La transformación de España (en cifras)

 

Para el estudio de la evolución de la sociedad española en los últimos cuarenta años, tenemos unos estudios privilegiados: los informes Foessa. Estos informes, elaborados para Cáritas española, e iniciados en 1966, nos proporcionan una infinidad de datos que nos permiten evaluar la profunda transformación social que ha sufrido nuestra sociedad. Son además una base de datos imprescindible por su sistematicidad y exclusividad, ya que por aquella época los escasos estudios sociológicos en España se desarrollaban en los ámbitos eclesiales. Describiremos en base a esos datos la transformación que ha provocado el advenimiento de la democracia en España.

La transformación en la identificación política

siden-395.jpgEn el informe Foessa de 1973, se incluyeron unas interesantes preguntas para los encuestados. Ante la hipotética legalización de partidos políticos, se pedía a los españoles a qué tipo de partido o ideología votaría. En las respuestas no se incluía deliberadamente el Partido Comunista, pero ello no distorsionó mucho las respuestas. Es significativo señalar que el 43% de los encuestados simplemente no sabían/no contestaban o un 7% afirmaba que no votaría a ningún partido. Un 4% afirmaba que votaría por la Falange y un 15% se identificaban con “el Movimiento” y un 14% con la Democracia-cristiana. Por otro lado un 3% se consideraba liberal, un 6% Social-demócrata y un 5% socialista. Un último bloque de partidos o ideologías se distribuían así: un 1% tradicionalista-carlista, un 1% regionalista y un 1% se distribuía entre “otros”. Hay que resaltar que tanto el socialismo como el regionalismo (podría entenderse el nacionalismo) apenas tiene peso significativo, pero que jugará un papel importante en la transformación de España.

Todavía, en 1977, el 27% de la población se autodenomina “franquista” en las encuestas. Pero el proceso de ideologización democrática es rápido e imparable: en 1979, con la Constitución aprobada, sólo un 15% sigue considerándose “franquista”. El informe Foessa de 1981 nos permite observar un hecho curioso que demuestra el proceso de adoctrinamiento democrático. Tras la muerte de Franco, el porcentaje de población que desaprueba el franquismo es muy escaso en las encuestas. En 1978, antes de votar la Constitución, un 31% de la población desaprobaba el franquismo. Un año después, en 1979, ya es un 49% el que se declara antifranquista. Paradójicamente en la medida que van pasando los años tras el fallecimiento de Franco, van apareciendo más antifranquistas en las encuestas. Al poco, todos los españoles se sentirán, en las encuestas, demócratas “de toda la vida”. 

El desarrollo del nacionalismo

manifa-leonesista-18-de-marzo-78-2Los primeros comicios y sondeos de opinión de la transición democrática, nos desvelan que el nacionalismo todavía no ha calado en la sociedad española. En 1977, en una encuesta, sólo el 3% de la población se considera independentista. Dos años después ya son el 7%. Por el contrario, en 1977, un 42% de los españoles se considera “centralista” y muy pocos se consideran “autonomistas”. En 1979 esta cifra de “centralistas” baja a 33% de la población. La aprobación de Estatutos de autonomía se realiza con referéndum cuya participación es baja. En todos los casos los síes a favor de los estatutos son inferiores a los síes alcanzados en esas regiones a favor de la Constitución del 78. En regiones como Cataluña, en las primeras elecciones legislativas, el voto nacionalista sólo representa un 28%. Igualmente, un 28% de la población de Cataluña desconoce el catalán y –por dar un dato significativo- en el Parlamento catalán de 1980, un 16% de los diputados autonómicos eran nacidos fuera de Cataluña. Tras el desarrollo autonómico y la concesión de competencias educativas y culturales, el nacionalismo ha ido germinando e inundando todos los ámbitos de la sociedad catalana.

La secularización galopante

foe1.jpgEl informe Foessa de 1973 recoge estudios de identificación religiosa de los años 60. En España, por aquella época, hay un 85% de la población que se considera entre católico y católico ferviente. La práctica religiosa, siendo desigual en toda España, va desde más de un 60% que cumplen con el precepto dominical en Castilla y algunas regiones del norte, a un 30% en Andalucía y Extremadura que se consideran las regiones más secularizadas. Paradójicamente, ante el proceso de secularización, tras cuarenta años, regiones como Extremadura, al no afectarle el proceso de secularización, ha mantenido la misma práctica religiosa y se ha convertido en una de las regiones con la práctica religiosa más alta. Más si compramos el proceso con Vascongadas y Cataluña. En estas zonas, la práctica religiosa no era tan alta como en Castilla, pero los católicos mantenían una práctica religiosa mucho más alta que otras regiones como Andalucía. Además el número de seminaristas y sacerdotes era considerable. Cataluña y Vascongadas son las dos regiones más industrializadas y en las que cuaja el nacionalismo con más radicalidad. La combinación se vuelve letal para la práctica religiosa. En Cataluña, por ejemplo, se alcanza la tasa de práctica religiosa más baja de toda España y los seminarios apenas cuentan con seminaristas.

