La Antimodernidad en España (2): la diferencia entre tradicionalistas y conservadores

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Donoso Cortés

LA ANTIMODERNIDAD EN ESPAÑA (1)

LA ANTIMODERNIDAD EN ESPAÑA (2)

Los antimodernos españoles: la diferencia entre tradicionalistas y conservadores

Como señala Germán Gullón: “La etiqueta antimoderno resulta en verdad un cajón de sastre”[1]. Cuando se quiere referir el término a los literatos y pensadores españoles nos da una clave en la que puede diferenciarse sutilmente de los antimodernos franceses: “Si trasladamos el concepto antimoderno a la literatura española, cabe decir que Leopoldo Alas Clarín y Miguel de Unamuno parecen antimodernos típicos. Ambos comparten una idea progresista de la vida social y cultural, trasladada a sus obras en forma de modernidad formal, mientras permanecieron fieles al racionalismo intelectual, defendiendo asimismo la importancia de la religión en la existencia humana”[2].

Pero esta clasificación no es válida en el orden del pensamiento político, son innumerables las groseras historias del pensamiento político español en que se encasillan en un mismo grupo a autores como Donoso, Balmes, Cánovas del Castillo, Maura incluso José Antonio Primo de Rivera. Para estos reduccionistas, todos estos personajes, y muchos más, cabrían en el contenedor de los reaccionarios, algunos tradicionalistas, otros conservadores y otros neofascistas; pero antiprogresistas al fin y al cabo y con un mismo dircurso. Pero nada más alejado de la realidad.

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Un ejemplo claro de la dificultad de diferenciar este conjunto de personajes, es comprobar cómo ha sido interpretado un autor como Donoso Cortés. Especialmente significativa es la lectura que hace de él Carl Schmitt en su obra Interpretación europea de Donoso Cortés[3]. El error de Carl Schmitt es confundir los tacticismos del Donoso parlamentario perteneciente al Partido Moderado en el sistema liberal, con su pensamiento. El alemán ve en Donoso simplemente a un arduo defensor del “decisionismo” político. Ello, interpreta, le llevaría a defender la “dictadura del sable” frente a la “dictadura del puñal” como método preventivo para impedir, en medio de las agitaciones revolucionarias de 1848, la llegada al poder del socialismo revolucionario, tanto en España como en Europa.

“son innumerables las groseras historias del pensamiento político español en que se encasillan en un mismo grupo a autores como Donoso, Balmes, Cánovas del Castillo, Maura incluso José Antonio Primo de Rivera”

Para Schmitt, Donoso se convierte en un “antimoderno” visionario que es capaz de renunciar a los ideales de su monarquismo por una “nueva” forma de acción política con la que enfrentarse a la modernidad revolucionaria. Cree que el político español rompe con la famosa premisa de Joseph de Maistre de que “la contrarrevolución no será una revolución contraria, sino lo contrario de una revolución” y le convierte en un partidario del autoritarismo político de “derechas” a través de la reacción pura y dura, sin necesidad de apelar a ninguna tradición.

La interpretación de Schmitt por desgracia ha calado, llevando a confundir el “antimoderno” con el “reaccionario”, conservador o “pre-fascista”. No en vano, Carl Schmitt nos presenta a un Donoso Cortés como un político que ha abandonado sus posicionamientos monárquicos y tradicionales para convertirse en un conservador de nuevo cuño rozando el pre-fascismo. Nada más alejado de la realidad, aunque ciertamente a todos nos desubica la militancia política del extremeño y la aceptación del sistema liberal que combina con su profundo tradicionalismo expresado en aquella frase: “Yo represento la tradición, por la cual son lo que son las naciones en toda la dilatación de los siglos”[4]. Donoso, sin vincularse al carlismo, pero permaneciendo fiel a la idea de una Monarquía que no debía ser ni absoluta ni constitucionalista, pretendía reubicar a ésta en el sendero de la Tradición tras la derrota de una esperada revolución socialista. Sin embargo, la temprana muerte de nuestro político (1853) nos impide saber qué derroteros hubiera tomado su pensamiento[5].

