‘Operación jamón’, las familias de Cataluña que se vuelcan con la Guardia Civil (El artículo más ridículo que han escrito sobre mí)

Sé que esta foto es el final de mi carrera artística e intelectual. Todo sea ñor la causa …

Publicado en El mundo

Javier Barraycoa, con el jamón que ha donado para próximas entregas.
Javier Barraycoa, con el jamón que ha donado para próximas entregas. 

Una asociación anti independentista logra hacer llegar jamón ibérico y Rioja a los ferris

Se ha colocado la bandera sobre los hombros -mitad española, mitad senyera- con cuidado. «Soy muy respetuoso con los emblemas», dice. Pero al acabar las fotos el jamón ha pringado de grasa parte de la tela, justo el lado que corresponde a la bandera catalana. «Bueno, como la otra es la que más sufre en estos momentos…», se consuela.

El jamón que sostiene Javier Barraycoa, profesor universitario de 53 años, ha costado 195 euros y es su aportación personal a la campaña para recabar víveres que la organización Somatemps inició tras llegar las primeras dotaciones de guardias civiles y policías a Cataluña.

Los de Somatemps, que se definen como un movimiento «catalanista no independentista» nacido para «denunciar la deriva del catalanismo hacia el independentismo», decidieron ofrecer comida a las Fuerzas de Seguridad trasladadas a Barcelona después de que varios vehículos de la Guardia Civil fueran destrozados y de que los estibadores del puerto acordaran no abastecer de contenedores al Rhapsody y al Mobby Dada, donde se alojan los agentes.

Ayer por la tarde, al contrario de lo que sucedió con el anterior intento de entregar víveres -el pasado domingo-, lograron introducir en los barcos varias cajas de vino Rioja y 25 kilos de paletas ibéricas deshuesadas «puro bellota», de la firma Arturo Sánchez de Guijuelo, que se venden en internet a 219 euros la pieza.

La operación jamón, como los organizadores han bautizado la acción, rondaría por tanto los 2.500 euros y ha sido financiada con donativos de miembros de Somatemps y de otros particulares. «Se trataba de llevarles algo digno y que les pudiera alegrar. Son gente desplazada de su familia, que duermen en camarotes, a los que por la noche los estibadores les hacen caceroladas para que no descansen… Es un acto simbólico para que sepan que hay catalanes agradecidos que los apoyan», dice Barraycoa, que fundó Somatemps en 2011 con varias decenas de profesores e intelectuales. Hoy son 300 asociados.

Somatemps es considerada una organización muy conservadora e incluso ha sido tachada de ultra, calificativo que Barraycoa niega. «Somos un grupo absolutamente transversal. Hay católicos, ateos, gente de la izquierda tradicional… Lo que no somos es nacionalistas», dice.

Entre sus asociados está Leticia, quien sólo nos facilita su nombre de pila, su edad (47) y su profesión (administrativa). «Tal y como están las cosas te estigmatizan muy rápido; está rota del todo la convivencia», se excusa por el anonimato. El domingo pasado Leticia hizo «un perol de lentejas» y fue a llevarlo al puerto junto con su marido, sus tres hijas de entre 9 y 13 años y otras varias decenas de personas convocadas por Somatemps. La policía portuaria les prohibió el paso porque no portaban acreditación para acceder a la zona. «Yo sabía que esas lentejas se quedarían en el puerto, pero era una forma de darles cariño. Las llevé, no porque piensen que no comen, sino para transmitirles que parte de Cataluña quiere que se sientan en casa».

No estuvo en el puerto pero aportó 10 euros para la colecta César, de 21 años. «Lo hice para apoyar a los agentes que vienen a defender a los que no estamos a favor del referéndum», explica. Es estudiante universitario, pero pide que no publiquemos en qué facultad está matriculado. «El problema no es que nos identifiquen, es que ya saben quiénes somos y si hacemos mucho ruido nos buscamos problemas», dice. «No se trata de miedo, pero sí de incomodidad, en la calle, en las aulas… Cualquier cosa que te relacione con ser español causa rechazo».

Nada tiene que ver con Somatemps María, de 53 años, que ofreció casa y comida a la Policía y la Guardia Civil a través de las redes sociales. «Trabajé con ellos como traductora hace unos años y me supo muy mal que tuvieran que pasar por esto. Al menos, que sepan que muchos estamos con ellos», dice remarcando que en las últimas elecciones ella votó a Podemos: «Porque luego se dice que somos de extrema derecha».

Igualmente actuó por libre Ramón, de 64 años, empresario jubilado. Al ver las imágenes de los vehículos policiales destrozados llamó a la comandancia de la Guardia Civil en Barcelona y les ofreció su casa. «Se sorprendieron. Dijeron que lo tenían todo controlado, pero que muchas gracias, que llamadas como la mía les aliviaban bastante».

 

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