Población y familia

La transformación más sutil, pero verdaderamente estructural, es la que atañe a los índices demográficos. Uno de los fenómenos más determinantes que ha implicado la democracia es la caída de las tasas de fertilidad. En 1976, España era al respecto el segundo país europeo, con una tasa de fecundidad de 2,8 sólo superada por Irlanda. En 1990, la tasa había caído a 1,33 empatando con Alemania en penúltimo lugar. En el año 2000, España ocupaba la cola europea con una tasa de 1,23. Consecuentemente el descenso de nacimientos era inevitable. Al iniciarse la transición en España nacían cada año unos 600.000 niños. Pronto se produjo una espectacular reducción, llegando a tocar suelo en 1995 con 360.000 nacimientos. Se ha producido en los últimos años un aumento de la natalidad que nos sitúa actualmente en algo más de 450.000 nacimientos anuales. Pero este aumento de nacimientos es engañoso, pues se produce esencialmente gracias al nacimiento de hijos de inmigrantes que viene a ser actualmente de unos 70.000 nacimientos anuales.

familiaEspanola1.jpgLa caída de las tasas de natalidad se debe a varios factores. Uno de ellos es la extensión masiva del uso de anticonceptivos. Las cifras en las encuestas varían y depende mucho del género y la edad, pero generalizando se podría afirmar que el 70% de la población activa sexualmente los usa con más o menos frecuencia. Sin embargo, otro de los factores de la caída de la natalidad es el aborto. Desde su aprobación en 1985 se ha ido incrementando sin cesar. En 1989 ya se llegaban a 30.000 abortos anuales. Entonces el gobierno socialista inició la famosa campaña para extender el uso del preservativo con en lema: “Póntelo, pónselo”. La tesis socialista era que el uso del preservativo rebajaría el número de abortos, pero pocos años después el aborto había llegado a la cifra de 50.000 anuales. Hoy ya hemos superado la barrera de 100.000 abortos por año.

Los cambios de moral sexual han llevado a España a ser una sociedad promiscua. La palabra técnica en sociología es “relaciones sexuales ocasionales”. En las encuestas de comportamiento sexual, el número de personas que reconocen estas relaciones es más alto. Paralelamente baja la fidelidad conyugal. En el 2004, sólo un 24,4% de hombres reconoce haber tenido relaciones sexuales con una sola mujer. En las mujeres el porcentaje es más elevado llegando al 55,6%. Todos estos comportamientos, sumado al divorcio y la caída del número de matrimonios han provocado un fenómeno inesperado. En los inicios de la transición sólo había un 10% de hogares en los que vivía una sola persona. Actualmente la cifra ya llega al 25% situándonos al nivel de sociedades más individualistas como Estados Unidos. Esto supone una pérdida de lo que denominamos “capital social”, que supone a la larga una sociedad que deberá gastar muchos recursos sociales en atender personas solas.

Los síntomas del malestar

fran.jpgPodría identificarse la transición democrática con el establecimiento del Estado de Bienestar. Esta situación podría definirse como el establecimiento de un Estado totalitario. Esto es, el Estado se encarga de velar por todas las dimensiones de la vida individual y social, excluyendo la religiosidad de la vida pública. Pero este cambio de paradigma social sólo ha provocado un “profundo malestar” social. El malestar social se manifiesta de múltiples formas. Aportamos algunos datos: el último año de la vida de Franco la población reclusa en España era de 7.000 condenados, hoy esa cifra se multiplica por diez, alcanzando anualmente unos 80.000 reclusos. El discurso democrático nos quiere hacer ver que la democracia ha permitido insertarnos en una sociedad más justa, pero el hecho es que los delitos no han dejado de aumentar. En 1974 los delitos comunicados por la Guardia Civil y la Policía Nacional ascendían a 200.000. En el año 2002 la cifra es declarada ya ascendía a 1.000.000 de delitos. Respecto a los suicidios, uno de los varemos más significativos del bienestar social, no ha dejado de aumentar. Antes de la llegada de la democracia el número de suicidios no llegaba ni con mucho a los mil anuales, actualmente está en unos 3.000 anuales. No hay que ni decir que el fenómeno de la depresión ni se conocía al iniciarse la transición, hoy se considera que el consumo de antidepresivos corresponde a cuatro cajas por persona y año. Con otras palabras un 25% de la población consume las llamadas “pastillas de la felicidad”.

Conclusión

En 30 años de democracia el discurso político se ha encargado de convencernos que vivimos en la mejor sociedad posible. Pero todos los índices sociológicos reales que podemos consultar nos indican una profunda y sutil crisis. Las consecuencias de todos estos cambios y transformaciones ya pueden dejarse sentir en el profundo malestar social que todos podemos percibir. Sin embargo, la consecuencia final la constataremos con una profunda crisis del Estado de bienestar producida por una sociedad individualizada, envejecida y medicalizada. Las crisis económicas y financieras sólo acelerarán este proceso.

JB.

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