Catalanismo, masonería y espiritismo: el trasfondo de un proceso revolucionario
La historia de la masonería en España, y más concretamente en Cataluña, es un fenómeno relativamente estudiado. La dificultad del estudio es que muchas de las fuentes son proporcionadas por la propia masonería y por lo tanto están edulcoradas. Otra dificultad la encontramos en las diferentes obediencias y un gran nombre de logias que pertenecen a la llamada masonería irregular (las logias no adscritas a las Grandes Logias internacionales). De hecho en España, la primera logia que se conoce fue fundada en 1727, en Madrid, por el inglés Duque de Wharton. Se la denominó «La Matritense» y estaba adscrita a la Gran Logia de Inglaterra. Esta como tantas otras que le sucedieron, tuvieron corta vida y fueron desmontadas por la Inquisición, siguiendo un Decreto de 1751, del rey Fernando VI, que prohibía esa institución.
Detalle masónico (la pirámide) en el ataúd de Prim
Desde la invasión francesa y la posterior Guerra de Independencia contra Napoleón (1808-1814) proliferaron en España los llamados “afrancesados” (partidarios de las ideas revolucionarias que representaba la Francia del momento). Por eso, entre los reflujos revolucionarios y contrarrevolucionarios que siguieron a la Guerra de la Independencia fueron apareciendo y desapareciendo multitud de logias[1]. Durante el llamado “sexenio democrático” (1868-1874), en el que los destinos de España los rigió un catalán, el General Prim que era masón, las logias volvieron a resurgir[2]. Pero Prim fue asesinado y ello acabó derivando en la proclamación de una caótica y efímera República. Ello permitió la restauración de la rama liberal de los Borbones.
Con la Restauración borbónica, que duraría hasta la llegada de la II República en 1931, la masonería se establece de forma regular en España y más especialmente en Cataluña.
La masonería y el catalanismo
Biblioteca Arús con forma de templo masónico y estatua de la libertad
En los orígenes del catalanismo encontramos la confluencia de dos corrientes ideológicas. Una el republicanismo federal que tuvo una fuerza original, pero que rápidamente dio paso a una hegemonía conservadora dentro del movimiento político. Quien representaba al movimiento republicano fue Valentí Almirall que pertenecía a la masonería. Almirall, para darnos cuenta de su vinculación con la masonería, fue heredero de un famoso masón Rosendo Arús, al que le dejó parte de su fortuna. Hoy Arús es conocido en Barcelona porque mandó construir una Biblioteca para trabajadores que, curiosamente, se enmarca en una representación de un templo masónico[7]. Pero la facción hegemónica del catalanismo estuvo dirigida por Prat de la Riba, que a su vez –en los orígenes del catalanismo político se tenía que apoyar en fuertes sectores católicos, profundamente antimasones que encabezaba el Obispo Torras y Bages. La influencia de este obispo fue tal que ha sido llamado el “Patriarca espiritual de Cataluña”. Este había llegado a asistir al famoso Congreso antimasónico de Trento, celebrado en 1896 y en muchas de sus pastorales, así como en una de las obras clave del catalanismo, La Tradición Catalana (escrita en 1892), denuncia a la masonería[8].
Homenaje a Francesc Layret tras su asesinato
Será con la caída de la monarquía borbónica y la llegada de la II República en España, cuando por fin podrá emerger la masonería en el ámbito del poder regional o autonómico. Todo ello acontecía en 1931, en unas elecciones municipales, que hicieron huir al rey Alfonso XIII. En Cataluña, el catalanismo conservador fue derrotado por un nuevo partido que levantaba la bandera del catalanismo de izquierdas, republicano y anticlerical: se trataba de Esquerra Republicana de Cataluña (ERC). Desde sus orígenes y en sus fundadores, la masonería había dejado su huella. Uno de precursores fue Francesc Layret, masón, defensor de obreristas, republicano y que murió asesinado por derechistas en 1920. Había fundado el Partido republicano Catalán que se adheriría luego a ERC. El Presidente del partido Estat Català, Francesc Macià, también era masón. Este partido se integraría como uno de los ejes fundamentales de ERC y Macià se convertiría en el primer presidente autonómico de Cataluña durante la II República. El segundo Presidente sería Lluís Companys, también masón y que durante muchos años había sido abogado de anarquistas. Como luego señalaremos, sabemos que practicaba habitualmente el espiritismo. La relación entre masones catalanes y los que tomaron el poder en la II República, posiblemente impidieron que Francesc Macià, aprovechando la debacle y caída de la monarquía y proclamara la independencia de Cataluña[9].
