modo que la ansiedad aparece como fruto de constatar la razonabilidad de que lo que se ve en pantalla pueda llegar a ser un reflejo luctuoso de nuestra venidera vicisitud.

Nietzsche entendió la angustia que provoca la distopía mientras exponía el paradigma del eterno retorno en el Así habló Zaratustra. En el epígrafe titulado «De la visión y el enigma», el filósofo alemán narra en imágenes el camino del protagonista hacia el conocimiento: «Hace poco que andaba yo sombrío, a través de la cadavérica palidez del crepúsculo; duro y hosco, y con los labios apretados. Pues más de un sol se había hundido en el ocaso para mí» (1982, págs. 197-198). En la ardua ascensión, Zaratustra descubre un compañero de viaje, el espíritu de la pesadez, un enano encaramado en su hombro que continuamente le susurra la desesperanza al oído.

black7.jpgUna vez en la cima, se da un diálogo entre los dos personajes y Zaratustra plantea un enigma. Tras hablar del arco del instante, en el que confluyen circularmente pasado, presente y futuro, instalando un régimen de necesidad en el tiempo que carga la vida con el peso de lo ya sido, y que convierte el futuro en algo estrictamente explicable desde la lógica del presente (Derrida, 1995), Zaratustra tiene una visión: «Un pastorcillo se retorcía en el suelo, anhelante y convulso, con la cara descompuesta: de su boca pendía una gran culebra negra» (1982, pág. 201). Esa serpiente no es otra cosa que el símbolo de esa asfixiante necesidad que nos atenaza y nos roba la libertad, arrojándonos al eterno retorno de lo mismo. Pero Zaratustra no se resigna como el común de los mortales. «Entonces se me escapó un grito: “¡Muerde, muerde!”». Y nos sigue contando: «El pastorcillo mordió, según le aconsejó mi grito, y mordió con todas sus fuerzas. Escupió lejos de sí la cabeza de la serpiente, y se puso en pie de un salto […] Ya no un pastor, ya no un hombre —¡un transfigurado, un iluminado, reía! ¡Jamás rio tanto sobre la tierra hombre alguno!» (pág. 202).

Aquí parece que Nietzsche esté llamando la atención del lector sobre un nuevo modo subversivo de mirar lo real, algo que él mismo nombrará en Más allá del bien y del mal, cuando afirma que «hay que aguardar para ello a la llegada de un nuevo género de filósofos, de filósofos que tengan gustos e inclinaciones diferentes y opuestos a los tenidos hasta ahora —filósofos del peligroso “quizá”, en todos los sentidos de esta palabra. Y hablando con toda seriedad: yo veo surgir en el horizonte a esos nuevos
filósofos» (1997, pág. 4).

black11.jpgCharlie Brooker, el creador de Black Mirror, consigue que experimentemos el espíritu de la pesadez en lo referente a nuestro futuro tecnológico. Nos pone delante el desarrollo ineluctable del germen que es la lógica digital y hace funcionar la máquina narrativa según una dinámica ineluctable e innegablemente distópica. Y con tal ejercicio lanza al espectador a su propio diálogo con el mencionado enano, que puede llevar a esa nueva óptica del quizá, que transmuta el futuro en algo menos inevitable, previsible y fatídico, en algo menos dependiente del pasado y del presente. Aparece así el porvenir del que ha hablado Derrida, que desafía a la dictadura de la inmanencia y abre a lo inesperado del acontecimiento, que nos destituye de nuestro lugar de control para entregarnos a lo que no está en nuestra mano, hacia el encuentro imprevisible con el otro.

Traduciendo a la comunicación, esa apertura al porvenir encuentra su correlato en McLuhan, que critica la que llama mirada de retrovisor con respecto a los medios, porque es la que se apega a los objetos conocidos e intenta erróneamente juzgar el  futuro desde los parámetros del presente. La alternativa la formula el pensador canadiense como sigue: «Si el hombre occidental alfabetizado estuviera realmente interesado en preservar los aspectos más creativos de su civilización, no se encogería de miedo, encerrado en su torre de marfil, lamentándose del cambio: al contrario, se zambulliría en el vórtice de la tecnología eléctrica y, comprendiéndola, prescribiría su nuevo entorno, convertiría su torre de marfil en una torre de control. Pero puedo entender su actitud hostil. Yo mismo, hace tiempo, compartí su prejuicio» (McLuhan; Norden, 1969, pág. 89).

La intención de los editores es que este libro ayude al lector a abrirse paso en este arduo camino, profundizando en las tres primeras temporadas de la teleserie a fin de hacernos cargo un poco mejor de nuestra situación en este mundo dominado por la técnica. En este sentido, querríamos colaborar, de la mano de Brooker, en ayudar a encontrar las pistas que nos puedan llevar a revertir nada más y nada menos que el flujo metafísico del tiempo.

La tecnología como difusora de la lógica del cálculo, de la planificación, de la reproducción mecánica y previsible de lo idéntico, produce en nosotros una desazón que nos despierta al son del «no es esto, no es esto». Esa es la continua experiencia de Black Mirror, en la que vamos a intentar introducir al lector en las páginas que siguen, con la ayuda de una retahíla de escritores y profesores universitarios de diferentes disciplinas y procedencias.

Referencias bibliográficas

Derrida, J. (1995). Espectros de Marx. Trotta: Madrid.
McLuhan, M.; Norden, E. (1969). «La entrevista de Playboy. Marshall
McLuhan». En: Scolari, C. A. (ed.). Ecología de los medios. Entornos, evoluciones
e interpretaciones. Gedisa: Barcelona, 2015.
Nietzsche, F. (1982). Así habló Zaratustra. Bruguera: Barcelona.
Nietzsche, F. (1997). Más allá del bien y del mal. Alianza: Madrid.

Un comentario en “Libro: “Black Mirror. Porvenir y Tecnología”, Jorge Martínez-Lucena y Javier Barraycoa (Eds.)

  1. Que ha pasado la crisis económica? En qué mundos de yupi vivís?
    Cada vez hay más empleados pobres y desempleados de larga duración. Por eso los Nacional-Sindicalistas no luchamos por un España unida pero chata como la derecha liberal. Nosotros lo seguimos haciendo por La Patria, El Pan y la Justicia.

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