“Federalismo bueno y federalismo malo”, o por qué Iceta es el hombre más peligroso de España.

“Federalismo bueno y federalismo malo”, o por qué Iceta es el hombre más peligroso de España (de momento).

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Valentí Almirall, ideólogo del Republicanismo federal, y convencido de que España era una nación

En un Congreso celebrado en Gerona por la asociación Somatemps, el verano de 2015, se debatió en profundidad sobre el concepto de Federalismo. La intención última de este Congreso era la previsión de que, ante un evidente fracaso de mal llamado “proceso” separatista catalán, el catalanismo superviviente buscaría una nueva estructura conceptual que necesariamente pasaría por proponer la reforma constitucional a favor de un instaurar el federalismo como modelo de Estado.

El acierto del tema del Congreso fue total pues es justamente lo que ahora está aconteciendo en la política catalana y española. El PSC se empeña en recoger el viejo término federalismo, que en su momento defendieron un sector de republicanos decimonónicos, encabezados por Almirall, y también por el carlismo dominante en Cataluña que reivindicaba una monarquía federal que respetase derechos, constituciones y fueros por encima de la Constitución liberal. Una cosa era evidente “federalismo” para ambas facciones políticas no significaba lo mismo.

Una cosa era evidente “federalismo” para ambas facciones políticas no significaba lo mismo.

De las conclusiones del Congreso se extrajeron valiosos elementos conceptuales para no dejarnos engañar por la demagogia de los que quieren hacer del “federalismo” una palabra “talismán” o sacrosanta. E ilusionar a muchos catalanistas como la única salida razonable al “proceso”. Los socialistas catalanes, más que en horas bajas, saben que este es el único as conceptual que les queda en la manga y con el que pueden seguir jugando a no decir nada con contenido. Y no se equivocan.

El “federalismo” es un término polisémico que o bien puede comportar una solución política para España, o bien destruirla lentamente.

Pongamos ahora el acento en algunas cuestiones fundamentales que ya tuvieron su precedente histórico y que ahora nos pueden iluminar el presente tan incierto.

Uno de los padres de Republicanismo federal, Valentí Almirall, defendió a muerte esta versión del republicanismo. Pero su idea de una República federal se sustentaba en que España era indiscutiblemente una nación aunque se compondría de estados federados. Otro de los más significativos republicanos federalistas, Víctor Balaguer, que se consideraba catalanista, no dudó en declararse profundamente españolista (quizá por los intereses económicos que tenía en Cuba y que el Estado españoldebía proteger).

El Republicanismo federal que ahora quieren recuperar nominalmente algunos socialistas (lo cual nos obligaría una reforma constitucional), nada tiene que ver con lo que defendieron los fundadores del federalismo. Este último derivó connaturalmente en el llamado Iberismo. El Federalismo, para ellos, implicaba recuperar el sujeto político de la Corona de Aragón para que pudiera contrapesar el centralismo que decían que venía de Castilla, pero en realidad su origen estaba en los liberales jacobinos que habían nacido en todos los lares menos en Madrid.

El Republicanismo federal que ahora quieren recuperar nominalmente algunos socialistas, nada tiene que ver con lo que defendieron los fundadores del federalismo

El señor Iceta cuando habla de “federalismo” sólo está pensando en asimetrías entre Cataluña y el resto de España. Y su versión inusitada del federalismo no lo plantea desde la perspectiva de la recuperación de la antigua Corona de Aragón (como mandaría la lógica histórica) sino en términos de comunidad meramente lingüística. Esto es en una asimetría reducida a Cataluña y el resto de España. Evidentemente ningún Republicano Federal de los de verdad, de esos bigotudos decimonónicos, hubiera aceptado esta tesis de Iceta.

Ya de por sí, el problema del federalismo republicano es que la verdadera Federación de las viejas coronas sólo fue posible por uniones dinásticas, esto es, por pactos de familia propios de la Monarquía. Sin la monarquía, España nunca hubiera sido una unidad de reinos federados. Con otras palabras, sin la monarquía el republicanismo federalista no hubiera tenido de donde beber conceptualmente.

sin la monarquía el republicanismo federalista no hubiera tenido de donde beber conceptualmente.

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Alegoría de la lucha entre republicanos federalistas y unitarios, a punto de matar la República

Y no sólo se trata de un problema teórico o de filosofía política. Cuando durante la I República quiso reformularse España como una nación compuesta de Estados Federados (léase el proyecto de Constitución de la I República), el invento duró unos meses; los suficientes para que la mayoría de republicanos cataran el inicio de la desintegración de España. Algo quedó patente por mucho que se quiera ocultar: la mera idea de “nación” jacobina, no podía mantener unida España. Sin un principio rector como la monarquía España estaba condenada a la desaparición.

Y esto fue tan evidente que hasta los republicanos tuvieron que dar un autogolpe de Estado (el del general Pavía). Con ello los republicanos partidarios de construir una república jacobina, desbancaban a los federalistas. Y la lógica histórica es que los propios republicanos apoyaron la restauración de la dinastía liberal. No fuera que la dinastía carlista venciera por las armas y se restaurara una Monarquía verdaderamente federal y anti-jacobina.