El espiritismo en Cataluña
Ningún acontecimiento histórico se puede explicar con unas cuantas causas, y en sí todo hecho histórico lo configuran un cúmulo de hechos y causalidades a veces muy difíciles de conectar. Si nos adentramos en el caso de la relación de la masonería con el espiritismo, el problema aún se hace más grande. Pero sin intentarlo, tampoco entenderíamos cómo la masonería llegó a influir (y todavía influye) tanto en la sociedad catalana. Sabemos que pasada la primera mitad del siglo XIX, algo estaba ocurriendo en Barcelona, pues ya se prodiga el espiritismo, formas de esoterismo, asociaciones, que acabarán convirtiendo a Barcelona en una de las capitales mundiales del espiritismo, el ocultismo o la masonería. Un síntoma de esta realidad es que el último auto de fe que se celebró en España, en 1861, fue en Barcelona, en el patio del baluarte de la Ciudadela donde se quemaron públicamente centenares de publicaciones espiritistas.
Por un lado, en 1886, Mn. Morgades, obispo de Vic (y catalanista), aprobó la reconstrucción del Monasterio de Ripoll. Era un monasterio milenario en una ciudad que se consideraba la “cuna” de Cataluña[11]. Durante las desamortizaciones del siglo XIX y las Guerras carlistas, el Monasterio había quedado en ruinas. El obispo Morgades hizo de la inauguración del Monasterio de Ripoll un acto casi político de catalanismo y catolicismo como dos realidades indisolublemente unidas. Fue a partir de aquí cuando se empezó a popularizar el uso de la bandera catalana, pero como signo del catalanismo conservador y católico. Por su parte los Republicanos federalistas, laicos y anti católicos, siempre rehusaron identificarse con esa bandera. Y sólo muy tardíamente la abrazarían como suyas.
Allan Kardec
Son muchos los personajes que aparecieron en Cataluña como promotores de este submundo espiritual. Pongamos algunos ejemplos: José Mª Fernández Colavida, que fue traductor de las obras de la Codificación Espiritista. Este personaje de joven había sido un combatiente de la Primera Guerra carlista, pero hubo de exiliarse a Francia. Allí, ya mayor, conoció el espiritismo. Fue el traductor del espiritismo en España y el traductor de los textos de Allan Kardec[13] al español. Fernández Colavila fue de todo: magnetizador y psicólogo, y conocido por sus trabajos de regresión de la memoria y por sus experiencias en telegrafía psíquica. Fundó en 1869 la Revista de Estudios Psíquicos y el Centro Barcelonés de Estudios Psicológicos. Fundador de la primera librería espiritista en la capital de Cataluña, de la Asociación de los Amigos de los Pobres, de la Sociedad Barcelonesa Propagadora del Espiritismo y el director del Grupo Espíritista La Paz. Como podemos comprobar, el espiritismo se envolvía de ideas de hermandad universal y por ello empezó a cuajar entre trabajadores anarquistas. Los méritos de este personaje le llevaron a presidir el I Congreso Internacional de Espiritismo.
Otro personaje, entre otros mucho que proliferaron en aquella época por Cataluña fue Miguel Vives y Vives. Fundó en Tarrasa (Barcelona) el Centro Espiritista “Fraternidad Humana”, en 1872. Fue también presidente del Centro Barcelonés de Estudios Psicológicos. fundador de la revista “Unión”, órgano que se incorporó a la revista espiritista por excelencia “La Luz del Porvenir”. Miguel Vives difundió las ideas reencarnacionistas. Escribió obras como “El Tesoro de los Espiritas” y al igual que el anterior, su militancia espiritista la combinó con acciones para “redimir” a los pobres y necesitados.
El vizconde Torres-Solanotla
El vizconde Torres-Solanotla, cuyo padre fuera ministro del masón con un General anticarlista: Espartero. Había nacido en Aragón, pero centró su acción en Cataluña. Fundó las primeras Escuelas Laicas en 1885. Tuvo como compañero a Fabian Palasí Martín, que dirigió en 1887 la primera escuela laica graduada en Sabadell (Barcelona). En Lérida, en 1873, D. José Amigó Pellicer fundó el Centro Espiritista llamado El Círculo Cristiano-Espiritista. La relación de centros y publicaciones espiritistas en Cataluña fue tan grande que provocó reacciones en el mundo católico. Por ejemplo, muy preocupado, en 1875, el sacerdote Niceto Alonso Perujo la revista El Sentido Común, con el significativo subtítulo de: Revista mensual dedicada a combatir el espiritismo.
