Circo sin payaso

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En mi niñez, los pocos payasos que veíamos en la tele triunfaban. Charlie Rivel, Gaby, Fofo, Fofito y el resto de la familia Aragón. Era un misterio que fueran capaces de hacerte reír. Igual porque uno era niño y la tele era en blanco y negro -y la fantasía añadía lo que le faltaba a la realidad-, pero era apoteósico ver a los payasos de la tele. Con el tiempo, reconozco sufrir de coulrofobia o miedo irracional a los payasos. Sí, aunque parezca mentira, este trastorno está tipificado en los manuales de psicología y yo lo sufro. Posiblemente ello se debe a que ya no soy un niño, que la realidad ya no deja espacio para muchas fantasías y que los payasos han abandonado su lugar natural: el circo, para invadir territorios que no les compete.

De hecho, con toda propiedad, podemos decir que el “Ágora” se ha convertido en un “circus”. O con palabras menos cursis, la política es un circo. Cuando eso le ocurrió a la civilización greco-romana ya era demasiado tarde para recular y acabó como acabó. Hoy en día los que nos apasionamos por la política, sufrimos con esta invasión cirquense del “Ágora”. Entre saltimbanquis, magos y payasos, añoramos a los animales políticos que han quedado eliminados de la palestra. Fue asentarse la democracia y retiraron a los animales del circo y a los políticos de raza de los parlamentos.

Toda esta introducción es para lamentarse que en Cataluña vuelve el circo. Hoy se inaugura la sesión de constitución de la Mesa del Parlamento regional. Y luego, en teoría, vendrían días de divertimento garantizado para las mentes infantiles y sufrimientos para los que la inteligencia se nos ha hecho adulta incluso vetusta. El circo catalán prometía un payaso de la tele –o telemático- que haría las delicias de todos desde Bruselas. El espectáculo estaba garantizado. Ya nos hacíamos a la idea de estar contemplando en nuestra pantalla desde casa al Parlament catalán con otra pantalla instalada. Y dentro de ella a Puigdemont saludando “¿Cómo están ustedes?”. Terrorífico y risible a la vez. ¿Me entienden con lo de mi padecimiento por coulrofobia?

podemos decir que el “Ágora” se ha convertido en un “circus”. O con palabras menos cursis, la política es un circo. Cuando eso le ocurrió a la civilización greco-romana ya era demasiado tarde para recular y acabó como acabó

Por suerte parece que los letrados del parlamento se han conjurado contra el payaso de la tele y quieren que la sesión de investidura sea seria y presencial, esto es, real. Uno de los personajes que puede agitar más o menos las aguas autonómicas, será el nuevo presidente del Parlamento y sus ganas de liarla o no como ya hiciera la Forcadell. Sin embargo, tras la experiencia del choque del tren (en singular, pues sólo uno se presentó a la lid), ya son pocos los que quieren arriesgarse a tener por compañeros de celda a gitanos plastas que no paran de darle al “¡Que viva España!” de Manolo Escobar. Amnistía internacional debería decir algo al respecto. Por tanto, la tan proclamada democracia con lacitos amarillos, empieza a aprender que las leyes y reglamentos existen, son reales, y que el voluntarismo (eufemismo de voluntad popular) no puede discurrir por los cauces que se le antoje.

Pero no todo es tan idílico. Cuando en nuestra época infantil se permitían los animales en el circo, todos esperábamos (seguramente en el plano inconsciente) que el león se comiera al domador. Siguiendo el paralelismo, ERC que hasta ahora ha sufrido las humillaciones de Puigdemont desde Bruselas, espera su momento para devorar al payaso del independentismo. Hemos de pensar que hasta ahora Puigdemont se ha pavoneado de ser el ganador de las elecciones (como si C´s no existiera) y del deber de ERC de someterse a su voluntad. Ante el mundo independentista nadie podría entender que ERC no apoyara la investidura del fugado de Gerona. Pero los informes de los letrados se lo han puesto a huevo. Ahora los seguidores del piadoso Junqueras y la monjil Rovira pueden excusarse en la ley –sobre la que antes se habían miccionado- para devolvérsela a Puigdemont.

Ahora los seguidores del piadoso Junqueras y la monjil Rovira pueden excusarse en la ley –sobre la que antes se habían miccionado- para devolvérsela a Puigdemont.

La ventaja de los republicanos es que encontrar otro payaso a la altura del de Bruselas, es muy difícil. Hasta Artur Mas ha querido participar en el circo y como un diestro mago ha conseguido hacerse autodesaparecer. Aplausos. La magia del circo en estado puro. Incluso ha afirmado que el PDeCAT no tiene nada que ver con la Convergencia que lideró tantos años. Funambulismo salvaje. Llegará un día que nos dirán que nunca existió CiU ni Pujol, ni Millet. Pero hasta que llegue ese día tienen que pasar muchas cosas aún por nuestras retinas.

Publicado en LaGaceta