¿En qué se parece el golpe de Estado de Pavía y la defenestración de Pedro Sánchez?

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El republicano Pavía desalojando el Congreso republicano con Guardias civiles

El golpe del republicano unitario General Pavía contra los republicanos federalistas (casi todos catalanes), no sé por qué nos recuerda a la defenestración de Pedro Sánchez. Muchos juzgaron en el PSOE que era preferible cederle el poder al PP que no poner en peligro un Estado jacobino (de segunda) que tantos siglos había costado construir. Las veleidades de Pedro Sánchez con los nacionalistas catalanes con tal de conseguir el poder no las podían consentir ni los propios socialistas (que en sus genes son y serán siempre jacobinos). Lo que no sabemos determinar si en este tipo de decisiones pesaron más el miedo a perder el Leviatán español o el odio al sentido foral y federal de las Españas que representaba la Monarquía tradicional.

El fracaso del republicanismo federal fue tan absoluto que Almirall se volvió a Barcelona, absolutamente resentido y decidió entregarse a sus enemigos políticos, los conservadores y odiados catalanistas de la futura Lliga (por aquél entonces aún unos jóvenes liderados por un peculiar Prat de la Riba). Y es así como de ese lodazal de ideas contradictorias, resentimientos y fabulaciones romántico-burguesas, apareció la matriz del actual catalanismo que en un siglo ha entrado en barrena hacia el separatismo que pondría los pelos de punta al bigote de Almirall.

las relaciones entre el PSC y el PSOE, nos rememoran las batallas a muerte que se tuvieron entre republicanos unitarios y los federales. Y que no olviden algunos socialistas que en sus cuitas, siempre ganaron los unitarios.

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Presentación Portes obertes: la historia se repite

No sabemos por qué pero las declaraciones y formas de Iceta nos recuerdan exactamente a las de Almirall. Y las relaciones entre el PSC y el PSOE, nos rememoran las batallas a muerte que se tuvieron entre republicanos unitarios y los federales. Y que no olviden algunos socialistas que en sus cuitas, siempre ganaron los unitarios. De ahí que Almirall, resentido por la derrota de sus propios compañeros, decidiera pactar contra su conciencia e ideales, con lo que más aborrecía: el catalanismo conservador, como ya hemos dicho.

Ver el otro día sentados juntos a Iceta y Durán Lleida en la presentación de “Portes Obertes” (una plataforma dedicada a resucitar el fallecido catalanismo moderado), nos estremeció como imaginar cuando Almirall y Prat de la Riba se conocieron e iniciaron una contranatural colaboración que nos ha llevado hasta este túmulo de contradicciones que es el nacionalismo. Ambos sabían que sus ideales eran absolutamente incompatibles, pero preferían compartir el mismo barco a Ítaca antes de que les acusaran de españolista a uno y de conservador el otro (¡Señor!, ¡cómo se replica la historia!).

¿Por qué Iceta es el hombre más peligroso de España?

Iceta en estos momentos se está convirtiendo en el hombre más peligroso de España por varios motivos. Uno de ellos es que por mantener cuotas de poder quiere identificar la relación asimétrica entre el PSC-PSOE como una alegoría de lo que debería ser la relación “asimétrica” entre Cataluña y el resto de España. Y todos sabemos, desde Hannah Arendt, que cuando alguien quiere identificar el destino de un Partido con el destino de una nación, ya se ha puesto en marcha los fundamentos del totalitarismo.

En segundo lugar, Iceta, en un nuevo alarde de dialéctica hipócrita y malabarismos lingüísticos, ha llegado a afirmar, para tranquilizar al PSOE, frases del estilo: “Nación no quiere decir ni Estado ni soberanía” (La Vanguardia, 14-11-2016). Este juego de confusiones semánticas, nos trae a colación las discusiones que mantuvieron los padres redactores de la Constitución española, cuando batallaban por introducir o no el término “nacionalidades” en el texto constitucional, como finalmente sucedió.

Los socialistas ahora olvidan que un exfalangista, recién reciclado en demócrata de toda la vida –Landelino Lavilla- fue el que consiguió que la derecha aceptara incluir el término “nacionalidades”

Algunos pseudoideólogos socialistas, con afanes periodísticos, acusan a la “caverna” franquista, especialmente a Fraga Iribarne, de que se opusiera a que en la Carta Magna aparecieran las palabra “nacionalidades” (pues vaya descubrimiento). Pero estos mismos socialistas olvidan que un exfalangista, recién reciclado en demócrata de toda la vida –Landelino Lavilla- fue el que consiguió que la derecha aceptara incluir el término “nacionalidades” en la Constitución. En su intervención ante la comisión constitucional del Congreso de los Diputados de 9 de mayo de 1978, declaró: “[…] la utilización del término nacionalidades […] desde el punto de vista del Gobierno y de la responsabilidad que supone en una visión dinámica de la historia y de la política solo es aceptable como expresión de identidades históricas y culturales que, para hacer auténticamente viable la organización racional del Estado, han de ser reconocidas y respetadas incluso en la propia dimensión política que les corresponde, en la fecunda y superior unidad de España”.