Espiritismo, anarquismo y catalanismo
El espiritismo fue un fenómeno particular, porque aunó por un lado a gentes pertenecientes a altas clases sociales, y por otro a gentes de extracción social baja, predominantemente de proletarios, comerciantes y artesanos. Poco a poco, imperceptiblemente se irán creando relaciones entre masones (de clase alta), médiums (que podían provenir de clases bajas); anarquistas ateos (especialmente emocionados con la hipnosis) o humanistas filántropos que picoteaban de todo un poco.
Teresa Claramunt
Ya los carbonarios (una de las formas de la masonería más anticlericales) se acabaron integrando en la anarquista Internacional bakuniana. Frente al culto católico, muchos anarquistas no se quedaron aparcados en el ateísmo, sino que se volcaron en el espiritismo. Una de las primeras y más famosas anarquista, feminista y espiritista fue la catalana Teresa Claramunt. Nacida en 1862 en Sabadell, impulsó en 1892 la primera sociedad feminista española: la Sociedad Autónoma de Mujeres de Barcelona. Fue una revolucionaria nata, participando en la “Semana Trágica” de Barcelona donde el Gobierno tuvo que aplastar una sublevación anarquista en Barcelona (1909). El hecho se saldó con numerosos muertos e Iglesias quemadas por los anarquistas. Exiliada en Zaragoza promovió la sindicación en la Confederación Nacional de Trabajadores (CNT)[14].
Sus biografías actuales suelen ocultar su pasión por el ocultismo y el espiritismo. Será una de las colaboradoras de la más famosas de las espiritistas, Amalia Domingo, en el Círculo espiritista La buena vida, del barrio de Gracia de Barcelona (un barrio de tradición obrera y revolucionaria). A parte de su devoción espiritista fue activa colaboradora en numerosas publicaciones anarquistas y obreristas. Escribió para numerosas revistas y periódicos anarquistas de la época: La Alarma, Buena Semilla, El Combate, Cultura Libertaria, Fraternidad, Generación Consciente, El Porvenir del Obrero, El Productor, El Productor Literario, El Proletario, El Rebelde, La Tramontana, Tribuna Libre, etc.
Relaciones con el catalanismo: el ejemplo del “Himno nacional de Cataluña
Aunque la historia es compleja, y sería muy largo relatarla. El catalanismo que originalmente era conservador, católico y antimasón, fue convergiendo con el mundo de la izquierda revolucionaria. En parte porque el catalanismo político conservador quiso atraerse a elementos de izquierdas para hacerse más fuerte políticamente; en parte porque entre los líderes del catalanismo conservador ya existían muchos católicos liberales dispuestos a renegar de los principios a cambio de tacticismos políticos.
El “himno de Cataluña”, Els Segadors. tiene una historia rocambolesca. En 1640 estalló una revuelta en Cataluña llamada así, la Guerra dels Segadors que con el tiempo ha sido mitificada hasta convertirse en uno de los referentes del catalanismo actual (pues se interpreta como una revuelta contra el Rey de España). En el siglo XIX unos estudiosos, políticamente conservadores y en cierta medida catalanistas, rescataron la memoria de la revuelta de 1640 que había quedado hasta entonces prácticamente olvidada. Una de las cosas que recuperaron fue una canción del siglo XVII. Uno de ellos, Milà y Fontanals la rehizo, dándole un tono épico, tradicional y católico.
Unos años más tarde, aparecido ya el catalanismo político, un catalanista, Francesc Alió, añadió a modo de estribillo el verso “Bon cop de falç” (buen golpe de hoz). Este “Bon cop de falç” le daba a la canción un tono combativo del que carecía originalmente, porque evocaba a la guillotina de la Revolución francesa). Los catalanistas de izquierdas querían que este fuera el himno de Cataluña. Al principio los catalanistas más conservadores desconfiaron de un canto que fue identificado por algunos con La Marsellesa, un himno revolucionario. Pero finalmente muchos catalanistas conservadores aceptaron el canto de Els Segadors, al que –como ahora explicaremos- se cambió de nuevo radicalmente la letra.
