La visita de San Pablo a Tarraco (Hispania)

La palabra España (Hispania) tiene el honor de salir una vez en el Antiguo Testamento, en el I libro de los Macabeos, cuando se da noticia de los romanos: “Le contaron a Judas sobre sus guerras y sus hazañas entre los Galos, de cómo habían dominado a ese pueblo y lo habían obligado a pagar impuestos. Le contaron también todo lo que habían hecho en España para apoderarse de las minas de plata y oro de ese país” (I Macabeos 8,3).

A parte de la referencia veterotestamentaria a España, resaltan especialmente dos versículos en el Nuevo Testamento, más concretamente en la carta de san Pablo a los Romanos: “cuando vaya a España, iré a vosotros, porque espero veros al pasar, y ser encaminado allá por vosotros, después de haber gozado con vosotros (…) Así que, cuando haya concluido esto, y les haya entregado este fruto, pasaré a visitaros rumbo a España” (Romanos, 15, 24 y 28). Una profunda tradición –convenientemente negada por los “sesudos” historiadores- atestigua la presencia de san Pablo en Tarragona que, por aquél entonces, era la capital de la Hispania Citerior o Hispania Tarraconensis. El nombre completo de la ciudad, durante la República romana era Colonia Iulia Urbs Triumphalis Tarraco y fue adquiriendo poco a poco importancia hasta convertirse en capital y una de las ciudades más importantes del Mediterráneo.

Cuando san Pablo se refiere a España ya estaba hablando de una unidad política y cultural, aunque dependiente de Roma, y no de un territorio ocupado por tribus íberas dispersas. Sin lugar a dudas su primer destino debía ser la gran capital más cercana a Roma: Tarraco. Según un texto de Lorenzo Riber, recogido en la Història de Catalunya del nacionalista Antoni Rovira i Virgili, la razón por la que san Pablo escogió Hispania (en ningún momento duda que el viaje se produjo) es que: «más que la Galia y mucho más que Germania y Britania, España había asimilado la cultura romana, y ya en los días de San Pablo tenía que ser muy poderoso el atractivo de la civilización hispanorromana, para que tan vivamente despertase sus ansias de evangelización». 

Frente a los “negacionistas” del viaje de san Pablo a España (curiosamente muchos de ellos eclesiásticos progresistas en lo religioso y en lo político) –y con motivo del año paulino proclamado por Benedicto XVI en 2008-, una serie de expertos aportaron argumentos que apoyaban la tesis de la presencia de san Pablo en la actual Cataluña y, por tanto, en Hispania. Resumamos los argumentos:

Capilla en el seminario de Tarragona, erigida en el lugar donde según la tradición San Pablo Predicó el Evangelio

a) En la II carta a Timoteo, escrita ya muy tardíamente, san Pablo habla de que ha completado su proyecto evangélico y que le han escuchado “todas las gentes” (II Timoteo, 4, 7); suponiéndose así que recorrió buena parte del imperio, de la que España era la provincia más importante.

b) En la carta a los Corintios del Papa Clemente de Roma –escrita el año 69- afirma que el apóstol Pablo había ido a predicar el Evangelio hasta los límites de Occidente. Para los romanos la península ibérica era el confín occidental del mundo. Según la leyenda, Hércules grabó en el estrecho de Gibraltar la leyenda “Non plus ultra” para indicar que no había tierra más allá (“Non Terrae Plus Ultra”) y, por tanto, ahí terminaba el mundo conocido. San Clemente conoció personalmente a san Pablo y era romano. Según él, el apóstol había estado en la tierra del “Non plus ultra”; al igual que Santiago habría llegado hasta Finisterre (El final de la tierra), cumpliendo el mandato de Jesús: “Id por todo el mundo; predicad el evangelio a toda criatura” (Marcos 16,15).

c)  Finalmente, tenemos el Canon de Muratori. Un experto escriturista, Cornely, afirmaba que «apenas hay ningún documento de toda la antigüedad que tenga, no ya mayor, sino ni siquiera la misma autoridad para la historia del Canon del Nuevo Testamento». Fue descubierto en la Biblioteca Ambrosiana en 1740. Su antigüedad puede oscilar entre 160 y 200 d.C. En él se habla del viaje de san Pablo a Hispania, diciendo: “San Lucas recopiló para el dignísimo Teófilo las cosas que en su presencia fueron hechas, como lo demuestra singularmente el hecho de que omite detalles sobre la muerte de Pedro y la marcha de Pablo de la ciudad (Roma) cuando fue a predicar el Evangelio a España«. Muchos padres de la Iglesia dieron por cierta esta tradición: san Anastasio, san Epifanio, san Juan Crisóstomo o san Jerónimo.

Extracto de Cataluña hispana

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