Las etimologías como senda del conocimiento: Aletheia y Alicia en el país de las maravillas (2)

 

 

Aletheia y Alicia en el país de las maravillas (2)

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Lévi-Strauss

Si dijimos que etimología, tiene como raíz etymos, relacionado con verdad en griego, Aletheia. Este bello vocablo significa  “lo que no está oculto”, “lo que está manifiesto”, teniendo como antónimo pseudos o “encubrimiento”. Llegamos a lo que las cosas son por la razón, pero sólo podemos “mostrarlas” a través del lenguaje. Sabemos que nos oponemos con esta tesis a la pseudofilosofía del estructuralismo, según la cual el lenguaje no muestra la verdad, sino que la construye, pues las cosas no son sino que se hacen y el lenguaje es su artífice. De ahí que Levi-Strauss defendiera que no son los pueblos los que hablan, sino que el lenguaje configura la estructura de organización “lógica” de los pueblos.

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Velo del Templo de Jerusalén rasgado

Pero incluso Levi-Strauss era un ser que hablaba y se equivocaba. Desde lo más profundo de las psiqués colectivas de todos los pueblos y todas las lenguas, la mentira queda asociada a lo oscuro, al alma fosca sin luz interior. Pero no debemos confundir lo oscuro con lo velado. Lo oscuro es aquello que carece de luz externa que lo ilumine. Lo velado es lo que teniendo una luz interior, queda ocultada para que ilumine cuando deba iluminarse. O porque no todo el mundo está preparado para ver esa luz. El velo del Templo de Jerusalén ocultaba a Dios a su pueblo encerrado en el Santa sanctorum. La muerte de Cristo rompió ese velo y permitió alcanzar al Dios desconocido. Por eso la virginidad se protege tras un velo, no para ocultar su fealdad, sino porque es un privilegio acceder a ella y su hermosura; y no cualquiera puede traspasar ese velo.

No tan paradójicamente como aparentaría, la virginidad es la condición de fertilidad, todo lo contrario que la esterilidad. Por eso un ocultamiento de la verdad seca la razón y la convierte en estúpida, pero un velamiento de la misma es el paso previo para alcanzarla, como la semilla que debe quedar enterrada, o el grano morir, para que dé fruto. Las etimologías son simas que parecen no tener fondo. Y la descomposición de la propia palabra etimología nos sigue sorprendiendo por su capacidad de despliegue y matices sin fin. Si como ya señalamos Aληθεια (verdad) se compone de α (sin) y ληθεια (letheia, ocultar). Acabamos de indicar que tymos se emparenta fácilmente con honor, valor y estimación. A ello hay que añadir que el latín recogió letheia bajo forma de lateo: “estar oculto”.

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Dios griego Hades

Pero este “desvelamiento que parece la verdad, no es un mero acto mecánico como una acto mecánico como enseñan algunos discípulos de Heidegger, dando a entender que la verdad está en la acción de desvelar no en lo que se desvela o des-oculta.   ¿Dónde está la diferencia en estas dos concepciones de la verdad? Una derivación latina de “Lateo”  (estar oculta) nos da una pista. Lateo en lengua castellana dio lugar a latente. Lo laten es lo que está en potencia descubierto, pero se mantiene oculto. Lo latente, la verdad velada, tienen una dinámica interna que la convierte, como el bien, en difusiva de sí misma. Por eso aunque la verdad exige la acción de ser desvelada, la iniciativa parte de ella misma, no del que quiere encontrarla. Con otras palabras, si la verdad no quisiera ser descubierta, nadie la buscaría. Lethia, ocultar, se emparenta con lethe, olvido (un río del Hades –infierno- toma precisamente el nombre de Leteo y quien bebía sus aguas caía en el olvido o desmemoria completo).

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Oráculo de Aletheia

Dejamos de buscar la verdad cuando nos olvidamos de ella, porque en cierta manera, aunque esté fuera de nosotros y oculta, solamente por ser ya está también en nosotros, pero olvidada. Por eso para conocer la verdad necesitamos de la razón iluminada, pero también de la memoria. Muchos filólogos no tienen inconveniente en afirmar que los más probable es que el nombre de Alicia derive de Aletheia. Lewis Carroll en su famosa obra Alicia en el país de las maravillas juega como un verdadero maestro con los secretos de las palabras. Si Alicia viene de Aletheia, de la maravilla, mirabilia en latín, empalma con el término francés “espejo”, miroir, y en la lengua de la pérfida Albión, mirror. Originalmente el espejo es el lugar donde maravillarse. Resumiendo, pues a la palabra espejo le dedicaremos unos tiempos más abajo, Lewis Carroll parecería querer jugar con la palabra Verdad y Maravilla. Lástima que esta interpretación sólo sirva para lengua castellana, pues el título original de la obra no se habla del “país de las maravillas” sino de Wonderland. Y aquí ni el mejor de los filólogos es capaz de encontrar una interpretación aceptable que enlace los dos términos, excepto si tomamos que la verdad tiene su lugar propio en la tierra de los hermoso (Wonder) o bello. Por eso quizá, Alicia, para ser encontrada, primero se adentra en un Mundo oculto.

© Javier Barraycoa

2 comentarios en “Las etimologías como senda del conocimiento: Aletheia y Alicia en el país de las maravillas (2)

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