Plateemos ahora otro reto: determinar si un personaje como Menéndez y Pelayo se puede considerar antimoderno o un conservador y donde radicaría la diferencia de la distinción. Quizá la clave de interpretación estaría en uno de sus inspiradores: Gumersindo Laverde[6], neocatólico y antikrausista. Laverde en el prólogo a La Ciencia Española de Menéndez y Pelayo, ya señala sus maneras de aparente antimoderno: “Y ¡cuán cerca de tan desdichada suerte nos hallamos en España! La demolición comenzada en el siglo XVIII, se ha proseguido con ardor creciente en el XIX, amontonando ruinas sin medida ni término. Por el campo de nuestra filosofía han penetrado sucesivamente el cartesianismo, el sensualismo de Locke y Condillac, el materialismo de Cabanis y Destutt-Tracy, el sentimentalismo de Laromiguière, el eclecticismo de Cousin y Jouffroy, el psicologismo de Reid y Dugald-Stewart, el tradicionalismo de Bonald y el P. Ventura de Ráulica, el kantismo, el hegelianismo, el krausismo, y ahora andan en moda el neo-kantismo y el positivismo, estrechamente aliados. La ciencia española ha ido, entre tanto, desapareciendo del comercio intelectual”[7].

“Por el contrario, en su Historia de las ideas estéticas, Menéndez Pelayo no dudaba en aceptar que el genio de la Estética contemporánea era Hegel y la escuela hegeliana era la que más había contribuido a ampliar el horizonte de esa ciencia”

Pero hemos de descubrir nuevas perspectivas de nuestro ilustre polígrafo. Según proponen Raquel Gutiérrez Sebastián y Borja Rodríguez Gutiérrez, en su artículo Menéndez Pelayo y el Romanticismo alemán: “Decir de Menéndez Pelayo que fue germanista convencido, introductor en España de la literatura alemana de la primera mitad del siglo XIX, puede sonar como proposición sorprendente y exagerada. Pero si obviamos la imagen tópica del polígrafo, basada en el estereotipo del rancio conservador, en citas de segunda mano, y en la falta de conocimiento ponderado de su obra copiosa y rica, si nos asomamos al torrente de datos, juicios críticos, censuras comprensivas y morigeradas, alabanzas sinceras y elogios apasionados que derrocha en el tomo de la Historia de las Ideas Estéticas dedicado a Alemania, no podemos por menos que concluir que el Menéndez Pelayo proalemán y filorromántico es tan auténtico como el Don Marcelino horaciano y clasicista. De ello se percató tiempo atrás uno de los corresponsales de Menéndez Pelayo, A. Rubió, que le comenta amistosamente que su entusiasmo por Goethe «hace olvidar al fervoroso discípulo de Horacio»”[8].

Sorprendentemente, encontramos afirmaciones fundadas que sostienen que: “Gumersindo Laverde y Menéndez Pelayo defendían una concepción romántica de la tradición, que mitificaba ésta a la vez que la erigía en condición sine qua non de la fecundidad y el destino histórico de los pueblos”[9]. Quizá la forma de aproximarnos a la dificultad para encasillar a Menéndez y Pelayo es la motivación por escribir la Historia de los heterodoxos españoles y la paradójica fascinación hegeliana que brota en su Historia de las ideas estéticas. La primera se escribe bajo la determinación de Laverde, y Menéndez Pelayo, de que la tradición española es esencialmente católica. “La España histórica es católica”, afirmarán.

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Menéndez y Pelayo

De hecho, La Historia de los heterodoxos españoles brotó como idea de una carta de 1875 de Gumersindo Laverde a su discípulo: “pienso que la historia de nuestros heterodoxos sólo debe de ser escrita en sentido católico; sólo en el catolicismo puede encontrar el principio de unidad que ha de presidir toda obra humana. Precisamente porque el dogma católico es el eje de nuestra cultura, y católicos son nuestra filosofía y nuestro arte, y todas las manifestaciones del principio civilizador, no han prevalecido las corrientes de erradas doctrinas y ninguna herejía ha nacido en nuestro suelo, aunque todas han pasado por él, porque escrito está que conviene que haya herejías: Oportet haeresses esse”.

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Por el contrario, en su Historia de las ideas estéticas, Menéndez Pelayo no dudaba en aceptar que: “el genio de la Estética contemporánea era Hegel y la escuela hegeliana era la que más había contribuido a ampliar el horizonte de esa ciencia, que se encontraba todavía en un estadio imperfecto”[10]. Su Discurso de ingreso en la Real Academia de la Historia, del año 1883, se titula La historia considerada como obra artística, y en él adopta como punto de referencia la Estética de Hegel, a quien considera el Aristóteles moderno. Por eso Gerardo Bolano insiste: “La obra de Menéndez Pelayo no es la de un ideólogo tradicionalista o la de un propagandista católico, sino la del patriarca de los estudios históricos de nuestra cultura intelectual y literaria en la Restauración, que aportó la síntesis bibliográfica y cronológica básica de la que partió la investigación contemporánea en esos campos. El sentido de su obra fue el mejor fruto del amor a la propia tradición que puede latir en cualquier tendencia tradicionalista: la recuperación del propio patrimonio literario, humanístico y científico en un momento crítico de lamentable olvido”[11].

