Carrero Blanco: el último obstáculo

Carrero Blanco: el último obstáculo

 

En 1973, Carrero Blanco era nombrado primer ministro. Ante la resquebrajada salud de Franco, el marino se había erigido como el verdadero hombre fuerte del Régimen. Juan Carlos no dejaba de ser para muchos de los miembros del “búnker” un mero objeto decorativo. Muchos adictos confiaban en que Carrero prolongaría el franquismo si sabía controlar correctamente a Juan Carlos. Pero todo quedó truncado cuando el 20 de diciembre de 1973 su coche saltaba por los aires en la calle Claudio Coello de Madrid. ETA daba un golpe de gracia al Régimen, según unos: es la llamada “operación Ogro”. Otros siempre sospecharon de que se trataba de una operación de mucho mayor calado, orquestada con la connivencia de los servicios secretos norteamericanos, cuyo fin último era facilitar la Transición. Lo paradójico es que siendo Carrero uno de los que primero apostó por promocionar a Juan Carlos, ahora su trágica desaparición aceleraba una Transición política que el Almirante nunca hubiera soñado ni deseado. Como se han escrito millones de páginas para aclarar en balde un misterio sobre el que cada uno piensa lo que quiere, nosotros someramente añadiremos unas dudas más con la intención de incrementar el misterio.

atentado-carrero-blancoEl asesino formal de Carrero fue el etarra José Miguel Beñarán Ordeñana, alias Argala. El 14 de septiembre de 1972 se encontraría con un desconocido (nunca identificado) de gabardina blanca en el hotel Mindanao de Madrid. Allí se le entregó un sobre con todas las instrucciones para asesinar al que en breve sería nombrado presidente de Gobierno de España. El informe detallaba que Carrero iba todos los días de diario a misa de nueve de la mañana en la iglesia de los jesuitas de la calle Serrano. Después seguía siempre el mismo camino para ir al trabajo y prácticamente sin escolta. La versión de esta “operación Ogro” cuenta con un libro digamos que oficial, firmado por Julen Aguirre (en realidad, un pseudónimo de Eva Fortest) titulado Operación Ogro: cómo y por qué ejecutamos a Carrero Blanco y publicado en 1974 en Hendaya.

Otros siempre sospecharon de que se trataba de una operación de mucho mayor calado, orquestada con la connivencia de los servicios secretos norteamericanos, cuyo fin último era facilitar la Transición.

Aunque nada queramos demostrar en estas páginas, es más que sabido que el nacionalismo vasco siempre tuvo buenas relaciones con la CIA (incluso algunos eran llamados los ciáticos, en tono jocoso). Era evidente que en 1973 ETA era una organización todavía inexperta como para perpetrar un magnicidio de esas características y a pocos metros de la embajada de Estados Unidos. La banda terrorista había nacido, según Letamendía, el 31 de julio de 1959, cuando el grupo separatista Eguin decidió separarse del PNV y cambiar su nombre por el de Euskadi Ta Askatasuna, pero su primer asesinato no llegó hasta nueve años después, en 1968. Entre agosto de 1968 y el 20 de diciembre de 1973, fecha del atentado contra Carrero Blanco, ETA sumaba únicamente (y no quiero rebajar un ápice la atrocidad que ello supone) seis atentados. Entre 1974 y 1975 el terrorismo etarra creció hasta los 16 y 18 asesinatos, cifras aún muy menores a las que se alcanzarían en los momentos álgidos de la banda criminal.

carrero-y-henryComo datos objetivos podemos aportar que en octubre de 1973, durante la guerra del Yom Kipur, Carrero Blanco no autorizó que los aviones de Estados Unidos usaran las bases que tenían en España. Carrero quería renegociar (como después haría Juan Carlos) el tratado bilateral de defensa mutua con rango superior al existente. Teóricamente este fue el motivo que hizo que Henry Kissinger le visitara la víspera del atentado, el 19 de diciembre. El día anterior el político norteamericano había tenido una entrevista con Franco y otra con Juan Carlos. Uno de los acompañantes del viaje de Kissinger fue William Nelson, responsable y jefe de Operaciones Encubiertas de la CIA, que estuvo detrás de los golpes de Estado apoyados por la Agencia en la década de los setenta en Hispanoamérica. De él no sabemos qué hizo esos dos días.

en octubre de 1973, durante la guerra del Yom Kipur, Carrero Blanco no autorizó que los aviones de Estados Unidos usaran las bases que tenían en España

Asesinato de Carrero BlancoLa entrevista entre Carrero y Kissinger fue mucho más intensa de lo que se creía en un principio. La declaración de intenciones del representante norteamericano fue clara: el Senado de Estados Unidos no admitiría una relación de mayor nivel con España; tampoco le permitiría que España construyese la bomba atómica (de hecho, Carrero le entregó un informe de la Junta de Energía Nuclear en el que se afirmaba que España disponía de yacimientos de uranio y tecnología francesa para conseguirla); por último Kissinger instó a Carrero Blanco a que le dibujara el futuro de España y si ésta se iba a convertir en una democracia bajo los estándares europeos. Evidentemente la respuesta fue negativa. Esa misma tarde Kissinger abandonó España rumbo a París, aunque no tenía ningún acto programado allí. Al día siguiente Carrero moría asesinado. El periodista Francisco Medina, en su libro 23 F. La verdad, dice que “La cercanía entre esta entrevista y la muerte del sucesor de Franco pudo ser una casualidad, aunque desde entonces se ha especulado sobre la frustración que sintió el norteamericano al comprobar en persona lo que decían los informes de la embajada: que Carrero era más inmovilista que el propio dictador. También pudo ser una casualidad que Carrero muriera a tan sólo unas decenas de metros de la enorme embajada americana en la calle Serrano, y que los servicios de seguridad de la delegación diplomática no hubieran detectado que durante semanas se había estado cavando un túnel allí al lado. Es cierto que se exagera siempre la longitud de la mano de Washington, pero no lo es menos que la muerte de Carrero resultaba conveniente a los intereses norteamericanos en España, que, según los documentos de la época, para asegurar una salida pacífica al franquismo apostaban por una apertura política controlada, sin Partido Comunista y que acabara con España integrada en la OTAN”.

La longitud de la mano de Washington también preocupaba a Franco. Paul Preston, en su biografía sobre Franco, cita que el 13 de marzo de 1967, el General le confesó a su primo Pacón (Franco Salgado) que opinaba que “todas las actividades que se han llevado a cabo contra nosotros han sido llevadas a cabo por organismos que recibían fondos de la CIA, pero más que nada, con el propósito de implantar en España un sistema político al estilo americano el día en que yo falte”.

por último Kissinger instó a Carrero Blanco a que le dibujara el futuro de España y si ésta se iba a convertir en una democracia bajo los estándares europeos. Evidentemente la respuesta fue negativa.

Nadie sabe si es casualidad pero algo parecido le sucedió al malogrado Aldo Moro, asesinado en 1978. Tras hablar con Kissinger –y así lo contaba la mujer de Moro- éste le había amenazado: “O abandonas tu línea política o lo pagarás con tu vida”. No queremos alargarnos en más detalles significativos como que el explosivo utilizado fue C4 (que en aquella época sólo lo poseía el ejército norteamericano) o que nunca se activó la alerta antiterrorista y no se blindaron las salidas de Madrid, así como un largo etcétera de datos impensables. Beñará Ordeñana, de todos modos, salió libre poco tiempo después, gracias a la amnistía que en 1977 dictó el Gobierno de la UCD.

Javier Barraycoa

(De “Doble Abdicación“, publicado en Stella Maris)

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