Emili Guanyavents
Esta alteración se produjo en 1899. La letra tradicional contenía demasiadas concomitancias religiosas y tradicionales, que no podían satisfacer a los catalanistas de izquierdas. En 1899, la Unió Catalanista convocó un concurso para dotar al himno de una letra más corta, ya que el romance del siglo XVII contaba con sesenta versos. Tenía además como intención que la letra se adaptara a las reivindicaciones del catalanismo. Los catalanistas más conservadores se opusieron a este concurso pues defendían que si el ingenio del pueblo había elaborado esa canción, no se debía cambiar. Al concurso se presentaron varias letras, pero quedó desierto. Uno de los participantes fue Emili Guanyavents, todo un personaje curioso. A pesar de no haber ganado el concurso (las historiografías catalanistas afirman que lo ganó), los periódicos catalanistas más de izquierdas promocionaron su letra hasta imponerla como “Himno de Cataluña”.
¿Cuál era el interés por promocionar la letra de Guanyavents? Los motivos eran varios y contundentes. Por un lado su letra eliminaba toda referencia tradicional y religiosa. Por otro lado, Emili Guanyavents era un asistente habitual a la Asociación Internacional por la Paz en Barcelona donde se reunían masones, librepensadores, republicanos y espiritistas. Él, de hecho, era un entusiasta espiritista y anarquista. Por tanto, imponer la letra de este autor, era como afirmar que Cataluña debía ser configurada por los ideales revolucionarios y no la Cataluña católica y tradicional propuesta en Torras i Bages en La tradició catalana. Es significativo, aunque hoy nadie lo menciona, que personajes de referencia para el catalanismo, como Torras i Bages, Verdaguer o Frances Matheu (Patriarca de los Juegos Florales), se opusieron radicalmente a que este fuera el himno de Cataluña.
Pompeu Fabra
En la medida que los líderes catalanistas fueron cediendo en sus principios para mantener ciertas parcelas de poder, creyeron que cediendo a los catalanistas de izquierdas ciertos ámbitos culturales del catalanismo, se perpetuarían como movimiento político. Para ver la complejidad de estos procesos podemos señalar que el espiritista Guanyavents, acabó trabajando el la sección filológica del Instituto d´Estudis Catalans. Colaboró con el gran reformador y/o creador de la gramática catalana, Pompeu Fabra, que se usa hoy en día. Por cierto, una gramática que rompía con el catalán pluriforme y tradicional, para unificarlo en una lengua única. Pompeu Fabra, que no era filólogo sino Ingeniero Químico, era también masón, republicano y de izquierdas. Por aquella época, el Institut d´Estudis Catalans, era el primer gran órgano institucional del catalanismo para desarrollar su obra de hegemonía cultural.
Lluís Companys
Dependía de la Mancomunitat de Cataluña (una especie de gobierno pre-autonómico concedido por un gobierno conservador en Madrid), y ésta estaba presidida por el catalanista conservador Prat de la Riba. Siendo Prat de la Riba conservador y apoyado esencialmente por el voto católico, desplazó de la sección filológica a los grandes expertos (que eran casi todos sacerdotes) y se la entregó al masón Pompeu Fabra. Su intención era compartir ámbitos culturales y políticos con la izquierda. Pero ello implicó que al cabo de unas décadas, fuera la izquierda la que acabara monopolizando el catalanismo. Las contradicciones de esta política catalanista se evidenciaron cuando estalló la Guerra Civil española en 1936. ERC, liderada por Companys y en coalición con las fuerzas anarquistas iniciaron una profunda persecución religiosa que llevó a que en Cataluña se asesinaran unos 2.500 sacerdotes y religiosos. Y todo el catalanismo conservador tuvo que huir y muchos jóvenes catalanistas se pasaron al Ejército de Franco.
Estas contradicciones dentro del catalanismo, se han perpetuado hasta nuestros días y por eso lo convierten en un fenómeno tan difícil de analizar.
Javier Barraycoa
NOTAS:
[1] Los “afrancesados” más influyentes rondaban las logias del Gran Oriente de España. Esta obediencia masónica se debía al Gran Oriente Francés y fue fundada en 1760 por el Conde de Aranda (ministro del rey Carlos IV). Se calcula que en 1800 contaba con 400 logias repartidas por toda España.
[2] Durante el sexenio revolucionario el Gran Oriente de España se dio a conocer públicamente. El 1 de mayo de 1871 apareció el primer número del Boletín del Gran Oriente de España.
