Publicado en Posmodernia
Encuentro anual del Club Bohemian Grove
– El Club Bohemian Grove (“Bosque Bohemio”). Cada año, a finales de julio, en California, esta especie de campamento reúne a 1500 de los hombres más poderosos del mundo, especialmente norteamericanos.
– La firma de inversiones de capital privado más importante del mundo: la Carlyle Group (conocida como “el club de los expresidentes”). A ella pertenecen, casi de derecho, los presidentes, expresidentes y ex altos cargos de Estados Unidos. Gracias a su influencia, maneja unos 58.000 millones de dólares en inversiones globales.
– Fathers and sons. En 2003, la revista Forbes publicaba el artículo “Secret Meeting Of Latin American Billionaires”[1], en referencia al club Fathers and sons, dirigido por Carlos Slim. Este foro reúne a los hombres más ricos e influyentes de Hispanoamérica, y en su seno se toman decisiones de altísimo nivel.
La globalización, por tanto, está suponiendo, más que una democratización, la configuración —o, mejor dicho, consolidación— de una élite mundial. Las élites no suponen algo ajeno a la naturaleza social: ya Wifredo Pareto formuló una rústica pero intuitiva ley, denominada “regla del 80-20”, según la cual el veinte por ciento de la población produce o controla el ochenta por ciento de la riqueza; la tendencia a configurarse minorías dirigentes es algo tan real como contradictorio respecto al propuesto igualitarismo democrático. En análisis recientes, como el de la Universidad de las Naciones Unidas (World Institute for Development Economics Research of the United Nations University, UNU-WIDER), realizado en 2006, se calcula que un 10% de la población posee un 85% de la riqueza, pero un 2% de esta élite acapara el 50% de la riqueza mundial… y, aproximadamente, un 1%, el 40%.
Uno de los argumentos más tontos, pero eficaces contra la democracia, es que no todo el mundo puede aspirar a presentarse a ocupar un alto cargo político si no tiene unos recursos altos. Por ejemplo, para presentarse como candidato a la presidencia de Estados Unidos, el candidato debe reunir (para ser mínimamente competitivo) una cantidad de 100 millones de dólares; por ello, cualquiera parte ya con deudas contraídas con todos sus benefactores, llegándose, a veces, hasta el paroxismo: el magnate estadounidense de los medios de comunicación, el israelí Haim Saban, ha contribuido en los últimos cinco años con más de 13 millones de dólares a las campañas de los dos dos partidos dominantes; evidentemente, ha infringido la ley de financiación de campañas, que sólo permite donativos personales por valor de 2300 dólares en las primarias, y la misma cantidad en las elecciones.
No sólo algunos políticos se erigen en élite social: el mundo financiero tiene su propia ley de oligarquización. En el mundo hay unas 1500 empresas que facturan, anualmente, más de 5.000 millones de dólares; las 250 compañías más poderosas del planeta facturan unos 15 billones de dólares, cantidad que representa un tercio del PIB mundial (unos 47 billones de dólares). Sólo el PIB anual de Estados Unidos y de Europa supone un poco más de 13 billones de dólares por cada uno. De estas 250, la facturación de las cinco primeras se sitúa en 1,5 billones —una cifra superior al PIB anual de todas las naciones, a excepción de los siete países más ricos del mundo—.
© Javier Barraycoa
NOTAS:
[1] “Maybe a cabal of billionaires really does secretly run the world after all. Beginning last night, some 30 of Latin America’s biggest businessmen–many with their sons or nephews in tow–convened in Mexico City for a three-day gabfest hosted by Carlos Slim Helú, Latin America’s richest man. Among the guest list are eight members of Forbes’ billionaires list and nine former members of the list, according to a preliminary program scheduled obtained by Forbes.com.” Kerry A. Dolan, 23 de mayo de 2003, en Forbes.com.
[2] Manuel Castells, Comunicación y poder, Alianza, Madrid, 2009, p. 290.
[3] Manuel Castells, o.c., p. 33.