“Non Possumus”, a propósito de Lutero (IV): Lutero a la caza de los campesinos.

Lutero a la caza de los campesinos

 

Luther ohne Mythos de Hubertus Mynarek es un libro necesario y desmitificador sobre Martín Lutero. Lutero, al principio de su predicación se posicionó a favor de los campesinos y en contra de los príncipes alemanes y cualquiera que ostentase alguna autoridad. En esa primera etapa teorizó sobre el derecho de Rebelión contra las autoridades. Pero fue una época breve ya que pronto fue acogido por los príncipes alemanes y protegido por ellos. Entonces sus escritos cambiaron radicalmente e inició una de las apologías más salvajes contra el campesinado que se recuerdan en la historia del pensamiento.

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Luteranos ejecutan a un anabaptista

Thomas Müntzer, uno de los exaltados, hereje y revolucionario campesino, un anabaptista, fue de los primeros que recibió las invectivas de los príncipes alemanes acaudillados espiritualmente por Lutero. Tras su revolución campesina Thomas Müntzer fue capturado, se le sometió a juicio sumarísimo con la tortura correspondiente. Tras ser violentamente azotado, fue condenado a la pena capital, siendo decapitado. Antes, Lutero había escrito una carta a los príncipes de Sajonia contra Müntzer, ordenando a la nobleza sajona eliminar violentamente al “Satán maldito de Allstedt”, como llamaba Thomas Müntzer (aunque dicho sea de paso el protestante Müntzer había sido un asesino piadoso de masas). En la carta lo denomina: “espíritu devorador del mundo”, “demonio mendaz”, “Satán por antonomasia”, “espíritu mendaz”, “demonio expulsado”.

En otros escritos las acusaciones de Lutero para con Müntzer son aún más desmedidas y desatadas. En su Amonestación por la paz en los doce artículos del campesinado de Suabia califica a Müntzer de “profeta bribón”, “príncipe de los demonios, que gobierna en Mühlhausen y no hace otra cosa que robar, asesinar y derramar sangre”.

Lutero, en su conocido y terrorífico escrito titulado “Contra las hordas asesinas y ladronas de campesinos” (1525). Se escribe en el marco de las revueltas campesinas contra los príncipes alemanes. La tesis del libro en el fondo es muy sencilla: los campesinos están endemoniados y, por tanto, es lícito liquidarlos. Ya se ve que se estaba manejando alta teología. Podemos leer que escribe sobre ellos:

 “Nada más venenoso, dañino y demoníaco que esta gente, que sólo impulsan actividades satánicas”, “que sirven al demonio bajo la apariencia de Evangelio”, “de ahí que se merezcan una y mil veces la muerte corporal y espiritual, “son peones del demonio” y “conforman una federación satánica de maldad y perdición”.

Lutero deja caer que los demonios han vaciado el infierno y anidan en los campesinos: “Hay que huir de ellos como del mismo demonio”. Pero mejor que huir de ellos, insta a los Príncipes alemanes, es aniquilarlos:

 “Quien puede y quiere ahogar a un rebelde hace bien en ejecutarlo, puesto que ante un rebelde público toda persona es dos cosas: juez y verdugo. Igual que pasa con un fuego, que el mejor es quien primero lo sofoca… De igual manera aquí, quien pueda debe destruir, ahorcar y asesinar, en secreto o en público… Como ocurre quien se ve obligado a matar un perro rabioso… Un cristiano piadoso debiera sufrir cien veces la muerte, si fuera menester, antes de aceptar lo más mínimo en el tema de los campesinos”.

Los años 1524 y 1525,fueron en los que Lutero ejerció con sus escritos y apelaciones una propaganda tan desorbitada de acoso contra Müntzer y los campesinos. En el trasfondo Lutero encubría y justificaba una situación política y nada religiosa. Su teología de una Iglesia universal invisible y misteriosa de los verdaderos creyentes, se convirtió en estado eclesial. Los príncipes alemanes se convirtieron en teócratas y Lutero entonces empezó a predicar contra los que atentaban contra las autoridades constituidas.

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Guerra de campesinos alemanes

Marx llegó a decir: “Lutero ha transformado los curas en laicos porque a los laicos los ha convertido en curas”. Así, los príncipes se volvían intocables. Desobedecerles en cualquier materia, aunque mandaran algo injusto, era como enfrentarse a Dios. Con toda solemnidad manifestó Lutero en 1528 la idea de que “el mandato de Moisés “honra a tu padre” se refería a estos príncipes.

Lutero, en un ataque de megalomanía, se sintió llamado a transmitir a los príncipes la orden de Dios de golpear y aniquilar a los campesinos:

“Los predicadores son los mayores criminales, ya que exhortan a la autoridad a que, en función de su cargo, castiguen a los impíos malvados. Yo, Martín Lutero, he matado a todos los campesinos rebeldes, pues he llamado a matarlos; que toda su sangre caiga sobre mis hombros. Pero yo la remito a nuestro señor Dios, que me ha ordenado transmitir este mandato suyo”.

A los labradores, a pesar de su reconocimiento de algunas de sus exigencias, aconsejó obediencia a cualquier precio:

“Porque el que la autoridad sea mala e injusta no disculpa la rebeldía o el amotinamiento. Puesto que castigar la maldad no es competencia de cada uno sino de la autoridad civil, que porta la espada. El que la autoridad os arrebate injustamente vuestros bienes es una cosa, pero otra que les arrebatéis su poder, y con ellos todos sus bienes, su cuerpo y alma, convirtiéndoos así en mayores ladrones que ellos”.

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Los 12 artículos y reglamentos de la liga de campesinos

En su escrito “Los 12 artículos y reglamentos de la liga de campesinos”, afirmaba respecto a los campesinos “que ellos no podían apelar al derecho cristiano del Nuevo y Antiguo Testamento, ni tampoco al derecho natural porque básicamente para ellos sólo rige el derecho cristiano: no rebelarse contra la injusticia, no echar mano a la espada, no defenderse, no tomar venganza sino entregar el cuerpo y el alma porque, que robe quien robe, nuestra confianza está en el Señor, quien, como ha prometido, no nos abandonará. Sufrir, sufrir, cruz, cruz es el derecho de los cristianos y no otra cosa. Un cristiano se deja robar, quitar, presionar, patear, saquear, devorar, que le vocifere todo aquel que quiera, él es un mártir”.

En el ya citado escrito Contra las bandas de campesinos saqueadoras, insiste:

“Así la autoridad debe actuar con tranquilidad y consuelo y asesinar con buena conciencia mientras le quede un soplo de vida. Ésta es su ventaja, que los campesinos tienen mala conciencia y hacen cosas injustas y serán asesinados por ello, y serán presa eterna del demonio en cuerpo y alma. Pero la autoridad, que tiene buena conciencia y hace cosas justas, puede dirigirse a Dios con toda la seguridad de su corazón y decirle: Mira, Dios mío, me nombraste príncipe e colocaste como Señor, no puedo dudar de que me has encomendado blandir la espada sobre los malhechores (Rom 13, 4). Es tu palabra, no cabe mentira; debo cumplir mi función sin vacilar, de lo contrario pierdo tu gracia; es también evidente que estos campesinos se han hecho acreedores a la muerte con reiteración ante ti y ante el pueblo, me has mandado castigarles… Y yo quiero castigarles y matarles mientras me quede un soplo de vida, tú lo juzgarás y lo encontrarás justo”.

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