[3] La tradición masónica en Barcelona ya venía de muy lejos. En 1748 un militar español que se había iniciado en la ciudad francesa de Niza, fundó la primera logia. Esta fue denunciada a la Inquisición y desmantelada. En 1776 se reorganizó pero de nuevo fueron detenidos todos sus dirigentes. Sin embargo la masonería realmente influyente en Cataluña desde finales del siglo XIX hasta el final de la Guerra Civil en 1939, no es una continuación de estos primeros intentos.
[4] En la historia del republicanismo español siempre descubrimos una fuerte pugna entre los “federalistas”, partidarios de una España descentralizada en Estados federados entre sí, y los “unitaristas”, partidarios de un modelo centralista como la república francesa. Los que promovieron la I República fueron “federalistas” y eso conllevó a un proceso de desintegración nacional que obligó a los propios republicanos a dar un golpe de estado para que volviera la odiada dinastía borbónica.
[5] El acuerdo de fusión entre las dos logias consistía en que la obediencia catalana sólo podía otorgar los tres primeros grados, los llamados simbólicos. Y La Gran Logia de España concedería los restantes: del 4º al 33º. Evidentemente la lógica simbólica luchó por preservar su autonomía en Cataluña, la cual fue oficialmente reconocida en octubre de 1922, durante la Asamblea Nacional del Gran Oriente Español, en la que se aprobó una organización federalista para las logias simbólicas e independientes respecto al Supremo Consejo del Grado 33º.
[6] Incluso hoy en día la sede de la Gran Logia de España está fijada en Barcelona, Gran Vía de las Cortes Catalanas, 617.
[7] La biblioteca, o templo masónico, ha sido descrita así: U”na entrada independiente, amplia, suntuosa, con una escalinata de mármol de tres tramos, de siete, diez y diez escalones, iluminada por cuatro enormes candelabros de bronce y cristal tallado, le aseguró el acceso directo desde la calle. El zócalo es de mármoles de colores. Remata la escalera un peristilo de gusto clásico, con cuatro columnas jónicas a cada lado más las dos que flanquean la puerta de entrada, a cuyos pies mármoles de colores dibujan la palabra Salve dirigida a quien quiera que llegue. También una réplica de dos metros aproximadamente, de la estatua de “la Libertad iluminando al mundo” del masón Bartholdi”.
[8] En 1884 había sido promulgada la Encíclica Humanum Genus de León XIII, condenando la masonería.
[9] Algunos estudios señalan que en 1931 (año de la caída de la Monarquía) el número total de logias del Gran Oriente Español ascendía a 167. Entre los masones relacionados con la política habría, al llegar la república 17 ministros, 5 subsecretarios, 15 directores generales, 183 diputados, 5 embajadores, 9 generales de división y 12 generales de brigada. En total 246 altos cargos de la política y del ejército eran miembros de la masonería.
[10] También cuenta con web la Gran Logia Provincial de Cataluña, y así un sinfín de “logias”.
[11] El monasterio habría sido construido en el año 880, por orden del Conde Guifredo el Belloso, del que apenas sabemos nada y una falsa leyenda le atribuye el origen de la bandera catalana. E aquella época Cataluña no existía aún como entidad política y sólo existían un conjunto de condados fronterizos que dependían del reino carolingio.
[12] En el epistolario de Joan Sales, miembro de un pequeño Partit Comunista Català, con Màrius Torres, se puede leer, en carta del 13 de agosto de 1936, una curiosa anécdota. Relata unos encuentros en la casa de Companys en la Rambla Cataluña, antes de que llegara a ser Presidente de la Generalitat. Estos encuentros eran para asistir a sesiones espiritistas. A las sesiones acudían su primera mujer y su hija y, con cierto tono de humor, cuenta cómo se les apareció Francesc Layret (el abogado de los obreros), reconocible por su gordura y cojera.
[13] Allan Kardec fue el “codificador” del Espiritismo. Fue el que recogió y organizó el material que fundamentó la corriente espiritista del s. XIX. Se hallaba en esa difusa frontera entre la psicología, el ciencia y el espiritismo, el cual quería elevar a categoría de ciencia. En su escrito “¿Qué es el Espiritismo?”, afirmaba: “El Espiritismo es a la vez una ciencia de observación y una doctrina filosófica. Como ciencia práctica, consiste en las relaciones que pueden establecerse con los espíritus, como doctrina filosófica comprende todas las consecuencias morales que se desprenden de semejantes relaciones.”
[14] Este, posiblemente, fue el sindicato anarquista más grande y poderoso de toda Europa.