La vergonzosa traición clerical-nacionalista a los Requetés del Tercio de Montserrat

Estamos en plena Guerra Civil. Una unidad compuesta casi exclusivamente por catalanes espera una aterradora embestida del enemigo. Entre ellos hablan con naturalidad catalán y aman profundamente Cataluña y sus tradiciones. Lo único que no cuadra con el relato actual guerracivilista y de (des)memoria histórica, es que esa unidad no está en el bando republicano sino en el nacional. Está compuesta por jóvenes voluntarios que han abandonado sus familias en la retaguardia catalana, poniendo en juego sus vidas y perseguidos por los acólitos de Companys. Su pecado es ser católicos, tradicionalistas y no comulgar con una República que se ha propuesto destruir España. Esta unidad es el Tercio de Requetés de Nuestra Señora de Montserrat. Al caer el sol, desde sus trincheras, se escucha el Virolai como surcando el cielo hacia la patria chica, deseando que la Moreneta escuche el himno que sale de los labios de sus hijos. 

Restos mortales de requetés catalanes ante el Mausoleo  

Agosto de 1937, 180 requetés catalanes y una cuarentena de falangistas están en la población de Codo, en pleno frente de Aragón. Un cuerpo de ejército republicano se dirige hacia ellos. Son 15.000 soldados y 13 tanques rusos que planean arrasar el pueblo en dos horas. La resistencia sublime de los requetés, los retienen 48 horas, tiempo indispensable para reforzar la seguridad de Belchite y Zaragoza. Ello cuesta la vida de 140 tradicionalistas catalanes. Gana así el Tercio la Laureada colectiva de San Fernando. Luego vendrá la gesta de la Batalla del Ebro donde el Tercio volverá a quedar deshecho cuando en una misión imposible consiguen tomar a pecho descubierto una posición republicana. Fueron 1.800 catalanes los que pasaron por esta formidable unidad. Cayeron heridos más de seiscientos y murieron en combate 319. 

En el transcurso de la conflagración, prometieron a la Virgen de Montserrat que le entregarían su bandera si se ganaba la contienda contra los sindiós. Y así lo hicieron. A principios de los 60 de erigió una Cripta-Mausoleo en la montaña santa de Montserrat para acoger los restos mortales de muchos de aquellos jóvenes que habían quedado abandonados por los campos de batalla. Una magnífica estatua de un abanderado requeté yacente coronaba la cripta y posaba su mirada hacia el camarín de la amada Moreneta. Las llaves del Mausoleo fueron entregadas al Abad Escarré que prometió que la comunidad benedictina custodiaría perpetuamente el santo lugar. Y hasta aquí lo noble de esta historia. 

Franco visita Montserrat de la mano del Abad Escarré

El Abad Escarré, que había recibido a Franco bajo Palio en la Abadía, decidió un día que ya no era franquista. Dejó también de suplicar al General que le permitiera ser Abad del monasterio de El Valle de los Caídos. Los sucios vientos del marxismo, nacionalismos y todos los “ismos” que sonaran a lucha contra el Régimen, penetraron en la Abadía. Casi al mismo tiempo se permitieron y ocultaron pecados innombrables y hasta se escondieron terroristas entre sus muros. Y así, como el que no quiere la cosa, el que fuera el centro espiritual de Cataluña se transformó en el altar de la diosa nación catalana. Los monjes olvidaron que 23 miembros de la comunidad había sido vilmente asesinados durante la persecución religiosa del 36. De igual manera, prefirieron hacer que nunca existieron aquellos requetés que habían dado su vida para que se restableciera el culto católico e, indirectamente, que los monjes pudieran recuperar sus posesiones. Y la bandera de gala del Tercio, que aún reposa a los pies de la Virgen, fue ocultada con una enorme bandera catalana que entregaron las diputaciones de las provincias catalanasa instancias de un tal Pujol.

Finalmente sucedió lo que tenía que suceder: el monumento del requeté fue vandalizado varias veces. Miquel Iceta se inventó, en el 2018, el término “El Valle de los Caídos catalán”, en referencia al Mausoleo y para congraciarse con Pedro Sánchez. Se promovió una campaña de los medios controlados por socialistas y nacionalistas que culminó con una indignante profanación dentro de la Cripta y -lo más vergonzoso- con la reciente retirada del monumento por parte de la Abadía, con nocturnidad y alevosía. Como la fe de la mayoría de los actuales benedictinos montserratinos está puesta en sus afanes, ya no creen en los milagros. Lo que no sabían es que todavía pervive el alma de la Cataluña tradicional. El pasado sábado, para sorpresa de monjes y turistas (ya casi no suben fieles), la montaña de Montserrat se cubrió de boinas rojas que habían acudido para desagraviar la profanación y recordarles a los benedictinos -con un duro manifiesto- sus deberes para con los muertos. Algo nos decía a los que asistimos que aún hay esperanza para este cuerpo corrupto en el que han convertido nuestra querida Cataluña. 

Son cientos de historias las que podríamos contar en torno al Tercio y aquellos catalanes que en la guerra morían gritando “Visca Espanya” por no saber hablar castellano. Esas historias no las olvidaremos. La mera existencia histórica del Tercio es inaceptable para los actuales nacionalistas. Pero nosotros sí queremos memoria histórica, de la de verdad. No queremos que se olviden los más de 8.000 asesinatos de catalanes cometidos bajo el gobierno de Companys durante la contienda, ni los horrores de las 300 checas que existieron en Cataluña o las decenas de campos de concentración o los temibles barcos prisión o el martirio del Obispo Irurita que el nacionalismo clerical quiere seguir ocultando. Desde hace muchas décadas el clericalismo nacionalista ha ido desecando el alma de Cataluña y vaciando las iglesias. Iniciaron el culto a Pujol y su religión de la raza superior, mientras Cataluña se islamizaba. Pero el asunto parece no importarles, más bien parece agradarles.

Así, el nacionalismo ha matado a la verdadera Cataluña, cuyos frutos fueron hombres como aquellos requetés que morían por España en Codo o Villalba de los Arcos. El muro de mentiras y odios del nacionalismo, ocultan nuestra verdadera historia y ser como pueblo, e impiden amarlos. El nacionalismo odia lo catalán porque la auténtica Cataluña evidencia la falsedad de esa ideología de la amargura vital y existencial. Los nacionalistas quieren un pueblo sin memoria, esto es, con Alzheimer. Por eso, todo recuerdo de los requetés catalanes debe desaparecer al igual que tantos otros hechos y lugares que nos hablan de la aquiescente españolidad de la tierra catalana. 

Ante la Abadía en protesta por la profanación

Pero lo peor de todo es que la Abadía ha escupido sobre los mártires. Y estos se han revuelto en sus tumbas y nosotros en nuestros hogares. Por eso muchos catalanes subimos el pasado sábado a Montserrat; para recordarles que la Cataluña hispana y católica no quiere morir ni olvidar su historia; que los Caídos y los mártires no los olvidaremos jamás. Que esa sangre no es propiedad de ningún Prior o Abad de turno y que no la pueden esconder, pues sin ella no hay frutos espirituales. Esa sangre, en todo caso, es patrimonio filial de la Moreneta. Ella, aunque los monjes no lo crean, sigue velando pos sus hijos, es nuestra madre, no el souvenir y el tótem pagano en el que los nacionalistas la han querido convertir. Mientras todavía existan catalanes de bien, podremos decir que el Tercio no se toca.

Javier Barraycoa, publicado en Posmodernia

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