En resumidas cuentas, Menéndez es un amante de la tradición, de la tradición formalmente católica, aunque sostenida intelectualmente en un esquema hegeliano, que lleva confirmar que nuestro polígrafo ama la tradición pero no es tradicionalista. Lo cual encaja perfectamente con lo que expondremos posteriormente sobre sus posturas políticas que lo alejan de la definición de “antimoderno” que estamos manjando[12].

Javier Barraycoa

LA ANTIMODERNIDAD EN ESPAÑA (1)

LA ANTIMODERNIDAD EN ESPAÑA (3)

LA ANTIMODERNIDAD EN ESPAÑA (4): “El Deja vu de la restauración”

LA ANTIMODERNIDAD EN ESPAÑA (y5): la Unión Patriótica y la llegada de la República

NOTAS

[1] Germán GULLÓN, reseña a “Los antimodernos” de Antoine Campagnon, en https://www.elcultural.com/revista/letras/Los-antimodernos/20861

[2] Ibídem.

[3] Carl SCHMITT, Interpretación europea de Donoso Cortés, Madrid, Rialp, 1963.

[4] Juan DONOSO CORTÉS, Obras Completas, Madrid, BAC, 1946, II, p. 343.

[5] Para un ejemplo de la confusión de adjetivos aplicados a Donosos Cortés (antilibreral, tradicionalista, conservador, absolutista) cf. Luis GONZALO DÍEZ, El Ideario Político y la Evolución Ideológica de Donoso Cortés, Eikasia: Revista de filosofía, 45 (2012). Al final, el autor acaba reconociendo que Donoso es un pensador tradicionalista, pero el enjambre terminológico confunde contantemente los términos tradicionalista y conservador.

[6] Entre ambos tuvieron una extensa relación epistolar. En el último año de vida de Laverde, Menéndez y Pelayo le confesaba por carta que no hubiera realizado muchos de sus trabajos si no hubiera sido por su estímulo e influencia.

[7] Gumersindo LAVERDE, Carta prólogo a Marcelino Menéndez Pelayo en La ciencia española (Polémicas, proyectos y bibliografía), Madrid, Imp. A. Pérez Dubrull, 1876.

[8] Juicio semejante lo encontramos en Gerardo BOLADO, Menéndez Pelayo y las verdades de la tradición, Eikasia: revista de filosofía, 45 (2012): “El romanticismo alemán, para Menéndez Pelayo, es una escuela, una facción de escritores reaccionarios y neófitos católicos que se caracterizaban por el entusiasmo por la Edad Media y su poesía […] La habilidad del santanderino para la síntesis le hace extractar una lista que, con excepción del patriotismo teutónico, podría servir para caracterizar las literaturas románticas de muchos países, o, como diría el mismo Don Marcelino, las escuelas románticas de muchas literaturas”.

[9] Ramón E. MANDANO y Gernado BOLADO, La ciencia española. Estudios, Santander, Editorial Universidad de Cantabria, 2019, p. 119.

[10] Juicio semejante lo encontramos en Gerardo BOLADO, Menéndez Pelayo y las verdades de la tradición, Eikasia: Revista de filosofía, 45 (2012), p. 261.

[11] Ibídem.

[12] La influencia de Hegel en Menéndez y Pelayo no nos debe confundir. El racionalismo hegeliano es lo de menos, lo importante es atender como una estructura de la filosofía de la historia racionalista, en una mente católica, podía crear una filiación herderiana y romántica. No en vano, hemos insistido que el racionalismo y el romanticismo no son opuestos sino complementarios.

5 comentarios en “La Antimodernidad en España (2): la diferencia entre tradicionalistas y conservadores

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  2. Tengo curiosidad.
    ¿Consideraría conservadores tradicionalistas en vez de conservadores liberales al equipo de Renovación española?
    Calvo Sotelo, Goicoechea, Romualdo de Toledo (doble militancia en RE y en la Comunión).
    Gracias

    Me gusta

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