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Landelino Lavilla, exfalangista gracias al cual la derecha aceptó que la palabra “nacionalidades” entrara en la Constitución

Supongo que es difícil reconocer para los socialistas devotos de Iceta que el término “nacionalidades” fue aceptado en el texto constitucional gracias a la derecha y porque hubo un pacto de caballeros en el que no se usaría la palabra nacionalidad para reivindicar la soberanía de una de las mal llamadas comunidades históricas (como si las otras hubieran estado ausentes de la historia). En el pacto de los padres de la Constitución española, incluyendo a Roca Junyent que se arrogó de paso la representación de los nacionalistas vascos, se acordó que sólo del término “Nación”, y aplicado a España, se derivaba la soberanía que fundamentaba la democracia española.

Evidentemente esa lealtad no la tuvieron los catalanistas burgueses-conservadores liderados por Pujol, ni los propios catalanistas burgueses-socialistas liderados por un Pascual Maragall cada vez más ido de sí mismo. Ello derivó en el “trauma colectivo”, del que ya nadie se acuerda por no conseguir introducir en el prefacio del nuevo Estatut, la palabra “Nación” aplicada a Cataluña, pero al menos consiguieron colar, gracias a un sonriente Zapatero, el término “nacionalidad”.

Evidentemente esa lealtad no la tuvieron los catalanistas burgueses-conservadores liderados por Pujol, ni los propios catalanistas burgueses-socialistas liderados por un Pascual Maragall cada vez más ido de sí mismo.

Iceta, apoyado por el último resto de voto inmigrante que le queda a su partido en Cataluña, quiere seguir jugando con fuego: contentar a los jacobinos de su partido y a los catalanistas (en su mayoría aún conservadores). Para ello juega con expresiones pintorescas que ya inventara Antoni Capmany, un catalán patriota español como nadie, que en su inocencia, y en el indefinido lenguaje de su época llamó a España “nación de naciones”. Evidentemente la palabra nación, a principios del XIX, en boca de Capmany no tenía el sentido político de ahora. Por eso, que Iceta parafrasee a Pedro Sánchez cuando repite eso de “Nación de naciones”, o que Pedro Sánchez lance guiños a un catalanismo del que desconoce todo, es tan peligroso como querer volver a repetir la trágica historia de España.

Lamentamos comunicar a Iceta que el uso del término federalismo es tan inapropiado en su boca, como los horribles pases de baile en sus mítines políticos.

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Bailando con bobos: el futuro de España en sus manos.

La fractura del PSC-PSOE, simplemente para que un actor secundario como Iceta, siga remando hacia la Ítaca que soñó la burguesía socialista de los Maragall, Lluch, Serra y tantos otros provenientes de familias colaboracionistas con el franquismo, puede ser demoledora para España. O bien finalmente el PSC se decantará por la locura nacionalista, disfrazada de un federalismo que nada tiene que ver con la tradición federal de España en su época de la Monarquía hispánica; o bien al PSC no le quedará más remedio que alinearse en un frentepopulismo cuyas consecuencias vimos del 34 al 39.

Parece mentira que el futuro de España, de momento, parezca estar en manos de un personaje cuyo único mérito ha sido controlar la maquinaria del PSOE tras el abandono de los burguesitos, tomar el pelo a Montilla hasta quedarse con el partido y bailar en los mítines como una loca para atraerse la simpatía de no se sabe quién y ganarse alguna que otra portada. Lamentamos comunicar a Iceta que el uso del término federalismo es tan inapropiado en su boca, como los horribles pases de baile en sus mítines políticos.

Javier Barraycoa.

Un comentario en ““Federalismo bueno y federalismo malo”, o por qué Iceta es el hombre más peligroso de España.

  1. Iceta es muy peligroso porque es un necio, un ambicioso, y tiene poder.

    Para colmo de males, le ha tocado la suerte al haberle emparejado el destino con otro necio, ambicioso y con poder: Pedro Sánchez.

    Honestamente no sé qué es lo que esperan éstos que se dicen “políticos” como otros se dicen arquitectos, cirujanos, ingenieros químicos o hermanas de Teresa de Calcuta.

    Porque visto lo que han logrado hasta la fecha -y 40 años dan para mucho-, y el estado de ruina total en que han dejado Cataluña y España, yo me pregunto si saben que luego, si efectivamente el Pueblo es tan necio como ellos para darles el poder, luego, digo, van a tener que gobernar con el desastre que ellos mismos han creado.

    El que no hayan aprendido del patán Zapatero, me da mucho y malo que pensar.

    Pues, sí: para ser político habría que estudiar una carrera o pasar el noviciado con los deshechos de la sociedad.

    No veo otra manera de defendernos de estos ególatras narcisistas sin sentido patriótico ni de estadista.

    Pero mira: Pedro Sánchez y Pablo Iglesias no solo tienen carreras: los dos tienen doctorados con tesis calificadas de sobresaliente cum laude…

    ¡lo que hay que ver!

    Por lo menos Iceta se contenta con el baile -y así de bien lo hace-.

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