“El martirio de los templos”

 

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Mosén Manuel Trens se embarcó en una monumental investigación que sólo pudo completar de forma parcial. En base a unas fichas estandarizadas, escribió a todas las diócesis de España preguntando por todo el patrimonio perdido y el alcance de la destrucción. Comenzó el catálogo por Tarragona, con la edición de unos fascículos titulados “Monumentos sacros de lo que fue la España roja”. La ambición de su trabajo le acabó superando. No obstante, la información que consiguió reunir en relación a Barcelona ha permitido ahora armar una recopilación sistemática de lo sucedido durante aquellos años. Unos datos que coinciden con otro informe aportado en el libro, en este caso elaborado en 1938 por la Generalidad republicana, institución a la que se reconoce haber preservado, en parte, la Catedral de Barcelona, el Monasterio de Pedralbes, o el de Montserrat, pero a la que se reprocha su evidente tibieza con los desmanes anarquistas.

En esta encuesta, fechada en 1941 se menciona que 464 retablos de la Diócesis de Barcelona fueron quemaron o se perdieron durante la guerra. También se indica que 172 órganos fueron presa de las llamas, como el de Santa María del Mar, uno de los mejores ejemplares de Europa. En la exposición también se relata cómo la mayoría de los templos barceloneses, salvo media docena, fueron totalmente destruidos. El mayor desastre en la Diócesis de Barcelona se produjo, según el director del museo diocesano barcelonés, en los templos: “Excepto seis o siete, el resto fueron expoliados y quemados, y una treintena completamente arrasados como Santa Maria de Sants o La Bonanova”.

Por su parte, el citado libro presenta informes republicanos en los que se explica el modo en que se debían quemar las pinturas murales, a las cuales, además de prenderles fuego, se debían rociar con ácido sulfúrico.Las llamas y la rapiña -como puede observarse en los recientemente encontrados diarios del pistolero de la FAI Josep Serra- acabó por ejemplo con 464 retablos (37 de estilo gótico, 44 renacentistas…), que ocuparían 2,5 kilómetros lineales si se pusieran uno junto a otro; también se perdieron o se quemaron 244 órganos (entre ellos, el ya mencionado de Santa María del Mar de Barcelona), junto a centenares de otros objetos artísticos. La destrucción de archivos fue menor, pues en muchos casos fueron ocultados o escondidos: “Sólo se destruyó un 45 por ciento”.

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